Death be no proud

15 abril 2017

John Donne

Death be no proud though some have called thee / Mighty and dreadfull for thou art not so / For those whom thou think´st thou dost overthrow / Die not poor Death nor yet canst thou kill me. (John Donne)

  1. Escuchas la respiración regular de quien duerme a tu lado. Nada te tranquiliza más cuando te sientes perdido. Nada puede prometerte menos sobre el futuro.
  2. Al despertar en medio de la noche, la presencia de alguien que duerme cerca y te demuestra sin saberlo que te necesita, puede ser todo lo que hace falta para olvidar la pesadilla tan vívida sobre el futuro y conciliar el sueño.
  3. No ves nada real, cuando intentas distinguir lo que todavía no ha llegado. Son solo tus temores, amplificados por el miedo, y no hace falta mucho más para impedir que encares el presente como lo has hecho tantas veces en el pasado.
  4. Imaginemos que no hay ningún futuro. No hace falta imaginarlo. Con frecuencia no queda ningún futuro. Puedo verlo. Antes lo hubo. Se agotó hace tiempo y no me quejo.
  5. Mientras me necesites, pensaré que dar tantas vueltas en el mismo sitio y fracasar de tantas maneras tiene algún sentido, que identifico contigo. Más allá no puedo ver nada, quizás porque no hace falta ver nada.
  6. La soledad nunca te asustó, porque nunca te considerabas del todo solo. Alguien vendría en tu auxilio, algo sucedería para darte el impulso que faltara. Hoy, al afrontar la eventualidad de no contar con nadie, te preguntas si lo anterior sirvió para acostumbrarte a las últimas batallas o solo para dejarte indefenso.
  7. Nostalgia de los días que parecen no haber dejado huellas en tu memoria. Eso que hoy no se recuerda, eso que en su momento no fue tomado en cuenta, debió ser la felicidad.
  8. La desnudez de la muerte no es la de los cuerpos, que finalmente consuela de ser mortal y mientras tanto disfrutar la permanencia en una forma transitoria. La muerte despoja de ilusiones, hasta dejar una evidencia que aterra. Vas a perder todo lo elaborado para olvidar lo que te espera.
  9. Si abrazaras a quien amas, te derrumbarías, porque sabes que estás por perder la endeble calma que obtuviste al precio de establecer una distancia que te cuesta mantener. ¿Cómo volverás a controlar después tus emociones?
  10. ¡Ríndete! La invitación es seductora, incluso razonable. Si pensaras en la relación costo-beneficio, probablemente lo hubieras hecho hace tiempo. Nada justifica que no lo hayas hecho aún, y sin embargo resistes.
  11. ¡Ríndete! Ya sea tarde o temprano, sucederá. Mientras tanto, no sabes muy bien por qué, tal vez por simple curiosidad, lo demoras. Debe ser que a pesar de los contratiempos y miserias que denuncias, lo disfrutas.
  12. ¡Resiste! Das un paso y luego otro. Miras por donde vas y no estás seguro del próximo. Te mueves. Tal vez salgas de esto o quizás no. Sigues adelante por las dudas.
  13. Sueles detener el abandonarte al dolor, cuando te acosa. No es tiempo aún, te dices. Te reservas para la rendición al dolor no importa cuándo, un día de estos.
  14. Alivio: sentir de nuevo que habito mi cuerpo, después de haber dormido siete horas sin interrupción. Una batalla quedó atrás, la guerra continúa.
  15. Tal vez sigues enfermo, pero experimentas un alivio. ¿Quién piensa entonces en la muerte? Basta una postergación, para que seas poco menos que inmortal.
  16. Tu cuerpo te acompaña, casi siempre es tú, pero a veces se independiza para mal y se convierte en tu adversario, al que te empeñas en derrotar antes de que él lo consiga.
  17. En medio de la fiebre, ves la normalidad de tu cuerpo como un puerto lejano, hacia el cual te enrumbas, ignorando si habrás de alcanzarlo.
  18. Sales de una enfermedad como de una cárcel que había logrado armar tu propio cuerpo. Lo recuperas y a continuación lo olvidas, mientras no vuelve a traicionarte.
  19. Vuelves a tomar control de tu cuerpo, sin forzarlo, ni encontrar demasiada resistencia de su parte. Eres de nuevo lo que habitualmente crees ser.
  20. Experiencia de luchar contra tu cuerpo para evitar que te tome bajo su control y ni siquiera te ofrezca algún minuto de placer como como compensación.

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Mar de los Sargazos

16 enero 2011

Dragón del Mar camuflado como alga

El mar de los Sargazos es una región del océano Atlántico septentrional que se extiende entre los meridianos 70º y 40º O y los paralelos 25º a 35º N, y que en los siglos XVII al XVIII tuvo la tétrica fama de ser lugar de cementerio de buques de navegación a vela. Abarca parte del sector llamado Triángulo de las Bermudas. (Wikipedia)

  1. Damos vueltas y vueltas. Nos movemos todo el tiempo, sin avanzar ni retroceder. Si queda alguna esperanza para nosotros, es que la muerte nos recate de una eternidad previsible.
  2. Mira las cartas náuticas. Hay un lugar distante de la tierra firme, vagamente situado en los mapas, donde cualquier navío que se aventure en él termina detenido. Las algas los sujetan como firmes cabos al muelle, pero no haya un puerto a la vista, ni sea posible desembarcar. Este no es un sitio adonde lleguen los viajeros, sino el final de todos los derroteros.
  3. En este cementerio de navíos y marinos, el oleaje se aquieta, los vientos desaparecen. Mala señal. Nadie escapará de esta paz ilimitada. No intentes huir, porque terminarás la jornada sin fuerzas y todavía en el mismo lugar. Lee el resto de esta entrada »