Malos consejos

27 mayo 2017

Nicolás Maquiavelo

A los hombres hay que conquistarlos o eliminarlos, porque si se vengan de las ofensas leves, de las graves no pueden; así que la ofensa que se haga al hombre debe ser tal, que le resulte imposible vengarse. (Nicolás Maquiavelo: El Príncipe)

  1. Haz lo que decidiste hacer, sin escuchar las razones de quienes te han visto emprender lo que consideran un camino sin salida. ¿No es eso lo que tanto buscabas? Luego pagarás el precio del intento y no es improbable que durante el proceso algo hayas aprendido. En caso contrario, tu purgatorio habrá de reiniciarse.
  2. Si te enamoras, ¿por qué no cierras los ojos? Mantenerlos abiertos tiene sus riesgos que tal vez tu feliz entusiasmo inicial no supere. Después de todo, no mirar es un gesto de cortesía hacia la otra persona.
  3. Si vas a robar, como has decidido que es tu vocación indeclinable, roba mucho y sacrifica un alto porcentaje para asegurar tu impunidad. De otro modo, no será un buen negocio.
  4. Acepta la mediocridad y pronto descubrirás que se ha vuelto una norma colectiva que estás obligado a respetar.
  5. ¿Te parece estúpido hablar de principios, cuando solo quieres aprovechar las oportunidades? No seré yo quien trate de convencerte de lo contrario, porque evidentemente no eres tú quien está dispuesto a oírme.
  6. De acuerdo a la opinión dominante, nada tiene hoy mucho sentido. Por lo tanto, da lo mismo atenerse a los códigos de convivencia o usarlos como felpudo. ¿No es cómodo?
  7. Alternativas hay que te deslumbran. Las adoptas sin pensarlo dos veces y para siempre. Luego verás si pueden corresponder a lo que imaginaste o revelarse como una pesadilla que nadie más que tú alimentó.
  8. Busca el placer y nada más que el placer, si no ves mejor alternativa que dé sentido a tu vida. Prepárate para que tus expectativas sean defraudadas.
  9. Acepta como cosa irrelevante las injusticias que todavía no te ha tocado sufrir, y luego no podrás defenderte de las arbitrariedades a las que te sometan.
  10. Justifica la mediocridad y luego intenta limpiarte las evidencias de lo que solo puede ser identificado como tu innegable complicidad. No te será tan fácil.
  11. Disfruta la mediocridad que te seduce. ¿Quién te lo impedirá? Estás en tu derecho. No comiences a buscar excusas para agredir a quienes podrían juzgarte un día de estos.
  12. Si vas a traicionar a quienes en mala hora confiaron en ti, no mires para atrás después de lo que hagas. Deprime ver tantas víctimas de su popia estupidez. Para disfrutar a fondo la vida, conviene ser amnésico.
  13. Si vas a ignorar tus compromisos, no te demores demasiado. Causarás menos daño a los tontos que te creyeron. Ahora bien, si disfrutas el espectáculo de su estupidez, hazles creer que vas a cumplirlos.
  14. Reconoce tu maldad. En eso te destacas. No te recordarán de otro modo, más favorable, pero entre tanto más de uno, intimidado o asqueado te dejará el camino libre para que exhibas lo peor de ti.
  15. Cancela cualquier recuerdo de tus errores pasados. Imagina que nunca existieron y puedes encaminarte alegremente a cometerlos con la inocencia de la primera vez.

    Kevin Spacey: House of Cards

  16. Si algo maravilloso tiene la memoria es su capacidad para fallar. No hay recuerdos seguros, todo se disuelve en la imprecisión de justificaciones e interpretaciones de lo que resulta inaceptable.
  17. Despreocúpate de las injusticias que no te alcanzan. ¿No te sientes más liviano al liberarte de tontos escrúpulos? Ahora, sin embargo, estás hundiéndote en la complicidad.
  18. Abandónate a la mediocridad que solicita tu participación y no tardarás en ser responsable de mucho de lo que lamentablemente se hace y (todavía peor) de lo que lamentablemente se deja de hacer.
  19. No me prestes atención. ¿Quién soy yo para darte consejos? Un tonto que se imagina librándote de una multitud de obstáculos que para ti simplemente no existen.
  20. Encubre la injusticia y luego intenta mirarte en un espejo. Te has manchado, y aunque te limpies con el mayor cuidado, siempre habrá quienes sigan viendo la huella.

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Mortal canto de sirenas

25 noviembre 2016
  1. En algún lugar nos aguardan las sirenas, que tienen como único objetivo perdernos. Deseosos de oírlas cantar, dejamos de lado las advertencias de quienes probablemente saben más que nosotros, pero se han propuesto evitarnos el riesgo y el placer de perdernos. Desde ya les advertimos a nuestros protectores que no se saldrán con la suya.

