Anunciado fin del mundo

27 marzo 2020

Danza macabra medieval

El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos. (Antonio Gramsci)

  1. Periódicamente uno enfrenta las evidencias de un inminente fin del mundo que no parecen ser nada apresuradas. Mucho se perdió, uno acepta sin más datos que todo se perdió, por lo que se ve obligado a recoger sin demasiadas alharacas lo poco y maltrecho que queda, para dedicarse a rehacer (a reinventar) lo que hace falta. Otra alternativa: dejarse morir. Esa la desechas.
  2. Hay épocas en las que se tiene la impresión de que nada cambiará nunca y todo habrá de repetirse en un sinfín que seduce o desespera. En esos momentos, no se divisa ningún posible fin de lo existente. Uno apuesta sobre lo que cree seguro y pierde, uno construye castillos en el aire y los ve derrumbarse.
  3. De un día para el otro, todo cambia. Sin decidirte a analizar lo sucedido, lo consideras el desastre, porque deberás revisar tus preciosas rutinas, cuando te habías resignado al fin, que por esta vez se posterga. ¿No es la oportunidad que otros suplican y te quejas de verte obligado a disfrutar?
  4. Nada suele ser eterno. Nada hay que no se corrompa. Nada que no se desordene con pasmosa facilidad. ¿No es un consuelo pensar que el fin de cada uno repita la universal impermanencia de todo lo existente? Condenados se encuentran los intentos de que estos procesos se detengan o reviertan .
  5. En el paisaje de ruinas nucleares que dibujó Georg Grosz, quedan en pie figuras escuálidas que de algún modo no murieron y por idéntica sinrazón van a seguir viviendo, con la memoria indeleble de que la Muerte es, como en el Medioevo, la gran compañera y adversaria de todo lo que vive.

    Ingmar Bergman: El Séptimo Sello

  6. El caballero de El Séptimo Sello desafía a la Muerte a una partida de ajedrez. La Muerte gana, como era de prever y se lleva a todos consigo (menos a la sagrada familia de comediantes). El juego solo consigue darle otro día de vida a quienes se encuentran condenados. Otro final no cabe.
  7. Mueres tantas veces a lo largo de tu existencia y renaces tantas otras, que dejas de otorgarle demasiado peso al trámite. Así es tu vida y no por eso te distraes, porque cada muerte puede ser la definitiva y no deberías desaprovechar la preciosa oportunidad de haber vivido.
  8. Lo veías venir y a la vez le dabas la espalda. Lo anunciaban las películas de zombis, el auge de las drogas, los tatuajes que mancillan la piel de los jóvenes: querías morir y no creías en otro futuro que la muerte. Ahora la tienes ahí, obscena, victoriosa. No es una pesadilla, sino tu espejo.
  9. Reiteradamente anunciado, el fin del mundo se encuentra hoy al alcance de la mano, bastante más accesible de lo que pudo haber sido imaginado. A pesar de los aspavientos, nos estábamos preparando para recibirlo y entregarnos, menos aún para evitarlo.
  10. “No entres dócilmente en esa dulce noche” advierte el poema de Dylan Thomas. No te entregues antes de tiempo. No adelantes la rendición, porque la muerte ha vencido a todos y te vencerá a ti, pero te habrás resistido hasta el final y mientras dure esa lucha inútil, tu vida tendrá sentido.
  11. Cortejar a la muerte no es seducirla ni ponerla de tu lado. Uno se acostumbra tal vez a la presencia de la muerte, pero no por eso la elude. El plan de convertirse en su aliado tampoco sirve. Uno puede ser su vecino, su admirador, su abogado defensor y sin embargo continúa siendo su víctima.
  12. Inventamos el más allá para consolarnos de nuestra inevitable finitud. Algo debe consolarnos de lo que sabemos y tratamos de olvidar. Algo debe permitirnos desechar las evidencias del fracaso de la vida cuando me centro en mí, del triunfo de la vida cuando se mide desde una perspectiva más amplia.
  13. Aislado(a) te encuentras más seguro(a) pero a la vez más expuesto(a) a la no pequeña responsabilidad de enfrentar quién eres, qué esperas, cómo te involucras en el mundo que amenaza con derrumbarse. Antes de la crisis, podías ignorarlo alegremente. Ahora no.
  14. Me tocó la suerte de vivir, privilegio que a continuación me gané defendiendo con uñas y dientes todo aquello que me ataba a la vida. De haber pensado más en mi ombligo, probablemente hubiera disfrutado más, pero dañando a mucha gente, sin hallarle mucho sentido a la experiencia y durante menos tiempo del que estoy ocupando.
  15. Cuando has perdido casi todo lo que te ataba al mundo, poco te preocupa tu final. Ya lo veías. No querías apresurarlo, ni hacerlo más penoso, pero tampoco imaginabas que fuera posible eludirlo por demasiado tiempo. La coincidencia de mi fin con el FIN poco me dice. Tampoco me consuela.
  16. No he llegado a este mundo solo para disfrutarlo. Tampoco para llorar porque no es tal como un desubicado como yo esperaba. Voy descubriendo día tras día para qué estoy aquí, sin creer que mi existencia le importe mucho a nadie. Soy lo que soy, no demasiado, rara vez todo lo que puedo ser.
  17. Tal vez mañana digan: “Buenas noticias. El fin del mundo que tantas voces anunciaban, que se veía como algo inminente, por esta vez queda postergado. No es la primera vez que ocurre. Solo fue un ensayo del definitivo fin, pero no des por sentado que vas a participar en él. Bastó este simulacro aterrador para que al menos tú quedes fuera del juego”.

    Posadas: El Jarabe de Ultratumba

  18. En viejas imágenes de la muerte, ella ríe, libre de la carne que en los seres vivos ata a los placeres y el dolor. La muerte exhibe los dientes, pero su alegría es una mueca. Si baila o canta en los grabados de Posadas, celebra la postrera igualdad que se impone a privilegiados y desposeídos.
  19. Balance de situación. Con esto que tengo ahora (y no es lo que esperaba tener) debo seguir viviendo. Los amados proyectos que elaboré durante años poco importan. Los recuerdos que creí parte indisociable de mí, menos aún. Quedan todos ellos atrás, como el lastre que uno deja caer para elevarse.

