Bienvenidas las desilusiones (I)

19 mayo 2018
  1. Bienvenida la esperanza, por estúpida que le parezca al resto del mundo, porque antes del inevitable desencanto, que no tarda en ponerle fin, otorga un breve atisbo de sentido a la vida. ¿Importa dejarse engañar más de una vez, declararse siempre disponible a ser engañado, aunque solo sea por un rato?

    Jan Svankmajer: Alice

  2. Bienvenida la discordia, que impedirá el olvido de los objetivos mezquinos. Mientras ella reine, nos enfrentaremos unos a otros, buscando sacar ventajas mutuas y demorar los acuerdos, que sensatamente deberíamos haber aceptado desde el primer momento.
  3. Bienvenida la desilusión, porque a pesar del dolor que causa, también nos alimenta con la evidencia de que probablemente no vamos a permanecer engañados todo el tiempo. Despertar no es lo peor que puede sucedernos, aunque la realidad no siempre resulte demasiado agradable.
  4. Bienvenido el silencio que nos deja a solas con fantasmas y proyectos, sin otros intermediarios que el tiempo y la resignación para dejar que se desvanezcan o concreten. Nada nos distrae. Solo nos queda por enfrentar la evidencia de nuestros límites.
  5. Nada humano debería serme del todo ajeno. ¿Quién soy yo, que pueda reclamar excepciones? ¿Por qué rechazo en otros, lo que sin pudor acepto en mí? La grandeza y la miseria me habitan por igual, pero no las reconozco ni las acepto con frecuencia. Debo estar atento, porque apenas he comenzado a descubrirme.
  6. Bienvenidas las patrañas de todo tipo que aceptaste a lo largo de tu vida, conviene recordar (para tu autoestima) que nunca por demasiado tiempo ninguna, y te demostraron que con bastante esfuerzo de tu parte podías librarte de ellas (quién sabe qué sucederá con la próxima).
  7. Bienvenida la ignorancia, que en tantas ocasiones se impone durante la búsqueda del conocimiento, y a la vez promete ser derrotada por aquel que se esfuerce en hallarlo. Podrá interferir, pero será vencida.

    Raquel Forner: Éxodo

  8. Bienvenida la verdad, que no es demasiado frecuente en este mundo y ni siquiera permite creer que uno se ha convertido en su dueño definitivo; la verdad se alcanza tras no poco esfuerzo y a continuación nos elude, se escurre, obligándonos a buscarla de nuevo.
  9. Bienvenida la orfandad, que te obliga a decidir si vas a dejarte morir ante la sorpresa del primer obstáculo que se te cruza en el camino, o si te las compondrás para superarlo de algún modo, aunque todavía no sepas cómo.
  10. Bienvenida la traición, porque me recuerda que no debo confiar demasiado en las primeras impresiones, demasiado favorables, comenzando por mí, que no termino de conocerme y no quisiera sorprenderme un día de estos, justificando aquello que en rigor carece de justificación.
  11. Bienvenida la oscuridad, que me obliga a suspender cualquier intento de abarcar el mundo con una sola mirada. No es posible. Todo resulta siempre más complejo (o tal vez más simple) de lo que alcancé a concebir. Debo seguir buscando el sentido, sin obtener suficiente certeza.
  12. Bienvenida la luz, siempre que no te ciegue, porque te evita andar a tientas y te obliga a recordar que te deja expuesto ante el juicio de los demás, tal como ellos se encuentran expuestos a los tuyos.
  13. Bienvenida la embriaguez que no sueles concederte con demasiada frecuencia, porque no la experimentas como un escape efectivo, sino como una alternativa inútil, que te devuelve al punto de donde partiste, pero sin fuerzas. Aunque solo sea por eso, prefieres postergarla.