    Herbert James Draper: Ulises y las sirenas

    Herbert James Draper: Ulises y las sirenas

  2. El afán de naufragar es difícil de reconocerlo en uno mismo. Para encontrar una explicación sencilla a ese oscuro deseo, inventamos a las sirenas que sin razón aparente se han propuesto perdernos.
  3. No me pierdo solo, gracias a mi estupidez inexcusable. Nos perdemos todos, por haber nacido humanos, por prestar oídos al canto seductor de las sirenas. Si eso no me libra de toda responsabilidad, cuando marcho alegremente hacia la perdición, ¿qué deberé inventar para que no me juzguen?
  4. Los demagogos han descubierto que más de uno espera de ellos que suministren esperanzas imposibles. Basta que no se avergüencen de hacerlo, para convertirse en líderes de una mayoría desubicada.
  5. El populismo florece en el terreno fértil de las frustraciones colectivas. Cuando no se ven salidas verdaderas, ni se esperaba hallar obstáculos, cualquier promesa irresponsable se da por solución infalible.

    Johan Ulrich Krauss: Proserpinas

    Johan Ulrich Krauss: Proserpinas

  6. Acepta promesas imposibles de cumplir, como disfruta cuentos de hadas. Cualquier cosa remotamente relacionada con la responsabilidad personal, le resulta intolerable.
  7. El trabajo de los embaucadores nunca fue más cómodo que hoy. Sus víctimas probables quieren ser embaucadas, pugnan entre ellas por el privilegio de experimentar antes que nadie un engaño consentido.
  8. El ansia de poder da sentido a la vida del demagogo. ¿Qué haría del universo vacío que lo acosa cuando se mira al espejo? Necesita compañía, siempre y cuando se le subordinen.
  9. Con tal de no estar solo, el demagogo se arriesga a mezclarse con la gente que desprecia y debe seducir. Sin su apoyo, no podría disfrutar el Poder que lo obsesiona. Pero ellos solo existen para que los manden.
  10. El Poder tiene mezquindades y prebendas que no suelen mencionarse y minimizan las improbables grandes ideas que deberían encubrirlas. No hay grandeza que logre desprenderse de manchas como esas.

    José Clemente Orozco: El Demagogo

    José Clemente Orozco: El Demagogo

  11. Nos gusta dejarnos arrastrar por los demagogos (para responsabilizarlos a ellos del desastre, en el caso de que tarde o temprano nuestros proyectos insensatos sean derrotados).
  12. Si los demagogos no hablaran por nosotros, diciendo en público aquello que pensamos y todavía no nos atrevemos a decir, seríamos la buena gente que al parecer no somos. Tal como suelen darse las cosas, nos hemos convertido en sus cómplices.
  13. Lo inaceptable necesita ser al menos tolerado y negociar acuerdos para sobrevivir, basados en la mentira. Mostrarse tal cual es, lo sabe, lo expondría a que lo desenmascararan.
  14. Disfrutar el canto de las sirenas permite olvidar que con toda seguridad ellas anuncian la muerte. ¿Puede haber mayor alivio que concentrarse en esas voces y dejar de lado lo que sabemos que viene después por un rato?
  15. Dime lo que pretendes hacerme creer sobre tus actos cuestionables y te diré qué me ocultas, porque las evidencias no sostienen el menor análisis. Mientes todo el tiempo.

    Jim Jones y niños de la comunidad de Guyana

    Jim Jones y niños de la comunidad de Guyana, antes del suicidio colectivo

  16. Dejarse arrullar por el discurso del demagogo, suspendiendo cualquier intento de incredulidad, puede ser un placer culpable, pero al menos al comienzo se lo disfruta.
  17. Si el demagogo no se cree su propia monserga, por estúpida que sea, ¿cómo podría convencer a sus seguidores de que lo apoyen? Una vez que pierde las dudas, reconozcamos que se vuelve invulnerable.
  18. ¿Engañarme? No tienes que ser demasiado hábil para que yo acepte el engaño. Solo debes oír mis demandas no dichas, que te indican con exactitud por dónde soy vulnerable.