El reto de la modernidad es vivir sin ilusiones y sin desilusionarse. (Antonio Gramsci)


Universo de Superhéroes

26 febrero 2020

Batman es, posiblemente, el superhéroe famoso más de derechas que tenemos hoy. Su poder es ser rico e impartir justicia. (…) Batman es la derecha y pertenece a un establishment que no tiene ninguna intención de cambiar el modelo del sistema, ni de crear una sociedad más justa. Lo único que quiere es trincar a los malos. (Julio Embid: Con capa y antifaz: La ideología de los superhéroes)

  1. Los superhéroes tienen que poseer obligatoriamente una identidad secreta. No pueden ser y parecer lo mismo. Necesitan algún ocultamiento para sentirse seguros y angustiados al mismo tiempo. Seguros de continuar hasta el final con su delirio de justicieros. Angustiados por no ignorar que a pesar de que no los interrumpan, lo suyo es un delirio.
  2. Los demagogos inician su lamentable carrera, presentándose ante los incautos como superhéroes justicieros.
  3. Bienaventurados los delirantes, porque hallaron el lugar y el momento en que la razón cayó en descrédito y en la vida social las emociones dejaron de ser controladas, para evitar que se acuse a quien lo intente de reprimir lo auténtico, lo idiosincrático, para volverse merecedor de los peores castigos!
  4. Tienen adversarios que de acuerdo a sus más amadas fantasías habrán de derrotar inevitablemente en el desenlace de cada episodio de sus aventuras. Saben también que esos adversarios habrán de regresar incólumes en el próximo episodio. Si no lo hicieran, ¿qué harían ellos? ¿Cómo justificarían ante el mundo su cuestionable existencia?
  5. No les importan las causas de la injusticia, que pueden reproducirla allí donde se den y dificultan su erradicación. Solo se concentran en hacer sin la menor preparación su show de Paladines de la Justicia, para que los aplaudan y se sometan a su capricho.
  6. Si no encuentran adversarios los inventan. De algún modo saben que el superhéroe a quien nadie presta ninguna atención, está frito. Queda como un imbécil con delirios de grandeza. Tal vez logra que le tangan lástima, pero nunca por mucho tiempo. Su pretensión de ser lo que no es, aburre.
  7. No hay villano que no establezca una secreta alianza con el superhéroe encargado de reprimirlo. Si uno de ellos faltara, el otro desaparecería.
  8. Saben que su show de heroísmo exhibicionista es ilegal y (más aún) no ignoran que es delirante. Quizás consigan los aplausos de unos cuantos admiradores que los alientan a dar más de lo mismo, pero en cualquier momentoles informarán quetambién hacen el ridículo.
  9. Ignoran las evidencias opuestas a su delirio. No quieren desviarse de su objetivo, que es sacarse las ganas de imponerse al mundo. Probablemente caigan antes de conseguirlo. O tal vez descubran que siguen iguales que siempre. Nada de eso importa. van a intentarlo ahora, aunque el mundo caiga.
  10. Imitan el comportamiento y los ideales de los superhéroes, como antes aceptaban las expectativas desmedidas de los cuentos de hadas. Siguiendo esos modelos, nunca van a obtener los resultados que promete la ficción, pero entretanto su vida sin sentido no parecen tan absurdas.
  11. Superhéroes encapuchados, ebrios de impunidad, desafiando al poder que dicen aborrecer y sin embargo imitan. Se han vuelto adictos a la adrenalina que generan en su cuerpo y alrededor de ellos, en los testigos que los temen o los admiran por igual. Sin ese estimulante que les evita ver la realidad se sienten vacíos.
  12. Las máscaras de los superhéroes desnudan aquello que aparentan cubrir. Revelan las fantasías de quienes se encapuchan. Nadie quiere pasar desapercibido. Si desafían al Mal es para que los miren.
  13. Para los superhéroes todo se invierte en un juego de la más pura dialéctica: las víctimas se convierten en provocadores, los daños inocultables que ellos causan en aportes dignos de encomio, el robo simple y llano en justicia retributiva. Solo así se definen ellos mismos como superhéroes, no como delirantes, autoconvocados para que los destruyan.
  14. No les importa caer. Descreen que puedan caer. Secretamente desean caer, justificando el vacío de sus vidas gracias al martirio.
  15. Hasta no hace mucho las expectativas planteadas por la sociedad tradicional se aprendían de la casuística falaz de los cuentos de hadas. Hoy las contradicciones de la modernidad se resuelven a través de los superhéroes. No se resuelven, dice la realidad, pero mientras tanto el consumo de estimulantes y anestesiantes no se detiene.
  16. Nunca faltaron los alucinados que se dedicaron a anunciar el próximo fin del mundo y se ofrecieron a llevar personalmente a cabo la tarea. Imposible decir si antes fueron más o menos que hoy. Lo evidente es que gracias al empleo de las redes sociales consiguen una audiencia que antes les costaba más tiempo alcanzar. Ahí está el peligro.
  17. Al pasar del comic al cine, los superhéroes ganaron en credibilidad para una audiencia adulta, sin haber perdido nada de su trivialidad inicial, entonces destinada a una audiencia infantil. Al pasar de los medios a la vida real, donde los alucinados fantasean con los improbables poderes que poseen, el equívoco pasa a ser una carga demasiado humillante para ellos y para quienes tienen la desgracia de andar cerca.
  18. Hacer justicia por mano propia es una tentación que el común de la gente deja de lado apenas la concibe, cuando recupera una mínima noción de realidad. Tales opciones no suelen ser aceptadas por nadie más que los amigos, y aún ellos prefieren no ser involucrados en ningún intento de ponerlas en práctica.
  19. No puede ser que se enmascaren. Dar la cara no es una frase hueca, sino la actitud de quienes se responsabilizan de sus actos y pueden reclamar credibilidad.
  20. Superhéroes, ebrios del anonimato que obtienen al reunirse con sus pares, todo ellos valientes, todos defensores del Bien (tal como ellos lo definan) porque antes de tomar ninguna iniciativa se aseguraron de volverse irresponsables.
  21. Los ves, superhéroes, convencidos de ubicarse éticamente por encima de los cobardes que se atienen a Ley, mientras ellos la deshacen, la tuercen, la ignoran, solo porque se atreven a intentarlo y sin embargo quedan impunes. Una élite del voluntarismo que no piensa renunciar a sus privilegios.
  22. Superhéroes que pujan por demostrar quién es el más punk de todos, aquel que debería ser temido y obedecido ciegamente por el resto, en un certamen que no promete ganadores. Solo parecen ser solitarios desorientados que buscan perderse aún más en compañía.
  23. Marginados hay que tratan de impedir cualquier actividad que los libere de la discriminación. No nacieron condenados a ser perdedores, pero durante el curso de sus vidas han hecho lo imposible para reservarse esa distinción que les otorga identidad y martirio. Se odian tanto como los odian sus opresores.
  24. Cuatro fórmulas simplistas tienen más éxito que el razonamiento sistemático o el sometimiento de las convicciones a la prueba y el error. Si los superhéroes son proclives a la acción, es porque no asumen los riesgos de pensar.
  25. Despierten, les dicen. Despierten para liberarse de una opresión inaceptable, contra la cual cabe resistirse. Despierten del todo, no a medias, no a otra fantasía de derrota y destrucción generalizadas. Despierten al compromiso de reconstruirse, después haber sido convencidos de su fracaso irreversible.
  26. Los ves exhibiéndose en sus poses fotogénicas, pronunciando sus discursos encendidos, para que los admiren y teman en igual medida, sin embargo incapaces de ver más allá de sus narices. ¿Quién aprovecha el desorden que ellos dejan para imponer el nuevo orden, que probablemente sigue siendo el mismo?
  27. Ser testigos de la resaca de los superhéroes no es una situación envidiable para nadie. Si bien ellos van a sufrir un desengaño inevitable cuando finalmente aterricen en la realidad que negaron, lo más probable es que en su rabia embistan contra cualquiera que haya presenciado lo que consideran su intolerable humillación.
  28. Cada cual tiene los héroes que se consigue como modelo de su propia vida. Prescindir de ellos no resulta fácil para nadie. Pueden ser músicos de rock, estrellas del fútbol, narcos o personajes de comics. Ninguno será gran cosa, pero es lo que hay.  ¿Acaso dejamos de lado a alguien menos tóxico, que se encuentre disponible?

