¡Sálvese quien pueda!

  1. Periódicamente hay quienes anuncian el próximo fin del mundo. Con la misma frecuencia, el evento se posterga. Si algo se encuentra fuera de discusión, es la inocultable miopía de los profetas.

    Carnavelet: Ejecución de Luis XVI

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  2. Después de mí, el Diluvio, habría dicho Luis XVI, antes de la Revolución Francesa que lo llevó a la guillotina. No se sabe qué admirar más: si la resignación ante el desastre todavía no sucedido, o la abismal incapacidad para no ver las consecuencias de las decisiones que pudieron haberlo evitado.
  3. Aquellos que no creen necesario mirar adónde van, probablemente lleguen adonde no les conviene. Puede ser que ellos mismos se sorprendan al descubrirlo, pero todo el mundo les dirá que todo el tiempo se lo estaban buscando.
  4. Moverse, no importa en qué dirección, con tal de no estarse quieto. Tal es la estrategia del desorientado que no pide consejos, ni se detiene a considerar la viabilidad de las opciones que se le presentan.
  5. Desconfía de todos aquellos que pueden competir con él, tanto si ellos planean hacerlo, como si no han llegado a imaginarlo. Contempla como adversarios a quienes a partir de ese momento se verán obligados a defenderse de las agresiones que él anuncia.
  6. No esperes que te ayuden cuando lo necesitas, porque no vives en un sistema donde tus carencias van a ser tomadas en cuenta, excepto para desplazarte de la competición donde participas, te hayas anotado o no.
  7. No aceptan el mundo tal como es y prefieren morir, antes que aceptar la fatiga de trabajar en él todos los días, como hacen aquellos dispuestos a poner a prueba (repetidamente) la validez del mismo diagnóstico.

    Niños nazis

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  8. Si los alucinados fueran a cambiar el mundo en el poco tiempo que plantean, probablemente sería para convertirlo en algo tan agradable como un cementerio.
  9. Si los conformistas fueran a resolver los conflictos que no pueden ser ignorados, sería mediante la sistemática eliminación de aquellos que los sufren.
  10. Se había preparado para agredir, actitud en la que se había demostrado exitoso con frecuencia. No obstante, lo derrotaron cuando fue incapaz de reconocer que había llegado el momento de defenderse.
  11. De vez en cuando, todo parece perdido. El entusiasmo que nos embriagaba desapareció, los grandes proyectos fueron traicionados uno tras otro, el impulso de los cambios se agotó y nadie cree que pueda renovarse. No es el momento de mirar para otro lado, ni tampoco de lamentarse. Hay que ponerse a buscar salidas.
  12. ¡Espera! No lo acuses aún de no ser precisamente lo que aparenta. ¿Acaso abandonó una causa que afirmaba sostener? Según dice, solo cambió la modalidad de resistencia. Cuando lo veas pactando con aquellos que hasta no hace mucho eran sus adversarios, podrás denunciarlo, si es que no te has puesto de su lado, si es que no prendes sustituirlo en el campo de la negociación, con el objeto de sacar la mejor tajada.
  13. No conviene demonizar demasiado al adversario. Tampoco es cosa de hacer borrón y cuenta nueva en las relaciones con él, porque no hay nada mejor que el olvido para incubar nuevas traiciones.

    Pilotos kamikazes II Guerra Mundial

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  14. Se había planteado por lo menos cambiar el mundo. Cuando consideró que fracasaría, comenzó a desviar sus esfuerzos hacia una interminable justificación de su evidente inconsecuencia.
  15. Capitanes de la derrota: nunca saben muy bien adónde van y para completar el cuadro, tienen a quienes los siguen a sol y a sombra, confiados en que les habrán de indicar el camino adecuado.
  16. Carne de cañón: solo espera ser útil a otros, que lo usen sin escrúpulos de ningún tipo, incluso que llegado el momento lo descarten. De no ser así, considera que su miserable vida carecería de sentido.
  17. ¡Ah, la rotunda estupidez de los kamikaze! Necesitan nada menos que inmolarse, para justificar retrospectivamente su vida, con el único objeto de perderla.
  18. Te dices aliviado: fracasé. Hay quienes se avergüenzan tanto de una eventualidad como esa, que prefieren morir antes de reconocerlo. Sin duda, el fracaso llega y suele ser más frecuente que el triunfo. También es la experiencia más confiable cuando se trata de construir algo que no se derrumbe fácilmente.

    Tormento de Sísifo

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  19. Te dices: ¡qué alivio saber que hasta aquí llegaste y no vale la pena continuar luchando por lo que habías creído el centro de vida! Sin duda hay otras cosas en las que no reparaste. Ahora te costará menos verlas y es urgente que las descubras.
  20. Una vez que alguien ha probado la embriaguez de saberse reconocido por unos cuantos admiradores, no es probable que renuncie a la posibilidad de experimentar de nuevo una felicidad como esa, que parece compensarlo por todas las frustraciones que sufrió en el pasado, cuando admiraba a otros, que no se daban por enterados de su existencia.

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