    Manuscrito Siglo XIV: Ulises y las sirenas

    Manuscrito Siglo XIV: Ulises y las sirenas

  19. El embaucado quiere que lo engañen, necesita experimentar un castigo a su estupidez que pudo haber evitado, si tuviera un mínimo de afecto por sí mismo. Cabe sospechar que busca al embaucador para que cumpla el doble rol de juez y verdugo para el que lo ha convocado.
  20. Los creyentes se castigan por los pecados que reconocen haber cometido. Las víctimas de engaños atribuyen a los embaucadores la responsabilidad de su propia estupidez.
  21. ¿Por qué resultan mortales las sirenas? Porque las víctimas dejarían de encontrarle sentido a sus vidas, si no encontraran un castigo tan definitivo por su debilidad.

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Dejarse llevar

18 julio 2015
Pieterr Brueghel: Parábola de los ciegos

Pieterr Brueghel: Parábola de los ciegos

Do not go gentle into that good night, / Old age should burn and rave at close of day; / Rage, rage against the dying of the light. / Though wise men at their end know dark is right, / Because their words had forked no lightning they / Do not go gente into that good night. (Dylan Thomas)

  1. Dejarte llevar hacia la muerte, tal como son conducidas las ovejas al redil: es una imagen armoniosa para las ovejas, odiosa para un ser humano. ¿No deberías reclamar algo mejor, aunque a la larga no tengas mayor chance de conseguirlo y a la corta solo sufras más que si optaras por entregarte.
  2. El recuerdo de haberse dejado llevar, puede ser en ciertos casos placentero y en otros repulsivo. En realidad, no es cosa de abandonarse a no importa qué, sin pensar primero en mejores alternativas.
  3. Dejarte llevar, miserable y no obstante satisfecho de que al menos no sufres más que el resto de aquellos, que desde hace mucho se resignaron a sufrir.
  4. Lejano parece el tiempo en que te indignaba saber de que a pesar de su dormido potencial, tantos oprimidos no se rebelaban. Hoy entiendes su inacción, porque eres uno más de ellos.
  5. Dejarse llevar puede ser visto como un deporte: después de todo ¿qué pasará si algo le sale mal a quien se abandona?
  6. Al dejarte llevar, la vida no tarda en revelarse como un juego con reglas, pero sin sentido. Cuando algo falla, simplemente se reinicia, sin duelo ni aprendizaje. Ahí no ha pasado nada.
  7. ¡Entrégate! En lo posible, sin pensarlo dos veces, porque si lo advierten, te cobrarán la falta de convicción.

    Orson Welles: Yhe Lady from Shanghay

    Orson Welles: Yhe Lady from Shanghay

  8. Dejarse llevar es una decisión mil veces más firme que hacerse responsable de sus propios actos. Cualquier cosa parece preferible, antes que el inhumano esfuerzo de tomar decisiones y responsabilizarse.
  9. Dejarse llevar suele ser una orden. ¡Ay de aquel que deje ver su intención de analizar la experiencia! No se necesita más para designarlo como un peligro para el disfrute del resto, aquellos que dócilmente se dejan llevar hacia donde no saben, ni por qué, con tal de no hacerse problemas.
  10. Renuncia a cualquier intento de controlar su vida. Quiere que alguien (poco importa quién, ni con qué intenciones) lo sustituya en esa tarea que se le ha vuelto insoportable. Dadas sus expectativas, no tardará en hallar a quien lo crucifique.
  11. Dejarse llevar es hoy una moda Tratar de controlar lo que se pueda de la propia existencia, es algo que hace tiempo dejó de usarse. Te expones a verte ridículo, si te empeñas en ir contra la corriente.
  12. Dejarse llevar puede convertirse en una religión. Si abandonas cualquier rebeldía para entregarte a impulsos que vienen de no importa dónde y te conducen a no importa qué, tienes el eterno bienestar asegurado, por atroz que le parezca al resto del mundo.
  13. Créase o no, dejarse llevar es una visión del mundo. En el pasado te diste de cabeza contra los muros, tantas veces que hoy das por descontado el inevitable fracaso. Para llegar a ese punto que no atinas a evitar, te dejas llevar.ciegos
  14. Dejarse llevar por un estilo de vida plausible, aunque mezquino, que puedes verlo alrededor, allí donde miras. Nada funciona demasiado bien de ese modo, pero tampoco se plantea otra idea mejor. En tal caso, ¿vas a resistirte? La soledad puede aterrarte demasiado.
  15. Dejarte llevar por las ideas que hasta hace mucho condenabas. En tu camino a Damasco, viste la luz o te resignaste a la oscuridad, como si no te quedaran otras alternativas que el asombro.
  16. Dejarse llevar es una consigna oficializada: ¡basta de organizar una resistencia condenada al fracaso, que solo estorba los planes de quienes te controlan! Aquel que no abandone por las buenas su capacidad de decidir, lo pasará bastante mal. ¿Qué cuesta mostrarse razonable? No se trata de una amenaza, sino del propio bien de los involucrados.
  17. Dejarte llevar es olvidar que en otros momentos adoptaste decisiones riesgosas, que experimentaste victorias y fracasos, pero en todos los casos fuiste tú quien lo intentó, no la manada en la que hoy te incluyes.
  18. Dejarse llevar, como en los bailes tradicionales, donde el hombre conduce a la mujer y la mujer se entrega dócilmente, porque no le quedan alternativas de bailar sola. En cuanto a la posibilidad de que ella conduzca a su pareja masculina, sería simplemente humillarla y ganarse el eterno resentimiento de él.
  19. Dejarte llevar, convencido de que cualquier intento de hacer otra cosa será derrotado. Entregarte sin pelea ni negociación. No eres el primero, ni el último. ¿Te asombra que algunos te miren con menos pena que asco?
  20. Dejarte llevar por la corrupción. Si la contemplas desde fuera, hiede al punto de cortar la respiración, pero si te abandonas a la corriente, como te prometen los corruptos, después de un rato el olfato dejará de impedir que disfrutes la compañía.
  21. Dejarte llevar por un tiempo, en la confianza de que te animarás a rebelarte en el futuro. ¿Puede haber un consuelo más imbécil?
  22. Dejarse llevar ahora, para obtener algo a cambio en el futuro. ¿Qué esperas ganar? ¿El aplauso? ¿Una disminución de la carga que te reservaron? Más probable es que te hayan reservado un tormento vitalicio.