Es propio de los débiles el abandonarse a las fantasías, el soñar con los ojos abiertos que los propios deseos son realidad, que todo se desarrolló según los deseos de uno. Por eso atribuyen a una parte la incapacidad, la estupidez, la barbarie, la cobardía, etc., y a la otra las dotes más altas del carácter y de la inteligencia: la lucha no puede ser dudosa, y ya parece que se tiene la victoria en la mano. Pero esa lucha es soñada y derrotada en sueños. (Antonio Gramsci: La tendencia a disminuir al adversario)

 


Desfile de modas

31 diciembre 2019

No puedo y no voy a cortar mi conciencia, para adaptarla a las modas de este año. (Lilian Hellman)

  1. Todo lo que está de moda, pasa de moda, se vuelve feo y pronto deja de usarse, de acuerdo a las demandas de la sociedad de consumo, que necesita reactivar el mercado y no duda en recurrir a lo que más temen los consumidores: desactualizarse, quedar expuestos a ser señalados (y castigados) en lugar de sumirse en el feliz anonimato de la muchedumbre.
  2. Se ha puesto de moda el inconformismo, que hasta ayer era mal visto. Había que ser un amargado(a) para no ver las bondades del sistema que nos conducía a la felicidad generalizada, que habrían de disfrutar los hijos de nuestros hijos, como premio a nuestro sacrificio. Si ese castillo de naipes se cae ¿aceptaremos otro no menos endeble?
  3. Hoy está de moda el inconformismo. Hasta ayer no se usaba demasiado. A partir de ahora, decretamos gracias al uso y abuso de la libertad de expresión que nos permiten las redes sociales, la vigencia irrestricta de la crítica denigratoria. La deseada confrontación física que terminará de una vez por todas con nuestros adversarios, se encuentra no muy lejos.
  4. Todo lo que pasó de moda puede volver a estarlo. Convendría ser prudente y no enrolarse en causas extremas, de las que no hay regreso, porque aquello que hasta hace un rato se condenaba puede pasar a ser encomiado y la memoria de tomas de posición tan vistosas como endebles, puede convertirse en un estorbo del que la gente sensata quiere librarse.
  5. Se ha puesto de moda imaginarnos como superhéroes que por decisión inconsulta y por mano propia hemos decidido imponer la Justicia que se nos ocurra a quienes en el calor del enfrentamiento designemos como supervillanos y obliguemos a morir, para que no reaparezcan en el próximo episodio del mundo real.
  6. Hay quienes prefieren no saber quiénes son, porque se presienten culpables de vaya a saber cuántas horribles faltas que nadie más que ellos ve. Cuando les urge estar a la moda, no es para que los admiren, sino para confundirse con miles de congéneres similares y evitar de ese modo cualquier posible responsabilidad.
  7. Se ha puesto de moda el espectáculo de la histeria, que hasta ayer mismo se reservaba para contadas ocasiones y el ámbito privado. Eso cambió, el descontrol es hoy aplaudido, solicitado y sobre todo erigido en momento de autenticidad, que a cualquiera con dos dedos de frente le está prohibido cuestionar.
  8. No se ha puesto de moda polarizar la discusión y a fuerza de gritos convertirla en monólogo. Esa es la tendencia eterna, que permite preservar la confusión y empantanarse sin esperanzas en lo mismo, en lo mismo, en lo mismo. ¿Quién dijo que los vociferantes dicen algo útil? Solo hacen el show y para convencer a otros, insisten hasta que se lo creen ellos primero.
  9. Se ha puesto de moda encapucharse como Batman o Spiderman, durante los recorridos por una ciudad corrupta, declaradamente para terminar con el abuso y el crimen, también para que se les admire como los amenazantes Paladines de la Justicia a los que más prudente es someterse que investigar su identidad.
  10. Hay quienes imponen la moda, cualquier moda, porque administran el poder que les conceden aquellos que están dispuestos a darle a su discurso una validez que no atribuyen a sus propias opiniones. Quítales ese poder y quedarán expuestos como los delirantes que pretenden arreglar el mundo con dos patadas en una plaza pública.
  11. Se ha puesto de moda la impaciencia. Siempre lo estuvo, pero antes se refería sin disimulo al consumo de estimulantes placenteros y hoy a las instituciones que norman a la sociedad. No hay tiempo para elaborar nada. Queremos hoy, todo, ya y no importa el precio que alguien deba pagar. ¿Seremos nosotros?
  12. Se ha puesto de moda el insulto, en la esperanza que desde el otro lado (la parte del insultado) llegará una respuesta similar, con la cual, en buena hora, el conflicto podrá escalar hacia el enfrentamiento que (le guste o no) habrá pasado a ser la exclusiva responsabilidad del insultado.
  13. Se ha puesto de moda la insolencia, que se emplea sin riesgo de obtener una respuesta que humille al ofensor. Insolentarse es desafiar a prudente distancia, calculando que el autocontrol del ofendido evitará pasar un mal rato, sin reducir la capacidad del ofensor de exhibirse para que todos lo admiren.
  14. Desaparecer es el mandato supremo de la moda. Desaparecer actualizado, que volverá imposible identificarte entre todos aquellos que se desviven por estar a la moda, situación que te eximirá de cualquier responsabilidad personal. Eres todos ellos y al mismo tiempo eres nadie. ¿Hay algo más próximo a lo que consideras libertad?
  15. Se ha puesto de moda creer que la Historia vigila nuestras declaraciones para preservarlas en el bronce y aparta la mirada para no enterarse de torpezas dignas de los Tres Chiflados. Somos los involucrados en esto y aquello, patéticos aspirantes a héroes, que deben comerse la burla de sus ilusiones perdidas.
  16. Uno quiere ser aceptado casi todo el tiempo y está dispuesto a entregar su individualidad para conseguirlo. Necesita asegurarse de que no será agredido por el error de manifestarse distinto. Uno quiere ser parte del rebaño, del cardumen, de la horda. Quiere estar a la moda y desaparecer ante los depredadores.
  17. Se ha puesto de moda agredir al adversario, porque es más cómodo que argumentar pacientemente para convencer a quien piensa lo contrario. Un par de puñetazos cuesta menos que demostrar un punto de vista y si uno toma la precaución de hacerlo en compañía, corre con la ventaja de ser aplaudido.
  18. No pretende estar a la moda, ni tampoco se plantea imponerla. Sigue su camino y comprueba que algunas veces coincide y otras veces no, con la mayoría sometida al discurso de los expertos en mercadotecnia. A la larga molesta que le dé lo mismo, algo que a tantos quita el sueño. Devalúa lo que tantos consideran tan valioso. Cuestiona la fe que sostiene el temible estado de las cosas.
  19. Se ha puesto de moda la defensa de derechos que durante generaciones ignoramos. El justificado enojo que hoy nos lleva a reclamar, deja en silencio la pregunta: ¿Por qué toleramos tanto tiempo su violación? Mientras no hallemos respuesta, convendría dudar de nuestra capacidad para evaluar la realidad.
  20. Se ha puesto de moda estar contra toda autoridad y sobran las razones que nos justifican. Mientras descabezamos uno tras otro a los líderes ineficaces o corruptos, convendría pensar: ¿Quiénes los reemplazarán? ¿Cómo evitaremos que mañana reaparezcan en otras figuras las mismas fallas que hoy nos indignan?
  21. Se ha puesto de moda la solidaridad condicionada: estamos con unos, en realidad porque estamos contra otros. Las alianzas que establecimos se encuentran amenazadas por la evidencia de que otros asuntos no menos defendibles fueron silenciados, pero antes o después habrán de reaparecer para dividirnos.

