Enseñar y aprender

28 diciembre 2010

Saul Steinberg: Diálogo

Aprender a examinarse e instruirse a sí mismo es algo muy cómodo y no tan peligroso como afeitarse solo. Cada cual debería aprenderlo a cierta edad, para no ser un día víctima de una navaja de afeitar mal gobernada. (Georg Lichtenberg)

¿No cree usted que tenemos para enseñar una enormidad de cosas en las que nosotros mismos no creemos? (Henryk Ibsen)

  1. Has tenido buenos maestros y maestros atroces. De todos aprendiste algo, porque no permitiste que los peores llegaran a ser un obstáculo en tu crecimiento. Los más hábiles, probablemente aprendieron de ti, casi tanto como tú de ellos.
  2. Cuando existe alguna voluntad de aprender en el estudiante, casi no importa quién es aquel que enseña, ni cómo lo hace, ni dónde, ni durante cuánto tiempo, porque todo eso ocurre (continúa ocurriendo) incluso cuando él se encuentra ausente.
  3. Cuando alguien estudia, apuesta que será capaz de otorgarle un sentido a su vida, se prepara para convertirse en alguien que todavía no es y tal vez tampoco llegue a ser, una convicción suficiente para orientar sus actos de hoy. Si este proyecto no se establece, la posibilidad de aprender se vuelve cada vez más remota y el azar termina conduciendo el proceso. Lee el resto de esta entrada »
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Puestas en abismo

28 diciembre 2010

Etiqueta polvos leudantes

Me gusta que en una obra de arte encontremos (…) a escala de los personajes, el tema mismo de esta obra, por comparación con este procedimiento de la heráldica que consiste en poner al segundo en abismo. (Andre Gide)

  1. Cuando era un niño, me fascinaba una lata de té ilustrada con imágenes en colores de una nieta y una abuela que tomaban su taza de té, mirando a quien las mirara, con una lata de té entre ambas, donde una abuela y una nieta tomaban su taza de té…  Pudo ser también una etiqueta de polvos leudantes que mostraba una etiqueta de polvos leudantes… Muchos años tardé en enterarme de que el efecto se denominaba mise-en-abyme, desde que André Gide lo definió de ese modo en sus Diarios, para nombrar un dispositivo en el que un observador puede caer, atraído por el autor, que se ha propuesto confundirlo o deslumbrarlo mediante el despliegue de su oficio. Lee el resto de esta entrada »