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Animus jocandi: regreso a la vida absurda

18 abril 2015
Ludwig Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein

Lo que se deja expresar, debe ser dicho en forma clara; sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar. (Ludwig Wittgenstein)

  1. Dolorosa carencia de sentido que exhibe la realidad, en alguna de las tantas celebraciones colectivas. No hay que buscar demasiado para encontrar el generalizado dolor que encubre el acuerdo de divertirse en compañía.
  2. Divertirse, olvidar que la vida reclama algún sentido para que uno la tolere, abandonarse al vértigo de no pensar: tal es el proyecto que se ofrece como si no hubiera alternativas. ¿Quién se atreve a rechazar la oportunidad sin tener que dar detallas explicaciones?
  3. La gente seria estorba. ¿Quién no siente la tentación de cerrarle la puerta en las narices, antes de que contagien su afán de responsabilizarse de todo, a quienes se habían planteado ser felices, al menos mientras les esté permitido?
  4. Hay que aprender a jugar en las circunstancias adecuadas, como hay que aprender a responsabilizarse del juego todo el tiempo.
  5. Durante las celebraciones, gracias a un proyecto que inevitablemente se encuentra vacío, cada uno evita llegar a la conclusión de estar demasiado solo.
  6. En el caso (improbable) de que pudiera poner algún orden en mi vida, yo me conozco bien: dudo que me pusiera en condiciones de disfrutarlo.
  7. El irresponsable consigue causar la mejor impresión en quienes deseaban ser engañados, antes de dejar al descubierto su corrosión sistemática de cada una de sus improbables promesas.
  8. Mi desorden puede resultar molesto para los demás, que en ocasiones lo observan, pero al menos puedo reconocer que es mío y se lo atribuyo a nadie más.

    Grete Stern: Collage

    Grete Stern: Collage

  9. El orden que viene de afuera, suele serme impuesto sin consultarme. Aunque me ayude más de lo que reconozco, sigue pareciéndome ajeno y con cierta frecuencia odioso.
  10. ¡Tantas bofetadas recibes de la realidad! En buena hora llegan, lo reconoces, porque te obligan a despertar, cuando hubieras podido continuar (encantado) rumbo al desastre que gracias al desengaño tal vez evites.
  11. Estar en completo control de mi vida no pasa de ser un sueño, en ocasiones agradable, difícil de alcanzar y con mayor frecuencia irritante. ¿Qué harías después de verificar que triunfaste y nada se te resiste?
  12. Oponerse a un alud de sin sentido, exige una decisión que a veces resulta insuficiente. Cuesta menos abandonarse a la murga de los celebrantes, que ponerse al margen y recibir la rechifla.
  13. ¿Acaso el deslumbramiento inocultable del absurdo te impide reaccionar cuando estalla? No vas a tolerarlo, eso lo decidiste. Quizás no lo derrotes, pero al menos lo enfrentas. Eso le da sentido a tu vida.
  14. ¿No sería muy bueno entenderse con el adversario y dedicar todas las energías a conseguir lo que a todos nos beneficia? De acuerdo a las evidencias reiteradas, ese logro inicial es imposible.
  15. Algo no encaja. Cuando buscas un acuerdo, te responden con nuevos conflictos, y cada vez que planteas algo que desafía la opinión dominante, recibes la indiferencia. Aunque no se la haya declarado, reconoce que estás en guerra.Fuegos_articiales
  16. No te sumas a la mayoría que decidió atrincherarse en la fiesta del sin sentido. Las danzas macabras del Medioevo no eran menos funerarias en su resignación aparente.
  17. ¡Qué claro se vuelve todo, cuando sabes (tras un examen cuidadoso o un impulso que no te detienes a pensar por segunda vez) a qué te opones, pero solo se trata del primer paso que debes dar de inmediato, porque no puedes quedarte inmóvil!
  18. De la fiesta al duelo, no hay tantas diferencias. En ambas dejas de cuestionar quién eres, de dónde vienes, adónde vas, para concentrarte en nada más concreto que tus sentimientos de ahora.

