Despedidas

Alfred Tennyson

Alfred Tennyson

Con todo, la vejez tiene su honor y sus esfuerzos / la muerte todo lo acaba, pero algo antes del fin / ha de hacerse todavía, cierto trabajo noble / no indigno de hombres que pugnaron con dioses. (Alfred Tennyson: Ulises)

  1. Cuando apenas se inicia el disfrute de la vida, la alternativa de dejarla suena demasiado temible. Cuando todo eso quedó atrás (y en caso de necesidad lo recuerdas) ¿qué más da?
  2. No te preguntas quién te quita lo bailado, porque la distancia de aquella experiencia te permite advertir que el baile mismo no era todo lo que te importaba.
  3. No siempre se permanece joven, ni siempre se goza de perfecta salud, porque en tal caso la juventud y la salud resultarían estúpidas. Hay que envejecer, hay que morir, para que lo otro deslumbre.
  4. Hay quienes viven por simple inercia. La recibieron sin pedirla y eso es todo. Aunque solo sea por elemental respeto al azar de tu existencia, tú quieres tomar la iniciativa.
  5. La tarea encomendada, la misión que debe ser cumplida para justificar tu paso por este mundo: siempre hay formas de complicarte la vida, que se encargan a la vez de darle sentido y aumentar la certeza de que intentes lo que intentes, vas a perder.
  6. Solo tienes por delante la certeza de que en poco tiempo más tendrás que despedirte de todo lo que alguna vez vislumbraste como tuyo. A partir de ese momento penoso ¡qué fáciles resultan las decisiones que lo preceden!
  7. ¡Bienvenidas las despedidas! Cuanto menos duren las ceremonias, tanto mejor el desempeño de aquellos que se ven obligados a participar en ellas. Son etapas de tránsito donde nadie sabe muy bien qué debe hacer. No conviene estacionarse demasiado en ninguna de ellas.
  8. Periódicamente uno se despide de gente, proyectos y paisajes. Entierra o deja atrás (elegir la metáfora que se prefiera) aquello que en el pasado acaparó toda su atención, para dedicarse a otra cosa; para mantenerse a la espera de algo nuevo cuya función será darle sentido a la vida.
  9. No es malo despedirse. Conviene no demorar el trámite, no darse demasiado espacio para el arrepentimiento, porque de ese modo, aprovechando el impulso inicial, tal vez todo cambie.
  10. ¡Adiós ilusiones, adiós engaños! ¡Qué bueno es despedirse de nuestros errores inaceptables, imposibles de ignorar, en la confianza de haber ganado algo en conocimiento!

    José Guadalupe Posadas: Calavería

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  11. ¿Por qué no despedirse por adelantado? Cuando llegue el momento de hacerlo, tal vez no me encuentre en las mejores condiciones y no quiero dejar la impresión de que fui tan tonto que no esperaba irme.
  12. Ensayo de diversas maneras el adiós al mundo que me recibió cuando yo no esperaba, ni deseaba el desafío de habitarlo. ¿Llegaré a sentirme satisfecho de los preparativos, para hacerlo efectivo?
  13. Después de haberme ido de este mundo, en buena hora no tendré la oportunidad de extrañarlo, porque no me encantó demasiado lo que descubrí de él. Eso no quiere decir que no me aferre a su mezquindad, porque todavía no veo otro mundo disponible por ninguna parte.

    Henri Matisse: La Danse

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  14. Tanto me aferré a la vida, que debo haberla arruinado más de lo que sospeché y probablemente más de lo que merecía. No es cosa de arrepentirse, sin embargo, porque no se agrega nada a la estupidez anterior.
  15. Adiós amigos, adiós enemigos. Para todos, la alternativa de que me vaya puede ser un alivio, pero lo más probable es que alguien no menos incómodo llegue para ocupar el sitio que dejo vacío.
  16. Una despedida apresurada, tal vez decepcione, pero una despedida que se demora, simplemente aburre. Si te vas, no te demores, como si estuvieras negociando para quedarte.
  17. Había deseado morir. ¿Por qué suena tan falsa una confesión como esa? Lo más probable es que al deshojar la margarita con un tema demasiado serio, su coqueteo con la muerte se revele como una frivolidad que termina quitándole todo crédito.
  18. Despedirse de tramposos y traidores es un alivio. Hasta la indignación y el reclamo de Justicia pesan menos que la alegría de dejarlos atrás, con la victoria en sus manos. ¡Que la disfruten!

    Pablo Picasso: La danza

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  19. Muy atrás quedó el primer amor. Probablemente haya otros y no quiere quitarles la oportunidad de atormentarlo y hacerlo feliz, aunque ya no le correspondan las primicias.
  20. Dejó atrás la primera traición. Según comprueba, las siguientes resultan cada vez más fáciles de sobrellevar. Si no se detiene a tiempo, pronto cualquier atisbo de lealtad le parecerá estúpido.
  21. Al envejecer, comprobó que las urgencias del sexo dejaban de ser tormentos que prometían disfrutes incomparables. ¡Cómo le complicaron la vida! ¡Cuántos momentos deliciosos le permitieron experimentar! La despedida, descubrió, no era definitiva, ni de un día para el otro. El tema dejaba de ser actual, como la juventud, que era posible recuperar por un rato en la memoria, para devolverlo pronto y sin mayor pena a la realidad.
  22. Duele como pocas cosas la muerte de los jóvenes, porque es el fin de aquellos que no lograron poner a prueba su potencial. Aquellos que tuvieron una vida productiva, que vieron el fruto de sus proyectos y sufrieron los inevitables desengaños, suelen aguardar la muerte como un premio.

Ni la juventud sabe lo que puede, ni la vejez puede lo que sabe. (José Saramago)

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