Variaciones confesadas

27 octubre 2009
  1. La posibilidad de que según Protágoras, se considere al hombre la medida de todas las cosas, puede resultar más que desalentadora para un observador inteligente. ¿No sería mejor encontrar otra escala, más equitativa, antes de que la hipótesis se revele una pesadilla?
  2. Cultivar un jardín (el propio) era el ideal modesto del Cándido de Voltaire. ¡Se puede hacer tan poco en el curso de una sola vida, que incluso una meta como esa, parece desmesurada en la actualidad. A veces el territorio que se dispone, apenas alcanza para cavar un refugio y enterrarse en él, con la esperanza de regresar algún día a la superficie, cuando la situación mejore. Lee el resto de esta entrada »
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Diario de Bitácora

20 octubre 2009

 

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Yo no puedo ser más que un espejo, en el que el lector pueda ver su propio pensamiento con todas las deformidades, de modo que, así ayudado, sea capaz de enderezarlas. (Ludwig Wittgenstein)

A lo más que puede llegar un mediocre, es a descubrir los errores de quienes lo superan. (Georg Lichtenberg)

Muchos nacen, pocos viven. (José Ingenieros)

  1. Muchas vidas pueden ser vividas por cualquiera de nosotros en el curso de una sola vida. Varias muertes se intercalan también durante el mismo ciclo.
  2. Las ilusiones crecen todo el tiempo, como las uñas y el pelo. No hay que preocuparse de ellas, porque nos guste o no, llegan y fatalmente nos envuelven, nos arrullan, nos obligan a amarlas, pero conviene estar preparado para el momento en que se vuelve necesario librarse de su compañía, para evitar que nos estrangulen.
  3. Cada paso que uno da incluye la pérdida momentánea del equilibrio, en la confianza de reestablecerlo con el próximo paso. La misma confianza debería guiarnos en otras decisiones de la vida. Si no te arriesgas, no avanzas.
  4. ¡Ah, la desafiante obscenidad del poder! ¡Qué delicioso presenciarla en acción, sabiendo que un día no lejano habrá de quebrarse y caer, para mayor pena de quien la ostenta como si fuera un don eterno! Lee el resto de esta entrada »

Aforismos

15 octubre 2009

Un aforismo nunca puede ser la verdad completa; puede ser una verdad a medias o una verdad y media. (Karl Kraus)

1. ¡Entender! No hay otra pasión más duradera, a pesar de las preguntas imperfectas que logro armar con tanto esfuerzo y rara vez fueron respondidas por nadie, las mismas que vengo planteando desde la infancia, cuando presentí la existencia de una estructura del mundo que solo me esperaba a mí para ser desentrañada.

2. ¿Qué me cuesta aceptar el mundo tal como (tantos) afirman que es? Razonablemente, poco o nada. El mismo esfuerzo que tragar una medicina amarga, solo que sin esperar que el sacrificio me brinde beneficios.

3. Me has visto tal como yo no deseo verme. Ahora tendré que destruir al testigo de mis actos inmundos y sobrevivir con la memoria de todo eso.

4. Comienza por aceptar tu responsabilidad y luego continuaremos el diálogo en un plano de creciente confianza entre nosotros que todavía no se ha planteado. Lee el resto de esta entrada »


Presentación

14 octubre 2009

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Cualquier texto escrito (este blog también) puede ser entendido como la botella que un náufrago (el autor) lanza al mar, con un mensaje que no se encuentra en condiciones de entregar personalmente. Al confiarlo a un objeto tan frágil como una botella, él apuesta a que no se perderá en el laberinto de las corrientes imposibles de controlar, que no chocará contra los arrecifes.

Una de las posibilidades que afronta una botella, es hundirse mucho antes de que nadie lea el mensaje que transportaba. Otra, que el corcho no consiga impedir que penetre la humedad y el texto resulte ilegible, cuando llegue a los ojos de alguien.

Después de publicar algunos libros no demasiado extensos ni memorables, que a pesar del esfuerzo que insumió escribirlos, debieron ser menos apasionantes de lo que yo suponía, porque de otro modo se hubieran vendido más y me hubieran deparado mayor número de respuestas de lectores, situaciones tales como la autocrítica, el progreso de la edad y una disminución de la vista me condujeron a las formas literarias cada vez más breves.

Al escribir o al hablar, uno intenta capturar (y transmitir) el sentido que atisbó en algún momento, recurriendo al lenguaje que dispone y se le resiste cuando elige cada palabra. De algún modo, apuesta a que no obstante la incertidumbre que rodea al proceso de comunicación, logrará fijar algún residuo significante en el texto.

Muchas veces uno abriga dudas sobre la legitimidad de toda la operación, presiente el fracaso que tarde o temprano lo aguarda, y no por eso deja de intentarlo. En esos casos, uno se vuelve crítico de los discursos ajenos y propios. Piensa mucho y sobre todo se calla pronto.

Cuando se pretende renunciar a los malos hábitos que aseguran el aplauso y vaciar al discurso de abultamientos decorativos, es como tratar de olvidar los coordinados movimientos de piernas y brazos que lo mantienen a flote cada vez que se encuentra en el agua. Son destrezas que una vez interiorizadas, cuesta dejar de lado.

Los antiguos escribían poco, fuera porque no había suficientes tablillas, papiros o pergaminos para fijar sus ideas, situación que los llevaba a destruir textos antiguos para imponer los suyos, fuera porque preferían confiar en la memoria y el olvido de quienes recibían sus textos. Uno los admira, no se sabe muy bien si por su concisión, por el azar que preservó una materia tan frágil o porque se ve obligado a completar aquello que no está del todo escrito.

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