    James Ensor: Autorretrato con máscaras

    James Ensor: Autorretrato con máscaras

  19. Alguien debe encargarse de las tareas que menos te agradan. Haz un esfuerzo y sonríe. Da la casualidad que esta vez ha sido tu turno y en vano esperas que te reemplacen.
  20. Animus jocandi: nada te importa demasiado, nada esperas de ti, archivas cualquier proyecto, mientras el vértigo del absurdo se proclama vencedor de ya no importa quién (puesto que quedaste en el camino) y para siempre.
  21. ¡Olvidarme de mí, entregarme a lo que se dé, siempre y cuando esté de moda, ser aceptado por la mayoría, no verme cuestionado en nada…! Las fronteras del paraíso que me ofrece el conformismo pueden revelarse pronto como los muros de una prisión. Una vez que los franqueas, no solo me protegen. ¿Acaso dejan abierta alguna salida?

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Caer y levantarse

14 enero 2015
Julio Cortázar

Julio Cortázar

Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo. (Julio Cortázar)

  1. ¿Qué puede ser más previsible? Todo lo que se alza, inevitablemente cae. Levantarse es la excepción, que no siempre se aprecia como una hazaña grande o pequeña. Caer es la norma que tiende a evaluarse como fracaso, cuando no pasa de ser la regla siempre desafiada, nunca derogada.
  2. Caer y levantarse. No me rendiré tan pronto, me digo con frecuencia. A veces, en nada pienso menos que en rendirme. Otras, lo pienso como una más de las alternativas que a continuación desecho.
  3. Si logras postergar la anunciada caída, caminas.
  4. Caer y levantarse. No es la primera vez que te ocurre. De acuerdo a las probabilidades, tampoco será la última. Esa es tu mayor ventaja, porque te ha pasado antes y sobreviviste, por eso afrontas el desafío de que siga ocurriéndote. No te dejas morir por eso.
  5. Te veo caer y no me importa demasiado. Cuando (no sin sorpresa) reconozco mi indiferencia, descubro que todo me acusa.
  6. Te veo caer y te ayudo a levantarte, sin esperar a que me lo pidas. Tal vez me lo agradezcas, tal vez te moleste mi buena voluntad. Estás en tu derecho. Tengo que estar preparado para apartarme lo antes posible.
  7. Rechazas mi ayuda y de todos modos sigo atento a los primeros pasos que das, porque cualquiera en tu situación estaría confundido y nada le molestaría más que reincidir delante de testigos cuya buena voluntad te ofende.
  8. Los golpes de tus adversarios te encuentran preparado. Los golpes de aquellos en los que confías, te destruyen.

    Condena de Sísifo

    Condena de Sísifo

  9. Quizás no llegues a ninguna parte. Quizás te has propuesto una empresa que no puede ser más vana. Cuando veo la enormidad de tus esfuerzos, tu insistencia en errar, mis generosas objeciones iniciales quedan anuladas.
  10. Si marchas con paso tan firme hacia la perdición, ¿por qué debo impedírtelo? No me lo agradecerás, ni es posible que consiga cambiar tu rumbo. Solo seré un estorbo, enojoso pero fácil de superar. Quieres perderte y recibir el castigo al que te has condenado.
  11. Perder el equilibro, para arriesgar a dar un paso y equilibrarte de nuevo, con el objeto de perder otra vez el equilibrio y buscar otra vez el equilibrio. Al aceptar el riesgo, avanzas.
  12. Hay caídas irreversibles, que conviene aceptar para no prolongar el tormento de una recuperación condenada al fracaso. El optimista se dice: “Quizás no sea ésta”.
  13. Tropiezo y a continuación recupero, no sin esfuerzo, el equilibrio. Cometo errores que una vez advertidos y acallado el enojo que me suscitaron, analizo. Me detengo a cada rato, no para morir, sino para cobrar fuerzas.
  14. La tentación de echarte a morir, no te resulta desconocida. Solo algo te impide refugiarte en ese puerto seguro: el deseo de poner fin tanto esfuerzo inútil es demasiado intenso.
  15. En medio de la ofuscación más completa me digo: grandísimo idiota ¿qué estás haciendo? Hablo de mí, me hablo a mí, sin mucha consideración, como si le hablara a otro. Gracias a la distancia que la palabra instala, recupero al ser pensante que intenta controlar sus actos.
  16. ¿Por qué no dejarse caer, para no levantarse más? Descansar, descansar finalmente, después de haberte forzado a mantenerte en pie gran parte de su vida. Esa tentación, que mil veces dejaste lado, no ha desaparecido. Regresa, cada vez más seductora.