La moda muere joven. (Jean Cocteau)

Después de todo, ¿qué es la moda? Desde el punto de vista artístico, una forma de fealdad tan intolerable que nos vemos obligados a cambiarla cada seis meses. (Oscar Wilde)


Halloween (II): Fiesta de máscaras

2 diciembre 2019

Meryl Streep

La máscara expresa la alegría de las sucesiones y reencarnaciones, la alegre relatividad y la negación de la identidad y del sentido único, la negación de la estúpida auto-identificación y coincidencia consigo mismo: la máscara es una expresión de las transferencias, de la metamorfosis, de la violación de las fronteras naturales, de la ridiculización, de los sobrenombres; la máscara encarna el principio del juego de la vida, establece una relación entre la realidad y la imagen individual, elementos característicos de los ritos y espectáculos más antiguos. (Mijail Bajtin: La Cultura Popular en la Edad Media y el Renacimiento)

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Halloween (I): Promesas del gran cambio

8 noviembre 2019

El Carnaval aproxima, reúne, caza, amalgama lo sagrado y lo profano, lo alto y lo bajo, lo sublime y lo insignificante, la sabiduría y la tontería. (Mijail Bajtin: Carnaval y Literatura)

James Ensor: Autorretrato con máscaras

  • Sabiduría del Carnaval. Durante unos pocos días y en forma festiva, se ignoran las leyes y todas las barreras al deseo se derriban. Después, la ceniza marca el tiempo del duelo por uno mismo, por el exceso que asumió el control durante la ordalía, sabiendo que también eso habrá de pasar.
  • El Carnaval no deja finalmente nada a nadie, dice la gente solemne y se equivoca. Deja pasar la oportunidad de hacer los cambios tan sentidos, que hubieran podido encararse en ese momento, y en medio del ruido son abandonados. Posterga para no se sabe cuándo la próxima crisis, que en el mejor de los casos otros habrán de encarar.
  • Nunca te sientes solo cuando te sumas a la comparsa. Esperas que te aplaudan, sin importar lo que hiciste o dejaste de hacer. Te despreocupas de las consecuencias. Te has vuelto invencible al incorporarte a un grupo. Eres al mismo tiempo tan imposible de ignorar como invisible.
  • Salirse de uno mismo suele ser vivido por muchos como un instante de suprema libertad. ¿Puede prolongarse? Vivir fuera de sí es un desafío condenado al fracaso. Tarde o temprano la rutina se impone al desenfreno. Si alguien no quiere instalarla por su cuenta, los demás lo obligan.
  • Alegre parece en ocasiones la destrucción, porque la construcción suele ser siempre más penosa. Tentador puede ser el desenfreno, porque muchos deciden diluir sus responsabilidades personales, cuando pasa de moda el raciocinio.
  • Si uno participa en la ruptura del orden establecido que plantea el Carnaval ¿quién es uno después de pasado el entusiasmo? Alguien que preferiría olvidar el momento en que se abandonó a impulsos habitualmente controlados, para no quedar atrapado en esa imagen que algunos aplauden y sin embargo cuesta justificar.
  • Uno quiere olvidar ciertas actuaciones de sí mismo que prosperaron al calor del entusiasmo, porque reconocerse en ellas, implicaría confesar que uno ha sido en algún momento y a pesar de las represiones habituales, aquello que en otros suele rechazar.
  • ¿Cómo dejar de lado los malos pasos que se dieron sin pensar en las consecuencias, las debilidades que pudieron ser evitadas, las traiciones que se acumularon, el descontrol que se celebró en compañía? ¿Cómo negar aquello tan penoso que tal vez otros ignoren y sin embargo uno recuerda?
  • Hay futuras víctimas que pueden ser hoy alegres victimarios. Ojala olviden su exaltación actual, para no quedar fascinados por la memoria de lo que pudieron haber evitado.
  • Si uno justifica el despojo, ¿quién es uno? Alguien que se ofrece para ser víctima de un próximo despojo, en una espiral de violencia que tal vez no sea eterna, pero mientras tanto arrastrará a unos cuantos.
      James Ensor: Banquete del hambre
  • Después de quebrarse los pactos de convivencia, ¿cómo volverse a mirar sin temor las caras? Te veo (me ves) en adelante sin demasiadas opciones, como posible enemigo o posible cómplice.

¡Qué natural es destruir lo que no podemos poseer, negar lo que no entendemos e insultar lo que envidiamos! (Honoré de Balzac)

  • La Revolución, como el Saturno de la mitología, devora a sus hijos, para producir finalmente despotismo, con las inevitables calamidades que lo acompañan. Lo dijo Pierre Victurnien Vergniaud, revolucionario y  víctima de la Revolución Francesa.
  • Hacer la Revolución no es ofrecer un banquete, escribió Mao Zedung, que algo sabía del tema. Los protagonistas no tardan en descubrir de un día para el otro, que les reservaron un lugar porque son el plato principal que otros devoran.
  • Me entrego a impulsos que siempre estuvieron en mí; los mismos que gracias al temor a la represión social habían permanecido bajo control. Veo cómo me libero de tomar decisiones complejas pensando en sus consecuencias. De acuerdo a las evidencias, estoy perdido.