    Pablo Picasso: La Alegría de Vivir

  14. Bienvenido aquello que habitualmente rechazabas, porque te obliga a revisar tus fronteras habituales, tal vez para ampliarlas, quizás para borrarlas definitivamente. ¿Qué podías perder en el proceso? No mucho más que una retractación. Eso no cuesta nada.
  15. Bienvenida la lucidez que soy capaz de tolerar, siempre que me convenza de la necesidad de no ceder a la tentación de echarme a dormir con lo que di por aprendido. Hay que afrontar el riesgo de continuar pensando y continuar equivocándose.
  16. Bienvenido el deseo, que pudo haberte sometido a su mandato, aunque luego se desvaneciera, dejándote humillado y satisfecho a la vez, cuando te ofrece la posibilidad de lamentar su poquedad, tras haber ocupado la totalidad del mundo que percibías.
  17. Bienvenida la humillación, porque me obligará a decidir si estoy dispuesto a tolerarla (esperando que se repita como un castigo que en el fondo merezco) o si aprenderé a evitar las circunstancias que la hicieron posible (porque nadie tiene el derecho de someterme a ese maltrato).
  18. Bienvenido el asco, porque no hace falta pensar mucho para reconocerlo, porque señala una frontera. En esa dirección, te advierte, es imposible avanzar o detenerse. Hay que retroceder, ya retrocediste antes de decidirlo. Eso evita males mayores.

    James Ensor: Esqueletos peleando

  19. Bienvenida la resignación que finalmente se impone ante las grandes pérdidas, porque te obliga a pisar terreno firme y tomar las decisiones inevitables que cualquier otro en tu lugar tomaría, siempre que no sean prematuras, ni opuestas a la opinión de la mayoría.
  20. Bienvenidos los adversarios, incluyendo los encubiertos, porque te hacen saber quién eres efectivamente, de qué lado te encuentras, la cuestionable coherencia de tus proyectos y la discutible justicia de tus convicciones. Gracias a ellos eres quien aprecias ser.
  21. No acepto que me uses, ni siquiera después de convencerme de que (por simple descuido, por estupidez) yo acepte ser usado. Respétame y seré tu aliado. Al usarme, te advierto que me obligarás a convertirme en tu enemigo.

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¿Estás ahí?

4 marzo 2017
  1. Uno conoce tanta gente que parece estar ahí, a dos pasos, cuando en realidad se encuentra perdida en su propio mundo, inimaginable, después de haber cortado los puentes con el nuestro. ¿Cómo esperar una respuesta cuando se les interroga?

    Edward Hopper: Hotel junto a las vías

    Edward Hopper: Hotel junto a las vías

  2. ¡Despierta! Pasas la mayor parte del tiempo a la espera de que ocurra algo que de acuerdo a tu criterio merezca la pena ser tomado en cuenta. Si no estás alerta, eso y mucho más pasará de largo, sin que te enteres.
  3. Me ha costado tanto atreverme a hablar, me ha costado tanto hacerme oír, que renunciar a eso no solo es un sacrificio, sino también un muy deseado alivio.
  4. ¡Ahora, avanza! Dar el próximo paso te aterra. Quedarte detenido puede no ser un signo de firmeza, como planteas para no sentirte humillado, sino pura y simple indecisión.
  5. A veces (con frecuencia) uno lucha para comunicarse. Lucha contra su incapacidad para articular un discurso que tenga sentido, antes que contra los posibles interlocutores que lo dejaron pasar o malinterpretaron.
  6. ¡Detente! En este momento no vas por el mejor camino. Que alguien te lo diga, tal vez no te sirva de mucho, porque estás convencido de tus ilimitados poderes (para equivocarte, hasta que no puedas volver atrás, en este caso).