    Samuel Beckett

    Samuel Beckett

  17. En momentos difíciles te has obligado a ponerte de pie, aunque lo más adecuado a tu situación hubiera sido continuar tendido. Esperar que avanzaras, era exigirte una hazaña fuera de tus posibilidades.
  18. Caer, caer, caer hasta no pensar en nada más. No es un estilo de vida, cuya estupidez no hace falta señalar, sino un punto de llegada, tras el cual resulta imposible continuar esta cadena de errores.

Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor. (Samuel Beckett)

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Detestables indolentes y parásitos

3 junio 2014
  1. No hacen nada que valga la pena tomar en cuenta. Se dejan estar, juntando mugre mientras tanto, como quien acumula intereses en su cuenta de ahorros. Pretenden ser los exponentes máximos de alguna vaga reivindicación que ni siquiera se toman el trabajo de plantear. A la larga, heredarán el universo.

    Edward Hopper; Pintura

    Edward Hopper; Pintura

  2. La misión en la vida de los indolentes es evitar el menor esfuerzo, mientras puedan despertar la piedad ajena, que obliga a unos cuantos imbéciles a rogarles que se dejen alimentar, porque de otro modo morirán de inanición, para el eterno remordimiento de quienes pudieron haberlos salvado. ¿Cómo consiguen controlar de tal modo las fantasías redentoras de sus víctimas?
  3. Están convencidos de que la Providencia Divina les debe algún favor por no haber hecho nada que altere la situación actual del universo. Como todo lo que se espera, puede llegar. Si no sucede, tampoco habrán invertido mucho.
  4. Han convertido la inacción en un deporte y quieren competir con otros, para comprobar quién hace menos.
  5. ¡Bienaventurados los parásitos, porque su sola existencia indigna más que mil denuncias de situaciones injustas!
  6. Aunque los seguidores de Buda sostengan que en este mundo pasajero, hasta el piojo tiene tanto derecho a vivir como un ser humano, debo haber evolucionado poco, porque me niego a que lo haga a mis expensas.
  7. Hay los indolentes del Poder, que acaparan los privilegios más odiosos y no dan nada a cambio, y los marginales, que solicitan la inmediata compasión de cualquiera, porque los recursos más elementales les habrían sido negados. ¿En qué se parecen? Todos reclaman que los mantengamos.

    James Ensor: Máscaras

    James Ensor: Máscaras

  8. Con tal de no hacer nada que altere su actual disfrute de una buena posición que no merecen, los indolentes prefieren exponerse a que sus críticos les corten la cabeza. Cualquier cosa, menos el esfuerzo que requiere un cambio.
  9. Aquí o allá, las instituciones demuestran su evidente incapacidad para reconocer el mérito de los que producen y premiar a quienes solo aparentan hacerlo. Si sucediera lo contrario, serían tan exitosas que los parásitos las dinamitarían.
  10. No se necesita demasiado estímulo para que un burócrata no haga nada, pero una vez que su situación queda al descubierto, disculpar la inactividad le requiere con frecuencia el gasto de mayores energías que las requeridas por hacer aquello que correspondía.
  11. Nada los alienta a creerse el centro del mundo, pero actúan convencidos de que no tampoco hay nadie capaz de contrariarlos. Si algo o alguien se opone a esta convicción que parece desprovista de importancia, lo más probable es que despierte una fiera descontrolada, capaz de destruir a todo aquel que se le cruce en el camino.
  12. Pase lo que pase, no planea moverse de donde está. Habrá que ver si alguien considera posible quitarlo de aquello que él ha designado como su territorio, porque lo defenderá con uñas y dientes, como si no pudiera estar más satisfecho de la evidente poquedad que retiene.
  13. Los incapaces revelan una habilidad suprema cuando se trata de perpetuarse en instituciones que miran para otro lado cuando gente como ellos se introduce, no importa cómo y prometen que no habrán de cuestionarlas.
  14. Descansaría mejor, se dice, si no divisara tantos intrusos merodeando su preciado territorio, una situación que basta para ponerlo en alerta y estimular su defensa, aunque no haya comenzado ninguna agresión.
  15. ¡Quizás no suela mover un dedo para detener las injusticias que al parecer otros sufren, demasiado lejos para que él se entere, pero lo verán desplegar todo su ingenio, sus contactos y una envidiable falta de escrúpulos si se atreven a cuestionarlo!

    Jan Lenica: Rinocerontes

    Jan Lenica: Rinocerontes

  16. No moverse del sitio que les pertenece, ni tomar decisiones que conlleven el menor esfuerzo, son privilegios que algunos pocos disfrutan. La inactividad proclama: yo soy el que soy y nadie más que un imprudente se atreve a desafiarme.
  17. El parásito nos advierte que es mejor pensar dos veces antes de acusarlo de no producir nada, porque pocos hay más rápidos que él, cuando se trata de defender alguno de sus privilegios mal habidos.
  18. Para que un parásito se mueva del territorio donde se atrinchera, con la intención de continuar allí hasta el final de los tiempos, se requieren al menos tres condiciones: 1) que pueda sacar algún provecho personal del esfuerzo empleado, 2) que al actuar logre impedir que alguien más se beneficie; 3) que sus superiores lo vigilen.
  19. No es fácil redimir a los indolentes de los hábitos que en mala hora adquirieron. No hay nada que justifique el intento. En lugar de agradecer a quienes pretenden auxiliarlos, no es improbable que se defiendan con uñas y dientes.
  20. Los indolentes no suelen ser aquello que está a la vista, porque la Naturaleza les haya impedido alcanzar un estado más digno. Se empeñaron en serlo y no renunciarán a un proyecto como ese, que tanto aman y ha llegado a convertirse en reflejo condicionado.

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Acomodos y otras infamias cotidianas

12 abril 2014
  1. Cuando el fuego de la ideología se extingue, el acomodo ocupa el territorio dejado libre, sin renunciar a su antiguo vocabulario de combate. Donde hubo gestos que comprometían, quedan la caricatura y el travestismo, no sea que el vacío se note.

    Franz Masereel: La ciudad

    Franz Masereel: La ciudad

  2. Vociferantes, los demagogos confían aplastar cualquier disidencia con sus voces amplificadas, antes que con razones. Si no logran acallar a todos, temen, ellos comenzarán a pensar por su cuenta, y en ese caso estarán perdidos.
  3. A la sombra de los grandes discursos, el silencioso acomodo prospera. Solo hay grandes discursos para distraer de las incesantes negociaciones del acomodo.
  4. Pónganme donde haiga, decía el viejo aspirante a burócrata. Quizás el idioma haya sufrido, pero la expresión de una voluntad irrenunciable no pudo ser más certera.
  5. La indiferencia de los acomodados al mundo que debe alimentarlos, es una evidencia imposible de negar. Sus raros simulacros de solidaridad solo tienen como función confundir a los espectadores con escaso criterio que pudieran objetar su comportamiento.
  6. Desde el punto de apoyo que le brinda el Poder, el acomodador distribuye y cobra favores entre los postulantes, como si el mismo Dios lo hubiera traído al mundo con esa misión irrenunciable.
  7. Si el Estado se reduce ostensiblemente, de todos modos continúa siendo una agencia de empleos, que quizás ofrezca menos oportunidades que antes, pero les concede cada vez mejores retribuciones.
  8. Todo se compra en la actualidad, quizás por la razón de que todo se encuentra en venta. Cuando aquellos que se proclaman honestos compran impunidad, la pagan cada vez más cara, pero deben reconocer que por haber tanta demanda, no pueden esperar que haya descuentos.

    Adolf Hiler con jóvenes hitleristas

    Adolf Hiler con jóvenes hitleristas

  9. Si el servicio público fuera algo más que un eslogan, para ornamentar el discurso de los burócratas, solo incautos que pronto van a ser desplazados lo tomarían en serio.
  10. Tomaron por asalto el Estado, mientras prometían regenerarlo. Utilizaron esa prédica distractiva para reacomodar a los suyos.
  11. Allí donde se manifiesta el Poder, se establecen mafias que no dejan pasar la oportunidad de sacar provecho de aquellos que pretenden acceder a él y aquellos que pretenden burlarlo.
  12. Proteger y amenazar pueden llegar a parecerse demasiado. A veces uno pasa de una actitud a la otra sin darse cuenta. No está mal que esto pase. Esto permite a los beneficiados/damnificados apreciar con objetividad qué frágil es su situación y cómo necesitan a quienes los protegen y amenazan.
  13. La experiencia le dice que suele estar libre de dudas que ensombrecen la vida de los tontos. Cuando enfrenta un conflicto, solo tiene que atender a su conveniencia para resolverlo.

