En retirada

BradburyEntre tantos quehaceres / y tan urgentes / me olvidé / de que también es preciso morir. / Irresponsablemente / desatendía esa obligación / o la asumí de un modo superficial. / a partir de mañana / todo cambiará. / empezaré a morir cuidadosamente / con inteligencia y optimismo / sin perder un solo instante. (Tadeusz Rosewicz)

  1. Cuando eras más joven y desubicado, confiabas por lo menos en cambiar la faz del mundo. Al envejecer, menos tonto de lo que fuiste, adviertes que te conformas con no ser dado por muerto antes de que efectivamente haya ocurrido.
  2. Comenzaste renunciando a un proyecto que te parecía irrenunciable, y luego a otro y otro. Te ibas desprendiendo poco a poco de lo que más habías amado, como quien se libera de una carga. La deseada libertad, no obstante, se encuentra siempre lejos.
  3. Nunca terminas de soltar los proyectos que te atan a la vida. Nunca terminas de aceptar el fin, aunque te digas que nada te sujeta.
  4. Prepararse para el fin no apresura su llegada. Solo tratas de organizar de nuevo (quizás por última vez) el desorden que te acecha, como demostración de que pasaste por el mundo y no fuiste un simple espectador. Si fallas, como sucederá ¿qué importa?
  5. Los gladiadores del mundo antiguo conocían bien la muerte. Matar o morir era su rutinaria opción laboral. Aunque no tuvieran otra ¿por qué debería alguien resignarse a una suerte como esa?
  6. La muerte puede tomarnos por sorpresa o encontrar la casa preparada. No creo que me alegre recibirla, pero me gustaría tener algo no demasiado tonto para decirle, cuando me derrote.
  7. Tienes que innovar, si te propones hacer lo mismo, porque (mal que te pese) ya no eres el de antes y hasta las cosas más simples, con la edad se vuelven inalcanzables o prescindibles.
  8. Negociar con las expectativas frustradas era una habilidad que no sospechabas necesitar cuando eras joven. Ahora es urgente aprenderlas, porque de otro modo te darás de cabeza contra los muros, todo por nada.
  9. Hay quienes se dejan estar, como si les diera lo mismo que todo lo que depende de sus decisiones, sea de un modo u otro. Con tal de no arriesgarse a perder, finalmente se resignan a lo peor.
  10. Malas decisiones nacen del apresuramiento. Luego, volver atrás se revela imposible. Entonces hay que tomarse el trabajo de buscar excusas que permitan no responsabilizarse de nada.
  11. Hasta no hace mucho, consideraba que mi cuerpo me pertenecía. Hoy, he debido actualizarme, porque los diagnósticos médicos y el cáncer se lo disputan.
  12. Pase lo que pase, quiero sobrevivir a mis penas. No me queda otro proyecto que salir adelante. Cuando me detengo a pensarlo, nunca le encontré más sentido a lo que denomino mi vida.
  13. Hubo momentos en los que el absurdo parecía a punto de devorar todo lo que tocaba. Hoy, bajo la posibilidad cada vez más concreta de morir, nada me parece más distante.

    Condena de Sísifo

    Condena de Sísifo

  14. Puedo estar cansado, me consta que envejecí, estoy enfermo, sufrí desengaños innumerables, y no entiendo que la decisión de vivir no se agote.
  15. Al envejecer, las actividades más frecuentes requieren cada vez mayor cuidado al emplear tus facultades, que para tu sorpresa ya no suelen ser tantas como dabas por sentado. ¡Al fin te conoces, después haberte eludido tanto tiempo!
  16. Tu cuerpo suele plantearte reclamos que en el pasado no tomabas en cuenta, porque apenas lo considerabas un instrumento de tu voluntad. Ahora sabes que lo opuesto se encuentra más cerca de la realidad.
  17. No está mal callar por ahora o incluso callar para siempre. Eso te espera, tarde o temprano, te guste o no. ¿Acaso encuentras razones válidas para resistirse?
  18. Cuando siente la sed de silencio, comprueba que nada la sacia. Callar, desaparecer, confundirse con aquello que no es, ahogarse en la negación hasta que resulte imposible volver atrás. ¡Un alivio!
  19. El silencio es adictivo. Lo paladeas una vez y a partir de entonces quieres más. De pronto, las oportunidades para callarte se te revelan cada vez más atractivas. Para tu sorpresa, el silencio se ha vuelto la respuesta que mejor se acomoda a tu apetito.
  20. La noche que pasaste en vela quedó atrás. Ahora, la luz del sol te cobija. Eso no es mucho, pero de todos modos cuenta.
  21. Aprendes a vivir con el temor y no obstante deseas no haber tenido nunca la oportunidad de tolerarlo.
  22. En medio de la noche, incapaz de dormir, ¡qué claro se ve el futuro! No por eso resulta más fácil de encarar.
  23. Te aferras a la esperanza más endeble, como si fuera capaz de mantenerte a flote. Ahora entiendes por qué dicen que es mejor algo que nada.
  24. Al escribir te expones en una desnudez que solo tiene como excusa la sinceridad, cuando invitas a los demás a que aparten los ojos de tu ejemplo.
  25. El dolor suele esconderse por pudor, delante de testigos a los que su exposición perturbaría, porque les advierte que si bien ellos no lo sufren hoy, están en las mejores condiciones de experimentarlo mañana.
  26. ¡Tanta puede ser la oscuridad que te rodea, pero si lo piensas mejor, es la misma que te acompaña, incluso desde antes de que nacieras! ¿Vas a rechazarla, cuando se encuentra impresa en tus genes?

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