Cuando algo es urgente, ya es demasiado tarde. (Charles Maurice de Talleyrand)

  • Hubo un momento en que el zombi prueba por primera vez el sabor de la carne humana. Si le gusta y su apetito continúa, ha comenzado a comportarse como un monstruo y solo puede esperar que lo traten como tal. Asusta y por eso van a destruirlo.
  • Hay una solidaridad en lo mejor de cada uno, donde ya no importa quién es uno, quién es otro, cuando somos nosotros. Suele durar muy poco, pero vale la pena recordarla, porque hasta su brevedad alegra la grisalla del egoísmo.
  • Hay una solidaridad en lo peor de cada uno, que se impone fácilmente en una crisis. Cuando la represión queda en suspenso o quizás vuelva a imponerse y poco importa que uno intente detenerla, ¿por qué no violar todas las normas, si al hacerlo en compañía deja de parecer un error?
  • Dar por olvidadas las infracciones acumuladas durante la fiesta, no es aceptarlas. Es el precio para intentar algún futuro, aunque sea éste de las heridas que no siempre se han cerrado y quedan a la vista de todos, incluso de quienes no tienen idea de cómo llegaron a producirse.
  • Probablemente no es disfraz, sino implacable desnudez, lo que se revela en Halloween. La máscara destapa aquello que simula encubrir. Allí están las fantasías más oscuras. Allí está lo que uno opina sobre sí mismo. Rara vez agradable. Tal vez trivial, también horrible.

    James Ensor: Entrada de Cristo en Bruselas

  • Resaca de Halloween: las máscaras han caído y ahora podemos vernos tal como somos: bastante más feos y desprotegidos que durante el frenesí de la fiesta. Más de uno cierra los ojos para evitar enterarse.
  • Basura de Halloween: tanto la insubordinación que asustaba a algunos, como el mensaje de las burlas que otros descifraban con dificultad, fragmentados, en desorden, fallidos en su mayoría, ya no expresan nada.

Irrupción de la vida festiva a través de la cual ocurre una fuga o escape del orden vigente, para inaugurar algo así como una segunda existencia, que contradice desde luego la congruencia identitaria instituida por las relaciones sociales y por la reiteración del régimen discursivo en el que se habita. (Raúl Ernesto García Rodríguez: La carnavalización del mundo como crítica: risa, acción, política y subjetividad en la vida social y en el hablar)


Espejos retrovisores

13 enero 2019

René Magritte

No me miro para ver si estoy bien o mal, sino solamente para saber si soy. Si sigo ahí. No sea que haya otra persona metida dentro de mi piel. (Guillermo Cabrera Infante)

  1. Verse tal como uno es, no siempre resulta posible. Quizás yo sea ese, que me enfrenta (y me acusa) pero no dudo en apartar la vista de lo que acabo de descubrir. Hay más de un motivo para ignorarse total o parcialmente. ¿Acaso alguien disfruta o se resigna a la imagen que le devuelve el espejo?
  2. Uno busca la luz más favorable, intenta maquillar las imperfecciones, viste las ropas que ocultan sus defectos, adopta las actitudes que ensayó pacientemente, en atención a lo que otros esperan, con el objeto de controlar el pánico a ser visto tal como uno es.
  3. ¡Ah, si hubieras tomado la decisión que no tomaste, porque no te fue posible imaginarla, porque la consideraste inadecuada o porque no te atreviste! El fantasma de lo no sucedido te alcanza en un momento u otro. Si no lo rechazas, te hunde en un festín de reproches. Detenlo o vas a perderte.
  4. Me descubro diciéndome: “Inténtalo”. En ese momento no sé muy bien de qué seré capaz a continuación. Me asomo a las que deben ser mis posibilidades (también mis limitaciones) con la curiosidad de quien se encuentra fuera, sin expectativas ni penas, y no está en condiciones de apostar sobre lo que vendrá, porque lo ignora.
  5. Al envejecer se me ha vuelto un hábito hablar conmigo mismo, interrogarme para entender qué estoy haciendo, para alentarme a buscar una salida cuando desespero. Esa voz interna, que sin duda soy yo, tiene difíciles relaciones con este cuerpo cansado que también soy yo. Nunca terminan de ponerse de acuerdo. La voz continúa siendo joven. El cuerpo no está a su altura.
  6. Mientras avanzo, también contemplo lo que voy dejando atrás. No le dedico toda mi atención, compruebo, pero tampoco lo descuido, porque lo que se acerca desde allí no suele ser demasiado amable nunca y puede impedirme llegar más lejos.
  7. No siempre avanzas. También huyes y abandonas un territorio que hubieras podido retener, buscando las mejores excusas para justificar tu capacidad para evitar enfrentamientos que hubieras podido vencer (¿a qué precio?).
  8. No es que el pasado vuelva cuando menos se lo espera. Siempre estuvo allí, en el fondo de la cabeza, disponible aunque también desactualizado, y no es que uno caiga en su trampa: uno lo busca, lo reclama, lo despierta de su siesta, para que se cobre viejas deudas, cuando con mayor cautela hubiera podido dejarlas impagas.
  9. ¿Cuántas veces ha creído que avanzaba, a pesar de que estaba dando vueltas en redondo, como el perro que persigue su propia cola? No la alcanza, en el mejor de los casos, pero mientras tanto tiene un motivo para moverse. Cuando la alcanza, ¿de qué le sirve la lección? Nadie quiere confirmar que fue o al menos se comportó como un idiota.
  10. Probablemente no eres ni un malvado ni un superhéroe. La perspectiva del comic no es la más adecuada para administrar la vida de nadie. Reclama para ti una visión más compleja, la de alguien enredado en contradicciones que no siempre encaras cuando se debía, ni estás en condiciones de resolver.
  11. Uno viaja, no siempre por diversión, sino como si huyera de lo que considera inaceptable. Moviéndose de un punto al otro, alimenta la esperanza de llegar a otros mundos y escapar del suyo, el inicial, que sin embargo reproduce en cada lugar en el que se detiene.
  12. Uno se atrinchera en un sitio, poco importa si cómo o mezquino, lo defiende con uñas y dientes de posibles invasores, podría llegar a matar por él, no por seguridad ni tampoco porque lo disfrute, sino para evitarse la conquista de otro o aceptar la incorporación de alguien más, cuando se creía dueño de algo que nadie se atrevería a invadir nunca.

Salvador Dalí

No hay hombre ni mujer que no se haya mirado en el espejo y no se haya sorprendido consigo mismo. (Clarice Lispector)

13. Cuando no te queda mucho tiempo de vida, el futuro deja de preocupar. Los grandes proyectos quedaron atrás, no por haberlos realizado, sino porque no logras reunir las fuerzas para emprenderlos, y en el fondo ya no te importan demasiado. Es el ojo de la tempestad, tan calmo porque lo rodea el desastre.

14. A esta altura de mi vida, sé que viví demasiado, aunque al mismo tiempo nunca fuera suficiente, porque a pesar de mis ostensibles limitaciones actuales, en lugar de ver el final como un alivio a tantos padecimientos, no me resigno a desaparecer.

15. Nunca viviré lo suficiente, me digo, aunque viva cien años. Tengo la insatisfacción conmigo, desde que atisbé en otros (que admiro) lo que significaba ser eterno.

16. Sí, reconozco que esperé de mí demasiado y evalué erróneamente los obstáculos que encontraría en el camino, pero en algún momento comprendí que estaba destinado a defraudarme y no sin pena, pero en silencio lo acepté. Me siento más orgulloso de haber alcanzado lo segundo, que de lo primero.

17. No trato de olvidar nada que contradiga la imagen que por simple afán de supervivencia armo de mí. En momentos de crisis he tomado decisiones rápidas, que apostaban a prescindir de las emociones y no pocas veces estuvieron equivocadas.