    Jan Lenica: Rinocerontes

    Jan Lenica: Rinocerontes

  14. ¿Quién se atreve a denunciar el acomodo? Secretamente, uno espera que le llegue el turno de disfrutarlo. Detrás de esa esperanza, progresa la impunidad.
  15. Los más fuertes deben aceptar la necesidad de defenderse unos a otros. No se trata de solidaridad con el más débil, sino de complicidad para no perder los privilegios que desde hace tiempo reservaron para su exclusivo disfrute.
  16. Uno se acostumbra a la buena vida y dejar de lado los escrúpulos, mientras cuestan demasiado el sacrificio y la coherencia ética. No es difícil darse cuenta de quienes tienen todas las posibilidades de prevalecer.
  17. Alguien tiene que ensuciarse las manos, para que otros (a pesar de los beneficios indudables que sacan de la situación) puedan mostrar las suyas, impolutas.
  18. Resplandece la obscenidad del acomodo: aquellos que lo disfrutan, no tardan en convencerse de que pueden exhibirlo sin que nadie los señale con un dedo, porque de hacerlo se arriesgan a que el dedo los señale.
  19. El mundo es así, te dices. Debería ser mejorado, pero no eres tú quien recibió el mandato de emprender esa causa. Mientras tanto, los acomodados prosperan.

    Georg Grosz: Pintura

    Georg Grosz: Pintura

  20. Dan risa y pena mezcladas, aquellos que después de ensuciarse las manos por primera vez, pasan el resto de su vida tratando de librarse de las huellas que nadie más que ellos pueden ver.
  21. En medio de aquellos que no se atreven a burlar las leyes para conseguir lo que desean, los pragmáticos demuestran que una tonta restricción no los detendrá y lo estúpido que sería para el mundo prescindir de su ejemplo.
  22. El acomodador disfruta de un respeto nacido del temor. De su capricho depende la suerte de muchos, y no desaprovechará la oportunidad de hacérselo sentir. Si no le rinden pleitesía, pueden ganarse su eterno encono.
  23. Hace favores que a su debido tiempo cobra, con los intereses acumulados. En realidad, solo hace aquellos favores que los beneficiados no pueden evitar pagarle.
  24. Los méritos personales serán tomados en cuenta, siempre y cuando los favorecidos por el acomodo los ostentan como adorno, después de haberse acomodado.
  25. Si no quieres que te exploten, no busques ayuda cuando esperas que alguien resuelva no importa cómo, aquellos problemas que no te atreves a encarar por tu cuenta y riesgo.
  26. Si recurres a alguien en busca de acomodo, debe ser porque prefieres que al favorecerte se aproveche de tus debilidades, antes que correr el riesgo de demostrar que no estás en condiciones de obtenerlo con tus méritos.
  27. Una vez que vendes el alma al Diablo, ¿qué esperas, aparte de obtener los inmediatos beneficios que te deslumbraron? ¿Acaso pierdes el sueño? No puedes postergar indefinidamente el momento el entregarla. ¿Por qué no lo disfrutas mientras tanto?
  28. La hermandad en el crimen tal vez no sea una virtud de la cual uno pueda sentirse orgulloso, pero su solidez fue demostrada tantas veces, que la sombra de una posible traición no te quitará el sueño.
  29. Si denuncias mis fallas, ten por seguro que no descansaré hasta localizar las tuyas y exponerlas, porque nuestra inoperancia es difícil de ocultar, y si nadie lo ha denunciado hasta la fecha, será porque todos nos atenemos al mismo código de silencio.

    Saul Steinberg: dibujo

    Saul Steinberg: dibujo

  30. Somos adversarios que jugamos limpio mientras no nos ataquen. Si eso deja de ocurrir, prepárese quien sea para una lucha que solo terminará cuando lo hayamos liquidado.
  31. ¿Quién de nosotros se encuentra libre de objeciones? Con toda seguridad, ninguno. ¿Quién se arriesgará a denunciar las evidentes deficiencias del otro? Ninguno, mientras respetemos el acuerdo tácito de callar, cada vez que pretendan enfrentarnos, con el objeto de que unos y otros nos destruyamos.

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