    René Magritte: Los amantes

    René Magritte: Los amantes

  7. El intento de comunicarnos, no siempre triunfa. Lo más probable es que falle por distintos motivos, y entonces uno se dice lo obvio: tomando en cuenta la experiencia, habrá que intentarlo de nuevo y con mayor cuidado.
  8. ¡Recuerda! O te dominarán las mismas debilidades del pasado.
  9. Si hay que encontrarle alguna ventaja a la humillación de verse traicionado por su propia incapacidad, es que al enterarse de lo sucedido, uno puede obtener la oportunidad de no seguir tan imbécil como hasta entonces.
  10. ¡Vigílate! No te conoces tanto como te hará falta un día de estos.
  11. ¡Apréndelo! Hay buenos tiempos, que no suelen ser eternos. Tampoco los malos duran tanto como prometen, aunque al pasar te hayan destruido.
  12. ¡Desmiéntelo! Te has alimentado de ilusiones infundadas. Ahora, no sabes cómo afrontar el desengaño. Mientras lo aceptes, quedan esperanzas de que algo hayas aprendido.
  13. ¡Alégrate! Tienes mucho que aprender, porque es bastante más lo que ignoras.

    James Ensor: Autorretrato con máscaras

    James Ensor: Autorretrato con máscaras

  14. ¡Retírate! Es mejor darse por vencido a tiempo, que sufrir una derrota irreparable.
  15. ¡Inténtalo de nuevo! Fracasaste una vez, pero no des por sentado que vas a fracasar siempre. Hasta por casualidad, uno puede acertar.
  16. ¡Alégrate! Cometiste muchos errores, que en otros hubieran sido imperdonables, y te dan la oportunidad de enmendar algunos.
  17. ¡Escúchate! Si pretendes hacerte notar, pero no tienes nada que decir, ¿por qué hablas? A veces, callarse un rato es lo mejor.
  18. ¡Relaciona! Si te conformas con los datos aislados que te alimentaron, será como si no existieras.
  19. ¡Piénsalo! Tal vez no valga la pena la mayor parte de lo que hasta hoy te entusiasma. Cuesta menos modificarte, que adelantar el duelo por tu muerte.
  20. ¡Conecta lo que sabes! Por poco que sea, es más de lo que creías, aunque no por ello puedes considerarlo inmune a la duda.
  21. ¡Contrólate! Estás a tiempo de no hacer algo de lo que tarde o temprano te arrepentirás. Por un instante, mírate como si ya lo hubieras hecho y considera las consecuencias. ¿Valdrá la pena?
  22. ¡Detente! La próxima vez que no pienses lo que haces, puede ser la última. Date más oportunidades de equivocarte y aprender del error, hasta que el acierto resulte tan fácil como respirar. Lleva su tiempo.
  23. ¡No compres afecto, ni lo vendas! Siempre cuesta más de lo que vale y no pasa de ser una insuficiente imitación de lo auténtico.
  24. ¡Escúchalo! Tal vez tenga algo que decir, y si después de oírlo demuestra que no lo tiene, ¡qué pena! pero siempre es mejor saberlo que darlo por supuesto.
  25. ¡Obsérvate! No des por sentado que ya te conoces. A nadie le cuesta más que a uno, verse con suficiente distancia.

    Raquel Forner

    Raquel Forner

  26. ¡Olvida lo que soñaste! Uno apuesta y algunas veces pierde y otras gana. Probablemente uno pierde más veces de las que gana. Esta puede ser una de esas en la que se fracasa, pero no por eso la definitiva.
  27. ¡Resígnate! Lo que has perdido, no vas a recuperarlo. Si por milagro ocurre lo contrario, celébralo. ¡Si no, basta de acumular duelos que te dificultan las decisiones!
  28. ¡Oye! ¿Qué estás diciendo todo el tiempo, sin pensarlo, ni darte la oportunidad de oírte?
  29. ¡Atiende! No me imagino ser el centro del universo, pero tampoco estoy aquí para que me ignores. ¿Quién te crees? Cuando halles la respuesta, avísame, para decidir si vale la pena intentar el diálogo.
  30. ¡Mírame! Tal vez yo no sea la visión más grata que puedas imaginar, pero mis errores te avisan cuál puede ser tu futuro. ¡Elude mis opciones!
  31. ¿Estás ahí? ¿Sabes qué estás haciendo? Cuando te observo, parece que te movieras en sueños, yendo hacia ninguna parte o (lo que resulta más probable) hacia tu perdición.

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