18. Hubo en mi vida tantos proyectos abortados, que no puedo verme como un Hacedor menor y fallido, sino como un loco enamorado de todo aquello que de acuerdo a las evidencias estaba destinado a no ser.

19. Un día de esos le llegará la muerte, se dice el doctor Fausto, a pesar de que nunca estuvo del todo vivo. Una sed imposible lo corroe. Vendería su alma eterna con tal de disfrutar al menos un día.

20. Hay una tregua, un engañoso instante de calma, cuando te resignas a lo que vendrá, porque lo has visto aproximarse, no ves cómo eludirlo, y mientras tanto te dedicas a lo de siempre, tratas de distraerte, haces como si nunca te hubieras enterado.

¿Le parece posible que se viva delante de un espejo que, a lo más, no satisfecho con devolvernos la imagen de nuestra misma expresión, nos la devuelta como una mueca irreconocible de nosotros? (Luigi Pirandello)


De duelos y resiliencia

7 octubre 2018

El coraje es resistencia al miedo, control del miedo, no ausencia de miedo. (Mark Twain)

  1. Cada nuevo día es otro episodio en la lucha contra el caos, que regresa desde los olvidos y errores de cálculo, desde los descuidos y desconciertos que te humillan, para disputar el control de tus decisiones y demostrar (por si hiciera falta) que nada te pertenecerá nunca del todo y nada se encuentra definitivamente establecido.
  2. Perder a quien se ama es doloroso. Perderlo de a poco, un día esto, otro día aquello, sin hallar el menor resquicio para revertir el proceso, es todavía peor, porque al cabo de un tiempo uno termina resignándose a lo que todavía no sucedió y deja de oponerse a la separación.
  3. Derrumbarse, perder todo control, hundirse en el caos como si fuera un baño tibio del que no se saldrá nunca. Reiterada invitación a que te sumes al coro de los muertos en vida.
  4. Ponerse de pie. Tomar la decisión de mantenerse en actividad útil, a pesar de la convicción de haber dado todo lo que se podía y estar agotado. No es nada nuevo, pero antes no importaba demasiado, mientras hoy requiere una voluntad sacada de no se sabe dónde para superarlo.
  5. Esto que considero mi vida, ¿cómo ha llegado a parecérmelo? ¿Qué afortunado azar alimentó la ilusión de control que me permite seguir experimentándola? ¿Cómo se calma el temor persistente a ser aplastado por el caos?
  6. ¿Qué esperas? Decidiste no esperar nunca lo mejor, ni siquiera cuando te lo prometen (sobre todo, cuando te lo prometen) para no ceder tu oportunidad de decidir lo que te importa y lo que no. Cuando te equivoques, serás tú quien lo hizo.
  7. Un pequeño caos, se burlaba Rainer Werner Fassbinder. No hace falta que sea demasiado grande. Basta uno pequeño en la economía del cosmos, para que al menos yo me hunda en su vorágine. Caos que me trajo al mundo y fue alimentándome, que me aguarda para disolverme en la muerte.
  8. Lo has visto más de una vez. Alguien se entrega a lo peor que puede pasarle, no hace el menor intento de salir a flote, se hunde en la basura que produjo o le tocó en suerte, en la confianza de que nada ni nade habrá de rescatarlo. ¡Qué alivio insospechado, la miseria!

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Bienvenidas las desilusiones (I)

19 mayo 2018
  1. Bienvenida la esperanza, por estúpida que le parezca al resto del mundo, porque antes del inevitable desencanto, que no tarda en ponerle fin, otorga un breve atisbo de sentido a la vida. ¿Importa dejarse engañar más de una vez, declararse siempre disponible a ser engañado, aunque solo sea por un rato?

    Jan Svankmajer: Alice

  2. Bienvenida la discordia, que impedirá el olvido de los objetivos mezquinos. Mientras ella reine, nos enfrentaremos unos a otros, buscando sacar ventajas mutuas y demorar los acuerdos, que sensatamente deberíamos haber aceptado desde el primer momento.
  3. Bienvenida la desilusión, porque a pesar del dolor que causa, también nos alimenta con la evidencia de que probablemente no vamos a permanecer engañados todo el tiempo. Despertar no es lo peor que puede sucedernos, aunque la realidad no siempre resulte demasiado agradable.
  4. Bienvenido el silencio que nos deja a solas con fantasmas y proyectos, sin otros intermediarios que el tiempo y la resignación para dejar que se desvanezcan o concreten. Nada nos distrae. Solo nos queda por enfrentar la evidencia de nuestros límites.
  5. Nada humano debería serme del todo ajeno. ¿Quién soy yo, que pueda reclamar excepciones? ¿Por qué rechazo en otros, lo que sin pudor acepto en mí? La grandeza y la miseria me habitan por igual, pero no las reconozco ni las acepto con frecuencia. Debo estar atento, porque apenas he comenzado a descubrirme.
  6. Bienvenidas las patrañas de todo tipo que aceptaste a lo largo de tu vida, conviene recordar (para tu autoestima) que nunca por demasiado tiempo ninguna, y te demostraron que con bastante esfuerzo de tu parte podías librarte de ellas (quién sabe qué sucederá con la próxima).
  7. Bienvenida la ignorancia, que en tantas ocasiones se impone durante la búsqueda del conocimiento, y a la vez promete ser derrotada por aquel que se esfuerce en hallarlo. Podrá interferir, pero será vencida.

    Raquel Forner: Éxodo

  8. Bienvenida la verdad, que no es demasiado frecuente en este mundo y ni siquiera permite creer que uno se ha convertido en su dueño definitivo; la verdad se alcanza tras no poco esfuerzo y a continuación nos elude, se escurre, obligándonos a buscarla de nuevo.
  9. Bienvenida la orfandad, que te obliga a decidir si vas a dejarte morir ante la sorpresa del primer obstáculo que se te cruza en el camino, o si te las compondrás para superarlo de algún modo, aunque todavía no sepas cómo.
  10. Bienvenida la traición, porque me recuerda que no debo confiar demasiado en las primeras impresiones, demasiado favorables, comenzando por mí, que no termino de conocerme y no quisiera sorprenderme un día de estos, justificando aquello que en rigor carece de justificación.
  11. Bienvenida la oscuridad, que me obliga a suspender cualquier intento de abarcar el mundo con una sola mirada. No es posible. Todo resulta siempre más complejo (o tal vez más simple) de lo que alcancé a concebir. Debo seguir buscando el sentido, sin obtener suficiente certeza.
  12. Bienvenida la luz, siempre que no te ciegue, porque te evita andar a tientas y te obliga a recordar que te deja expuesto ante el juicio de los demás, tal como ellos se encuentran expuestos a los tuyos.
  13. Bienvenida la embriaguez que no sueles concederte con demasiada frecuencia, porque no la experimentas como un escape efectivo, sino como una alternativa inútil, que te devuelve al punto de donde partiste, pero sin fuerzas. Aunque solo sea por eso, prefieres postergarla.

    Pablo Picasso: La Alegría de Vivir

  14. Bienvenido aquello que habitualmente rechazabas, porque te obliga a revisar tus fronteras habituales, tal vez para ampliarlas, quizás para borrarlas definitivamente. ¿Qué podías perder en el proceso? No mucho más que una retractación. Eso no cuesta nada.
  15. Bienvenida la lucidez que soy capaz de tolerar, siempre que me convenza de la necesidad de no ceder a la tentación de echarme a dormir con lo que di por aprendido. Hay que afrontar el riesgo de continuar pensando y continuar equivocándose.
  16. Bienvenido el deseo, que pudo haberte sometido a su mandato, aunque luego se desvaneciera, dejándote humillado y satisfecho a la vez, cuando te ofrece la posibilidad de lamentar su poquedad, tras haber ocupado la totalidad del mundo que percibías.
  17. Bienvenida la humillación, porque me obligará a decidir si estoy dispuesto a tolerarla (esperando que se repita como un castigo que en el fondo merezco) o si aprenderé a evitar las circunstancias que la hicieron posible (porque nadie tiene el derecho de someterme a ese maltrato).
  18. Bienvenido el asco, porque no hace falta pensar mucho para reconocerlo, porque señala una frontera. En esa dirección, te advierte, es imposible avanzar o detenerse. Hay que retroceder, ya retrocediste antes de decidirlo. Eso evita males mayores.

    James Ensor: Esqueletos peleando

  19. Bienvenida la resignación que finalmente se impone ante las grandes pérdidas, porque te obliga a pisar terreno firme y tomar las decisiones inevitables que cualquier otro en tu lugar tomaría, siempre que no sean prematuras, ni opuestas a la opinión de la mayoría.
  20. Bienvenidos los adversarios, incluyendo los encubiertos, porque te hacen saber quién eres efectivamente, de qué lado te encuentras, la cuestionable coherencia de tus proyectos y la discutible justicia de tus convicciones. Gracias a ellos eres quien aprecias ser.
  21. No acepto que me uses, ni siquiera después de convencerme de que (por simple descuido, por estupidez) yo acepte ser usado. Respétame y seré tu aliado. Al usarme, te advierto que me obligarás a convertirme en tu enemigo.

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Despertares y resacas

24 marzo 2018

Albert Camus

Al principio de las catástrofes y cuando han terminado, se hace siempre algo de retórica. En el primer caso, aún no se ha perdido la costumbre; en el segundo, se la ha recuperado. Es en el mismo momento de la desgracia cuando uno se acostumbra a la verdad. (Albert Camus)

  1. La gente prefiere imaginarse víctima de designios superiores o al menos inexplicables, que por algún motivo indescifrable conspiran para lograr su desgracia, antes que confesar la simple incapacidad para controlar las pequeñeces de la vida cotidiana.
  2. Un amigo me dijo: “Tengo una reiterada capacidad para organizar fracasos”. No era después de todo un amigo: no había aprendido a perdonar las evidencias de no estar a la altura sus propios sueños. En tal caso, ¿cómo podría perdonárselo a otros?

    Joseph Conrad

  3. Conrad contó en Lord Jim la farsa y la tragedia de aquellos que deciden exhibirse como héroes de una epopeya que los hechos desmienten y solo existe en su imaginación. Son temibles en su delirio, que termina por devorarlos.
  4. He visto muy claros los caminos que en buena hora no estuve dispuesto a emprender. Sin embargo, me comprometí en decisiones que no sabía hacia dónde habrían de conducirme. ¿Para qué evaluar si estuve equivocado? Lo estuve, pero de haber optado por la dirección opuesta, ¿en qué hubiera acertado?
  5. Al envejecer, uno tiene la oportunidad de ir perdiendo el ego, al mismo tiempo que la lozanía de su cuerpo. Si cada vez descubre menos oportunidades para creerse omnipotente, ¿por qué enojarse por la certeza, en lugar de disfrutar que puede ser menos tonto?
  6. No deja de consolarnos, paradojalmente, cuando nos vemos víctimas de circunstancias insondables, que nos conducen hacia la perdición. Por fin estaríamos incluidos en algo realmente grande, imposible de desafiar, que nos convierte en héroes, aunque todo no pase de ser una simple casualidad.

    Voltaire

  7. No ha sido lo que pudo ser. ¿Acaso pudo sucederle lo contrario? No es cosa de resignarse al mejor de los mundo posibles, como aprendió el Cándido de Voltaire. Hay que afrontar las evidencias de la torpeza, la ignorancia y las frustraciones para continuar viviendo.
  8. En la idea de mala suerte implacable, hay después de todo el privilegio de ser víctima inocente de la adversidad, una circunstancia que no considera la simple torpeza, ni menos aún la falta de criterio de quien la sufre.
  9. Héroes de hazañas todavía no intentadas, los jóvenes deslumbran y a la vez aterran por la magnitud del impulso que los anima y el abismo que los aguarda. ¿Cómo reaccionarán cuando descubran la barrera que se interpone entre ellos y sus sueños?
  10. Nadie tiene derecho a decirle a un soñador que está equivocado, porque tal vez no lo esté. Nadie tiene derecho a informarle que su proyecto es imposible, porque tal vez consiga aquello que sus experimentados evaluadores no se atreven a imaginar.
  11. Sísifo es el prototipo del héroe moderno, según Albert Camus. Disfruta un dolor sin sentido y a la vez eterno. Le ha sido negada cualquier negociación, cualquier esperanza de un punto final a su condena. Él lo sabe desde siempre. Ni siquiera puede malinterpretar su situación, que lo vuelve admirable y absurdo.
  12. ¿Cuál es el mérito de sufrir? Si se lo piensa un poco, ninguno. El dolor cae sobre alguien, no pocas veces por azar, pero también por imprudencia, y allí se ve qué pasa. Dios no debiera enterarse, porque de otro modo se repetiría la horrible apuesta donde quedó atrapado el paciente Job.
  13. La buena suerte suele acompañar a los demás, sobre todo a los enemigos y competidores, nunca al observador, que en el mejor de los casos, no recibe mucho más que lo merecido.
  14. No todo está escrito (aunque haya tanto escrito, que nadie se toma el trabajo de leer). No todos los caminos posibles fueron explorados (a pesar de que muchos de ellos en el pasado resultaron inútiles, y no obstante vuelven a ser intentados con parecido entusiasmo, por los nuevos desafiantes).
  15. Hay veces en que uno palpa alrededor una adversidad tan sólida como un muro de piedra. La buena noticia es que, a diferencia de otras situaciones más fluidas, eso vuelve posible apoyarse en la adversidad, incluso treparla y también dejarla atrás, cuando no se retrocede ante las amenazas.
  16. Era afortunado o al menos lo parecía, comprendió, exclusivamente por decisión propia. No dejaba que otros vieran su dolor, cuando lo inundaba.
  17. Hubo momentos en que pudo ser otro, no por un rato, sino desde entonces y para siempre, sin vuelta atrás. Fueron tantos, que las decisiones que se vio obligado a tomar, ya no pueden ser abarcadas por aquel que definitivamente llegó a ser.
  18. Se había convertido en una presencia incómoda, porque dejaba que su dolor a la vista de todos y muchos volteaban la cara cuando se acercaba. Lo último que deseaban era darse por enterados de algo que bien podía sucederle a ellos, o que ya les había sucedido y preferían no recordar.
  19. ¿Todo va bien? Casi todo tendría que ir bien, para que la confianza en que uno habrá de sobrevivir en medio de un mundo caótico no se derrumbe, obligándolo a pensar como un ser responsable, que debe cuidar cada paso y de todos modos se perderá.
  20. ¿Cómo hacían para no sufrir nunca, ni siquiera contratiempos menores, aquellos amigos y colegas con quienes se cruzaba? Podía ser que la desgracia nunca se les hubiera cruzado en el camino. En tal caso, era como si a pesar de moverse, reír y repetir chistes viejos, ya estuvieran muertos.
  21. Dan la impresión de que las experiencias desdichadas no dejaran huella en su memoria.  Probablemente las derivan hacia un rincón oscuro que no frecuentan, donde después de un tiempo se degradan y ya no estorban. Son razonablemente felices o al menos viven un eterno presente, donde nada tiene demasiado sentido.
  22. André Gide enunció la convicción del desencanto: si todo está dicho y sin embargo no parece haber sido oído por nadie, habrá que volver a decirlo (tal vez, de otra manera, buscando nuevos destinatarios).  Mientras tanto, uno vive a la espera de alguna respuesta.
  23. Después de presenciar tal cúmulo de desastres, uno espera nuevos desastres (y lo más probable es que sus peores expectativas sean satisfechas). ¿Cómo seguir adelante con la convicción de que solo se avanza en círculos (mejor dicho, que desde hace tiempo se ha extraviado el rumbo)?

