Aniversario de honorables derrotas

  1. Hace 40 años cultivaba una huerta, escribía un libro, planeaba tener un hijo. Sarmiento no le advirtió que todo eso podía fallar de un día para el otro y para ser consecuente uno debía continuar intentando lo que se había propuesto, durante el resto de su vida.

    Bombardeo de La Moneda, Chile (1973)

    Bombardeo de La Moneda, Chile (1973)

  2. Hijos que no tuve, huerta que dejé de cultivar, libros que no se escribieron o no se publicaron: si uno se concede la debilidad de mirar atrás, como le pasó a la mujer de Lot, simplemente está perdido.
  3. Se observa el dolor del pasado con la curiosidad de lo que bien pudo ser ajeno. Si hemos sobrevivido y estamos en condiciones de analizarlo con objetividad, los derrotados fueron nuestros vencedores.
  4. Algunos fueron derrotados hace 40 años y el tiempo los reivindica desde entonces. Mientras tanto, los vencedores se han visto obligados a justificarse o pedir perdón todo el tiempo, sin conseguirlo.
  5. Hay quienes prefieren que otros olviden lo antes posible circunstancias que cambiaron sus vidas, para no pensar más en una responsabilidad en esos cambios que todavía se ven obligados a justificar.
  6. La queja de la nostalgia es habitualmente sospechosa de lo peor. ¿Por qué intenta conmovernos? ¿Qué vende después de conseguirlo? Tanto se añora lo que se perdió entonces, tanto se deja de prestar atención a lo que ahora mismo se está perdiendo.
  7. ¿Quién compensa a los perdedores, tanto tiempo después de haber sido despojados injustamente de lo que tenían derecho a esperar? ¿Quién castiga a los ganadores, tanto tiempo después de haber cometido esa falta? Lo hecho, en mala hora se hizo y es irreversible, cualquier discusión se revela como una pérdida de tiempo.
  8. ¿No es un privilegio haber sobrevivido a tantas derrotas? Probablemente nadie las ostente como condecoraciones, porque se trata de hazañas discretas que mejor se olvidan, para no caer en la peste de la nostalgia.
  9. No todo tiempo pasado fue mejor. Sin duda el tiempo de los grandes proyectos fracasados afrontó mayores riesgos, era más ambicioso y generoso, ¿pero acaso quedaban otras alternativas?
  10. Hay quienes viven de ruidosas conmemoraciones, como los rentistas que viven de la fortuna que acumularon poco importa cómo. Allá ellos. O se explota el pasado para sacarle beneficios o se dedican las energías a los conflictos de la actualidad.

    Represión militar, Chile (1973)

    Represión militar, Chile (1973)

  11. 1973 nos marcó a todos los que estábamos allí para el resto de la vida. Las heridas que se produjeron entonces pueden cicatrizar con el tiempo, pero es evidente que las cicatrices no se borran.
  12. Si hay un monumento a la memoria que no puede ser profanado, son las heridas que cada uno conserva, sobre todo cuando no las expone.
  13. Con el tiempo, uno se pregunta: ¿Quién era yo entonces? ¿Cómo pude sobrevivir? ¿De dónde saqué fuerzas? A veces no encuentra una respuesta satisfactoria, como si la mayor parte de su vida, después del desastre, no fuera del todo cierta.
  14. ¿Qué esperé del mundo, cuando el mundo en el que confiaba pareció llegar definitivamente al fin? Hace 40 años hubo que ponerse otro horizonte, porque aquel en el que conocíamos ya no estaba vigente y de acuerdo a todas las evidencias, no regresaría. Ponerse a lagrimear era una imprudencia.
  15. Hay una inercia que te obliga a seguir tu vida tras el desastre, sustituir las metas que te habían impulsado, inventar caminos donde hasta entonces no existían. ¿Qué hubiera sido de ti sin ese impulso que no reclama ningún reconocimiento y sin embargo te impidió hundirte?
  16. Hace 40 años, muchos proyectos que amábamos y merecían nacer, a pesar de todos sus méritos abortaron por decreto, de un día para el otro. No eran los últimos de los que debimos despedirnos, porque continuaremos intentando parirlos.
  17. De la actualidad no pueden ignorarse las tendencias mezquinas que todo lo reducen a costo y beneficio. Del pasado, los proyectos grandiosos, por equivocados que estuvieran.
  18. Debimos aceptar que hasta los proyectos más amados fracasan, víctimas de sus debilidades o el encono de sus adversarios y otros continúan vigentes pero se desvirtúan, al punto que cuesta reconocerlos. Estos últimos son los que más duelen.
  19. El sentido común suele decirnos que el duelo debería atenuarse con el tiempo, aunque la memoria tarde bastante más en desgastarse. Periódicamente, sin embargo, el dolor impone la evidencia de que continúa vivo y nadie lo controla.
  20. Uno confía en el juicio de la Historia. No aplaca el dolor ni restituye lo que se perdió, pero tampoco alimenta las mentiras que lograron tapar el sol con un dedo, durante años.

    Normal
    0
    21

    false
    false
    false

    MicrosoftInternetExplorer4

  21. /* Style Definitions */
    table.MsoNormalTable
    {mso-style-name:”Tabla normal”;
    mso-tstyle-rowband-size:0;
    mso-tstyle-colband-size:0;
    mso-style-noshow:yes;
    mso-style-parent:””;
    mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
    mso-para-margin:0cm;
    mso-para-margin-bottom:.0001pt;
    mso-pagination:widow-orphan;
    font-size:10.0pt;
    font-family:”Times New Roman”;
    mso-ansi-language:#0400;
    mso-fareast-language:#0400;
    mso-bidi-language:#0400;}

    Algunos aprenden de una derrota que deben establecer nuevas estrategias para continuar el enfrentamiento. Otros la utilizan como excusa para convertirse en aquellos que hasta entonces combatían.

  22. Solo hay debilidad en aquellos que subestiman el peligro del adversario. Han podido seducir a sus seguidores y por eso creen que hasta sus enemigos caerán rendidos por su encanto.
  23. Capitanes de la derrota: son invencibles hasta que encaran la primera batalla. Entonces fallan y adoptan la pose del mártir, que ya tenían ensayada.
  24. Confundieron las promesas que enunciaban con la realidad. Sus adversarios no se confundieron; por eso simularon tomarlos en serio, con el objeto de masacrarlos a continuación.

Tantas veces me mataron / tantas veces me morí / sin embargo estoy aquí / resucitando. / Gracias doy a la desgracia / y a la mano con puñal / porque me mató tan mal / y seguí cantando. (María Elena Walsh: Como la Cigarra)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: