Malos consejos

Nicolás Maquiavelo

A los hombres hay que conquistarlos o eliminarlos, porque si se vengan de las ofensas leves, de las graves no pueden; así que la ofensa que se haga al hombre debe ser tal, que le resulte imposible vengarse. (Nicolás Maquiavelo: El Príncipe)

  1. Haz lo que decidiste hacer, sin escuchar las razones de quienes te han visto emprender lo que consideran un camino sin salida. ¿No es eso lo que tanto buscabas? Luego pagarás el precio del intento y no es improbable que durante el proceso algo hayas aprendido. En caso contrario, tu purgatorio habrá de reiniciarse.
  2. Si te enamoras, ¿por qué no cierras los ojos? Mantenerlos abiertos tiene sus riesgos que tal vez tu feliz entusiasmo inicial no supere. Después de todo, no mirar es un gesto de cortesía hacia la otra persona.
  3. Si vas a robar, como has decidido que es tu vocación indeclinable, roba mucho y sacrifica un alto porcentaje para asegurar tu impunidad. De otro modo, no será un buen negocio.
  4. Acepta la mediocridad y pronto descubrirás que se ha vuelto una norma colectiva que estás obligado a respetar.
  5. ¿Te parece estúpido hablar de principios, cuando solo quieres aprovechar las oportunidades? No seré yo quien trate de convencerte de lo contrario, porque evidentemente no eres tú quien está dispuesto a oírme.
  6. De acuerdo a la opinión dominante, nada tiene hoy mucho sentido. Por lo tanto, da lo mismo atenerse a los códigos de convivencia o usarlos como felpudo. ¿No es cómodo?
  7. Alternativas hay que te deslumbran. Las adoptas sin pensarlo dos veces y para siempre. Luego verás si pueden corresponder a lo que imaginaste o revelarse como una pesadilla que nadie más que tú alimentó.
  8. Busca el placer y nada más que el placer, si no ves mejor alternativa que dé sentido a tu vida. Prepárate para que tus expectativas sean defraudadas.
  9. Acepta como cosa irrelevante las injusticias que todavía no te ha tocado sufrir, y luego no podrás defenderte de las arbitrariedades a las que te sometan.
  10. Justifica la mediocridad y luego intenta limpiarte las evidencias de lo que solo puede ser identificado como tu innegable complicidad. No te será tan fácil.
  11. Disfruta la mediocridad que te seduce. ¿Quién te lo impedirá? Estás en tu derecho. No comiences a buscar excusas para agredir a quienes podrían juzgarte un día de estos.
  12. Si vas a traicionar a quienes en mala hora confiaron en ti, no mires para atrás después de lo que hagas. Deprime ver tantas víctimas de su popia estupidez. Para disfrutar a fondo la vida, conviene ser amnésico.
  13. Si vas a ignorar tus compromisos, no te demores demasiado. Causarás menos daño a los tontos que te creyeron. Ahora bien, si disfrutas el espectáculo de su estupidez, hazles creer que vas a cumplirlos.
  14. Reconoce tu maldad. En eso te destacas. No te recordarán de otro modo, más favorable, pero entre tanto más de uno, intimidado o asqueado te dejará el camino libre para que exhibas lo peor de ti.
  15. Cancela cualquier recuerdo de tus errores pasados. Imagina que nunca existieron y puedes encaminarte alegremente a cometerlos con la inocencia de la primera vez.

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  16. Si algo maravilloso tiene la memoria es su capacidad para fallar. No hay recuerdos seguros, todo se disuelve en la imprecisión de justificaciones e interpretaciones de lo que resulta inaceptable.
  17. Despreocúpate de las injusticias que no te alcanzan. ¿No te sientes más liviano al liberarte de tontos escrúpulos? Ahora, sin embargo, estás hundiéndote en la complicidad.
  18. Abandónate a la mediocridad que solicita tu participación y no tardarás en ser responsable de mucho de lo que lamentablemente se hace y (todavía peor) de lo que lamentablemente se deja de hacer.
  19. No me prestes atención. ¿Quién soy yo para darte consejos? Un tonto que se imagina librándote de una multitud de obstáculos que para ti simplemente no existen.
  20. Encubre la injusticia y luego intenta mirarte en un espejo. Te has manchado, y aunque te limpies con el mayor cuidado, siempre habrá quienes sigan viendo la huella.

Las ofensas deben inferirse de una sola vez, para que durando menos, hieran menos; mientras que los beneficios deben proporcionarse poco a poco; a fin de se saboreen mejor. (Nicolás Maquiavelo: El Príncipe)

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