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Fallidos avatares

7 octubre 2017
  1. Pudo haber sido aquel (victorioso o derrotado) que otros fueron y él decidió no ser, todavía no entiende por qué, pero tampoco vale la pena averiguarlo. Solo cuenta lo que fue, por las razones (o sinrazones) que fueran.
  2. Cada vez que se descubre pensando en lo que pudo haber sido y por su estupidez inocultable no llegó a ser, se abofetea mentalmente y no tarda en recuperar (por un rato) la sensatez.

    René Magritte: Pintura mural

  3. El Cándido de Voltaire imagina este mundo como el mejor de los mundos posibles. Puede ser un criterio demasiado miope, pero ¿no es un progreso respecto de aquellos que lo ven como la antesala del más allá?
  4. Eres lo que llegaste a ser: una combinación de lo que te fue dado y no hubieras podido eludir, de las decisiones que tomaste a partir de lo que había y del Azar (la Providencia) que desafiaba cualquier intento de control.
  5. Miras tus viejos retratos con no poca extrañeza. ¿Quién era ese que alguna vez llegaste a ser? ¿Qué conciencia tenías entonces de ti mismo? Aunque las fotos no lleguen a mentir, y los demás las acepten como ciertas, al menos para ti resultas inverosímil.
  6. ¿Eres quien supones haber sido, quien tal vez pudieras llegar a ser, aunque no lo quieras, y entre ambas incertidumbres, un espejismo: quien eres ahora?
  7. Probablemente eres aquel que afirman aquellos que apenas te conocen. Demostrarles el error en que incurren, solo llevaría demasiada atención sobre sus dichos, que de otro modo pasarán desapercibidos.
  8. Lo previsible de tu vida te reserva sorpresas desagradables para las que no te descubres preparado, aunque estaban a la vista de cualquiera que te observara objetivamente un par de minutos. Ese tiempo no te lo concediste.
  9. Avatar de burócratas: ¿qué otra huella dejarían de su paso por el mundo, que el registro cotidiano de las entradas y salidas? Pedirles más, es un abuso.
  10. Te miras en el espejo como quien trata de descifrar el mapa de un territorio que sigue inexplorado. Aunque parezca sin obstáculos, ¿qué te oculta?

    Saul Steinberg: Dibujo

  11. Desde hace tiempo dejas de mirar el espejo. Sobrevivir no es imposible, siempre y cuando evites compararte con quien fuiste y postergues el cálculo de quien (a pesar de tus deseos) te queda por ser.
  12. Evitas recordar tu vida, con la destreza de quien se ha entrenado para efectuar esa tarea, porque los momentos de felicidad se confunden en la penumbra y solo quedan mejor iluminadas las frustraciones.
  13. Te mueves en la oscuridad como si supieras hacia dónde vas. Tomas decisiones meditadas, con la incertidumbre de quien dejó de confiar en su omnisapiencia juvenil.
  14. Desde hace tiempo dejaste de pensar en el futuro. Al comenzar a anotar esta idea, desconocías el final, pero si no la hubieras anotado, el final no existiría.
  15. De no haberte despedido por adelantado de casi todas las cosas que alguna vez te importaron, ¿dónde estarías hoy? Tal vez te sentirías más feliz, elaborando proyectos, aunque de todos modos carecieras de futuro.
  16. Apuestas a que sobrevivirás el próximo desengaño, porque lo has hecho tantas veces que ni llevas la cuenta, pero ¿qué no darías por evitarlo?

    René Magritte: Clarividencia

  17. Las decisiones comprometen. A veces, no puedes eludirlas. Con mayor frecuencia, las precipitas, porque quieres conocer, como en las novelas policiales, cuál puede ser el desenlace.
  18. Cada vez que tomaste decisiones, creíste hacer lo que debías, incluso cuando contrariabas tu enconada voluntad de hacer lo contrario.
  19. De no haberte negado a eternizar el duelo por cada uno de tus proyectos abortados, ¿qué sería hoy de ti? Dudo que estuvieras vivo.
  20. Avatar de enamorados: se imaginan eternos, aunque el desapego espere a la vuelta de la esquina. Van a engañarse cada vez, como si fuera la primera.
  21. Las desilusiones hubieran debido arruinar tu disfrute de la vida y de acuerdo a las evidencias, no lo consiguieron del todo. El error de cálculo que permitía el autoengaño, sobrevivió, aunque esté maltrecho.
  22. Puedes imaginar personajes en sus propias circunstancias, que no te cuesta describir, como si fueras testigo privilegiado de su vida imaginaria, pero no puedes imaginarte en otras circunstancias que no sean las tuyas.
  23. ¿Tienes pasta de héroe, de genio, de conductor? La experiencia te obliga a reconocer que no. ¿Tienes pasta de cruel, de cobarde, de infame? Tú decidiste que no lo aceptarías.
  24. Cuando te agreden, no te ofenden por mucho rato. Lo esperabas con impaciencia. Te hubieran defraudado más de lo aceptable, si te hubieran respetado.
  25. Si no te piden disculpas por haberte agredido, te darán la excusa perfecta para ser tan implacable con tus adversarios, como no sospechabas que te fuera posible.

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