Caer y levantarse

14 enero 2015
Julio Cortázar

Julio Cortázar

Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo. (Julio Cortázar)

  1. ¿Qué puede ser más previsible? Todo lo que se alza, inevitablemente cae. Levantarse es la excepción, que no siempre se aprecia como una hazaña grande o pequeña. Caer es la norma que tiende a evaluarse como fracaso, cuando no pasa de ser la regla siempre desafiada, nunca derogada.
  2. Caer y levantarse. No me rendiré tan pronto, me digo con frecuencia. A veces, en nada pienso menos que en rendirme. Otras, lo pienso como una más de las alternativas que a continuación desecho.
  3. Si logras postergar la anunciada caída, caminas.
  4. Caer y levantarse. No es la primera vez que te ocurre. De acuerdo a las probabilidades, tampoco será la última. Esa es tu mayor ventaja, porque te ha pasado antes y sobreviviste, por eso afrontas el desafío de que siga ocurriéndote. No te dejas morir por eso.
  5. Te veo caer y no me importa demasiado. Cuando (no sin sorpresa) reconozco mi indiferencia, descubro que todo me acusa.
  6. Te veo caer y te ayudo a levantarte, sin esperar a que me lo pidas. Tal vez me lo agradezcas, tal vez te moleste mi buena voluntad. Estás en tu derecho. Tengo que estar preparado para apartarme lo antes posible.
  7. Rechazas mi ayuda y de todos modos sigo atento a los primeros pasos que das, porque cualquiera en tu situación estaría confundido y nada le molestaría más que reincidir delante de testigos cuya buena voluntad te ofende.
  8. Los golpes de tus adversarios te encuentran preparado. Los golpes de aquellos en los que confías, te destruyen.

    Condena de Sísifo

    Condena de Sísifo

  9. Quizás no llegues a ninguna parte. Quizás te has propuesto una empresa que no puede ser más vana. Cuando veo la enormidad de tus esfuerzos, tu insistencia en errar, mis generosas objeciones iniciales quedan anuladas.
  10. Si marchas con paso tan firme hacia la perdición, ¿por qué debo impedírtelo? No me lo agradecerás, ni es posible que consiga cambiar tu rumbo. Solo seré un estorbo, enojoso pero fácil de superar. Quieres perderte y recibir el castigo al que te has condenado.
  11. Perder el equilibro, para arriesgar a dar un paso y equilibrarte de nuevo, con el objeto de perder otra vez el equilibrio y buscar otra vez el equilibrio. Al aceptar el riesgo, avanzas.
  12. Hay caídas irreversibles, que conviene aceptar para no prolongar el tormento de una recuperación condenada al fracaso. El optimista se dice: “Quizás no sea ésta”.
  13. Tropiezo y a continuación recupero, no sin esfuerzo, el equilibrio. Cometo errores que una vez advertidos y acallado el enojo que me suscitaron, analizo. Me detengo a cada rato, no para morir, sino para cobrar fuerzas.
  14. La tentación de echarte a morir, no te resulta desconocida. Solo algo te impide refugiarte en ese puerto seguro: el deseo de poner fin tanto esfuerzo inútil es demasiado intenso.
  15. En medio de la ofuscación más completa me digo: grandísimo idiota ¿qué estás haciendo? Hablo de mí, me hablo a mí, sin mucha consideración, como si le hablara a otro. Gracias a la distancia que la palabra instala, recupero al ser pensante que intenta controlar sus actos.
  16. ¿Por qué no dejarse caer, para no levantarse más? Descansar, descansar finalmente, después de haberte forzado a mantenerte en pie gran parte de su vida. Esa tentación, que mil veces dejaste lado, no ha desaparecido. Regresa, cada vez más seductora.

    Samuel Beckett

    Samuel Beckett

  17. En momentos difíciles te has obligado a ponerte de pie, aunque lo más adecuado a tu situación hubiera sido continuar tendido. Esperar que avanzaras, era exigirte una hazaña fuera de tus posibilidades.
  18. Caer, caer, caer hasta no pensar en nada más. No es un estilo de vida, cuya estupidez no hace falta señalar, sino un punto de llegada, tras el cual resulta imposible continuar esta cadena de errores.

Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor. (Samuel Beckett)

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Fuegos de artificio

1 enero 2015
  1. Los chinos destinaron la pólvora al asombro y la risa durante las fiestas. En Occidente se la convirtió en instrumento de guerra. Es la historia de la degradación de tantos otros sueños: cuando los creadores despiertan, descubren que permanece una pesadilla.fuegos
  2. La belleza de una bengala no dura demasiado, pero se recuerda, y entonces, en lucha con el olvido, se completa en la memoria.
  3. Una luz de bengala derrota a la oscuridad por unos segundos. La noche regresará, nadie lo niega, pero cada instante del resplandor fue disfrutado mientras tanto.
  4. Si la bengala es fugaz, ¿no lo es también la noche que se apresura a devorarla?
  5. La luz implacable del mediodía, no puede competir con el encanto del amanecer o el crepúsculo, cuando la poca luz obliga a mirar el cielo con más cuidado.
  6. No dura tu vida más de lo que promete una centella. Si algo queda flotando por un rato, es el aroma de la pólvora quemada y la memoria de unas cuantas luminarias fugaces.
  7. Florecen luces de colores en la noche. Si te distraes cuatro segundos, te las pierdes para siempre.
  8. Deslumbramiento inevitable de ahora, y ni siquiera los restos del humo de estos fuegos de artificio dentro de un rato.
  9. ¡Los fuegos de artificio son un desperdicio tan alegre como inútil de energía! Compensan por la rutina generalmente razonable y sin embargo mortal que en la vida cotidiana predomina sobre el juego y el placer.Fuegos_articiales
  10. Explotan, aturden, deslumbran, se disipan: pasada la exhibición de fuegos de artificio, queda una sonrisa. No conviene esperar demasiado, pero tampoco hay que ignorar la fugacidad que se disfruta.
  11. Si solo se espera de mí que me maraville del espectáculo de estas luces fugaces, tengo que ser tonto (y probablemente lo sea, pero no todo el tiempo).
  12. Una guirnalda de luces flotantes, seguida por la lluvia de chispas en desorden, llaman tu atención durante la noche de verano. Prometen continuar indefinidamente el chorreo de luminarias, pero no muy lejos aparece otro objeto luminoso y te concentras en él, distrayéndote del agotamiento inevitable de aquello que poco antes te deslumbraba.
  13. Asombro de un instante y aburrimiento asegurado a corto plazo, cuando se verifica la reiteración la sorpresa, por agradable que haya sido inicialmente. La novedad se gasta demasiado pronto, si no se aferra a algo donde el observador se reconozca.
  14. Lo efímero se disfruta, de acuerdo a las evidencias, pero no se aprecia. Aquello que más se estima, es algo que promete perdurar. No las pompas de jabón, ni las nubes del atardecer, ni los fuegos de artificio, evidentes brevedades sobre las que nadie espera más que un poco de placer.
  15. Impetuosa juventud, breves fuegos de colores que prometen derrotar definitivamente a la oscuridad (aunque lo inevitable es que fracase).
  16. Aparecen en el contexto de una fiesta que está por terminar. Gracias al derroche, son un recordatorio de lo efímero. Los fuegos de artificio convierten en espectáculo los anuncios de muerte inevitable de todo aquello que deslumbra.fueg art
  17. No hay nada que sea eterno, pero algunos resplandores logran por un instante disipar ese fragmento de la noche.
  18. Así como inicialmente deslumbraron, al cabo de un rato de brillar, aburren. Todos los fuegos de artificio proclaman lo mismo: fiesta, fiesta, fiesta. Pudo ser el estribillo de una canción de Rafaella Carrá, pero la monotonía termina imponiéndose sobre la diversión.
  19. No se concentra demasiado en la estela de fuego que pronto se convierte en humo y a continuación se borra. Solo sigue el trayecto de la nueva centella, sin pensar en la anterior.
  20. Todo es finalmente inútil, proclaman los fuegos de artificio. Deslumbran, pero no tienen demasiado sentido. Cuando reclaman algún esfuerzo de parte de quienes los observan, quedan al descubierto como la nadería sospechosa de desviar la atención de asuntos menos triviales.
  21. Si de algo no estoy seguro, es del trayecto que el fuego de artificio habrá de seguir en el cielo nocturno. Cualquier promesa de continuar brillando indefinidamente queda frustrada, pero al menos la luz se extingue en un último estallido que consuela a quienes observaron su nacimiento y muerte.
  22. Inútiles sin atenuantes, como fuegos de artificio quemados al mediodía.
  23. Prematuros como fuegos de artificio al atardecer.
  24. Absurdos como fuegos de artificio en la niebla.
  25. Imposibles de disfrutar, como fuegos de artificio bajo la lluvia.
  26. Bellos y previsibles hasta el bostezo, como fuegos de artificio quemados en fiestas patrias.

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