Fanáticos, por la gracia de Dios

Hooligans

Hooligans ingleses

Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable. (Voltaire)

El idealismo, por desgracia, no te protege de la ignorancia, ni del dogmatismo, ni de la estupidez. (Sidney Hook)

  1. ¡Ah, el formidable placer de no pensar! Se avanza por la vida como si fuera con piloto automático. De un modo u otro, siempre se llega al mismo sitio: un más que previsible desastre.
  2. El fanatismo se contagia, se desliza sin hallar dificultades, se recibe con el entusiasmo de quien lo esperaba sin decirlo, mientras la objetividad que tanto cuesta alcanzar es sospechada de todo tipo de iniquidades, y en el caso de haberla obtenido, no tarda en extraviarse, apenas uno se descuida.
  3. Poco le importan las repetidas evidencias de estar equivocado, ni hacer el ridículo al sostener el mismo error con tanto entusiasmo, porque lo peor que podría ocurrirle es verse obligado a retractarse. Entonces, el mundo que elaboró con tanto amor, se derrumbaría.
  4. No ve lo que a sabiendas no acepta ver. Malinterpreta sistemáticamente lo que oye, con tal justificar su enfrentamiento con los adversarios. Dedica tantas energías a perfeccionar su ignorancia, que no le queda tiempo para aprender de sus errores.
  5. Antes que reconocer una falla en el sistema inquebrantable de su fe, se dedica a destruir con ensañamiento a todo aquel que se haya atrevido a señalarla.
  6. Se designaron a sí mismos dueños de la verdad. ¿Cómo resignarse a que los cuestionen? Probablemente no saben defenderse, después de haberse acostumbrado a agredir a todo aquel que hubiera preferido un diálogo.
  7. Ser invitado a dialogar, es una humillación intolerable, para todo aquel que no puede imaginar otra posibilidad que la de ser escuchado.

    Flagelantes medievales

    Flagelantes medievales

  8. Voluntariamente el fanático se instala en una cumbre que resulta inaccesible para el resto de los seres humanos, por lo que cualquier paso que dé a continuación. se convierte en la humillación de una caída irreversible.
  9. El fanático da tanto por sabido, que no le queda nada por aprender, nada por corregir, nada por disculparse. Da la impresión de querer mostrarse ante el mundo como si ya estuviera muerto y libre de los ajustes inevitables que deben efectuar a cada rato los seres vivos.
  10. El fanático se aferra a un par de slogans, con la desesperación del anciano que se aferra al bastón. Si se lo privara de su punto de apoyo, se derrumbaría o (lo que es más probable) debería probar que puede prescindir de las ideas prestadas que no se cansa de reciclar, para generar las suyas.
  11. El disfraz es difundir una idea. La realidad es el deseo de agredir a no importa quién sea designado como adversario. Si las ideas no se proclaman con tanto énfasis, el comportamiento criminal quedaría al desnudo.

    Flagelantes filipinos

    Flagelantes filipinos

  12. Se encuentran tan convencidos de haber sido designados como portadores de la verdad, obligados a difundirla entre los imbéciles que todavía no la aceptan, que no conciben la menor posibilidad de vivir un espejismo.
  13. Pase lo que pase, no se desviará de la huella que fueron trazando sus pasos, mientras memorizaba el único trayecto que se autorizó a recorrer. El mundo que tal vez existe fuera de la ruta, solo puede ser una amenaza.
  14. Poco importa que vocifere sin asco ni piedad los mismos argumentos. Solo trata de evitar que alguien más utilice la oportunidad que le corresponde de hacerse oír.
  15. Corren los fanáticos, deslumbrados, hacia el futuro que solo existe en su delirio, como los perros que ladran a la luna. Hay más duelo que decisión en su enojo.
  16. Solos, deben esconder su fanatismo como una tara que los incapacita. Al reunirse, en cambio, se envalentonan: ellos tienen la razón por estar de acuerdo.
  17. Si pudiera sobrevivir en medio de las dudas que atormentan a cualquiera, y permiten superar los errores, no se entregaría con tanta desesperación y esperanza mezcladas al fanatismo.
  18. Si uno los deja hacer, para no estimular sus comportamientos más irritantes, de todos modos los fanáticos encuentran algo que les permite dar continuidad a su delirio, mediante el cual consiguen dar sentido a sus vidas.

    Representación de agresión a una mujer en Kabul

    Representación de agresión a una mujer en Kabul

  19. Experimenté la inconsistencia amenazante del fanatismo ajeno muy temprano. Fue un buen momento, porque me reveló la urgencia de no dejarlo instalarse, comenzando por mí.
  20. Adora la discusión, porque el enfrentamiento con otros puntos de vista le permite demostrar que, pase lo que pase, impondrá al mundo su sordera, dado que es, ha sido será el tranquilo dueño de la verdad.
  21. El fanático dirá lo mismo, dirá lo mismo, continuará diciendo lo mismo, porque de otro modo entraría en pánico. No tiene otro tema. El error flagrante que se empeña en sostener, es demasiado elemental y solo por eso logra dar sentido a su vida.
  22. Antes de que abra la boca, se sabe qué dirá el fanático. Antes de que mueva un dedo, se sabe qué hará. Lo más lamentable de su situación, no es el error del que está convencido, sino el aburrimiento de resultar demasiado previsible.

    Manifestación nazi en EEUU

    Manifestación nazi en EEUU

  23. Hay épocas en que los fanáticos proliferan, después de haber estado contenidos en sus delirios privados, porque alguna voz providencial los convoca para sumarse a la tarea de controlar el mundo.
  24. Aunque accedan al poder que los deslumbra, los fanáticos insisten en actuar como si todavía estuvieran luchando por alcanzarlo. Viven para imponerse a sus contrincantes reales o imaginarios. Desesperan por hallar alguna excusa que les permita agredir sin restricciones a quienes se atrevan a cruzárseles en el camino.

El fanatismo consiste en redoblar el esfuerzo, cuando has olvidado el fin. (George Santayana)

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no se atreve a pensar es un cobarde. (Francis Bacon)

Un fanático es alguien que no puede cambiar de mentalidad, y no quiere cambiar de tema. (Winston Churchill)

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