Infierno y Paraíso de los incautos

James Ensor: Máscaras

James Ensor: Máscaras

  1. ¿No era evidente la falsedad del interlocutor, que le hubiera permitido tomar precauciones que neutralizaran sus agresiones? Quizás, pero el incauto miraba para otro lado, convencido de ser invencible.
  2. Es difícil encontrar a alguien que consiga ser más feliz que un incauto, entre una decepción y la siguiente. Por suerte o por desgracia para él, oportunidades de ser estafado nunca habrán de faltarle.
  3. El incauto debe sufrir alguna amnesia que le impide acumular experiencias, aunque lo más correcto sería decir que disfruta con absoluta entrega una desconexión que le deja disponible para todo tipo de maravillas improbables.
  4. El incauto ha llegado a formarse una opinión tan miserable de sí mismo, que anda ofreciéndose a quienes se encuentren decididos a explotarlo, para sentir entonces que en medio de la sorpresa y la indignación por el maltrato, su vida sin rumbo adquiere sentido.
  5. Nacieron para lamentarse de sus desgracias, no para encararlas y terminar con ellas o sufrir las consecuencias de su inacción.
  6. El incauto necesita el aporte de alguien a quien considere superior a su capacidad para enfrentar al mundo. Tiene que depender de alguien que le permita sentirse a salvo de los errores inevitables que derivan de una toma de decisiones que cualquiera en su sano juicio efectúa por su cuenta y riesgo.

    William Hoggarth: Médicos

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  7. Si el incauto no encontrara a quien se revele capaz de estafarlo, su demanda de humillaciones de todo tipo quedaría al descubierto. En el mundo real, eso no pasa casi nunca, porque los estafadores acuden puntualmente para satisfacerlo.
  8. Considera que la respuesta a sus dudas se encuentra fuera de él, que le debe ser provista por alguien mejor capacitado para entender su situación. Por eso, lo más probable es que al responder a su pedido de ayuda, lo estafen.
  9. Se mueven como ciegos, palpando el territorio por el que avanzan, descubriendo aquí y allá que se equivocaron y deben pedir perdón o golpearse el pecho responsabilizándose de cada tropiezo. Abrir los ojos no se les ocurre.
  10. Causa pena que su desubicación persista sin mayores variantes, pase lo que pase. A veces, uno preferiría verlos interpretar otros personajes, aunque todo eso no pasara de ser una ficción.
  11. Donde pasa un incauto, surgen los estafadores que los persiguen a ellos y otros más, convencidos de no hallar resistencia. Aunque solo fuera por eso, habría que terminar con los incautos.
  12. Las humillaciones que sufren a diario los incautos, no llegan a conmoverlos. El abuso habitual al que se ven sometidos, los deja suspirando por la llegada de tiempos mejores. Toleran los golpes repetidos, como si asistieran a un experimento científico en el que les ha tocado en suerte ser los cobayos. ¿No merecen que los exploten hasta que la idea de decidirse a poner fin su desgracia, termine por abrirse paso en su cerebro?
  13. ¿Por qué irritan de tal modo los incautos, a quienes alguien ha decidido ayudar? Porque no reaccionan, a pesar de las evidencias que deberían despertarlos de su ensoñación suicida.
  14. Hay quienes prefieren pasar por incautos y exponerse a la burla generalizada de quienes los observan, antes que mostrar su decisión de sostener un punto de vista que puede ser condenado por la mayoría.
  15. La incredulidad de los incautos, cuando se pretende evitarles un desengaño, invita a dejar que primero se golpeen y desengañen, para intentar ayudarlos después. Machucados y contusos, tal vez comiencen a pensar.
  16. Calcula cada paso que debe dar, examina los antecedentes de la gente con la que interactúa, pondera los riesgos del futuro para cada uno de sus actos. Una vez que todo se encuentra bajo control, se pone a dormir la siesta y todo lo anterior se derrumba solo.
  17. Es improbable que se atreva a sostener que la realidad no existe, mientras que sus ensoñaciones sí. Plantearlo de ese modo lo expondría a que lo rebatan y obliguen a reconocer su error. Por eso lo piensa, está convencido de que no hay otra verdad para él y a continuación se lo calla, sabiendo que en el disimulo se encuentra su subsistencia.
  18. Pasar por incauto es exponerse a más de una humillación, que suele ir atemperada por la piedad de aquellos que lo contemplan con horror y desprecio. Imaginar sin excusas las consecuencias de los propios actos, en cambio, expone a críticas desmedidas. ¿Cómo extrañarse de que parezca haber más incautos de los que efectivamente hay?
  19. Los incautos pueden ser consolados, pero a la larga no aceptan que se los respete. Ellos exigen ser estafados. Solo de ese modo consiguen demostrar que merecen consideraciones superiores a las que corresponden al resto de la gente, que suele ser más precavida.

    James Ensor: Máscaras con ahorcado

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  20. El cauto no es nunca tan estimado como se merece. La gente prefiere la irresponsable compañía del incauto, que ignora todo aquello que se opone a sus deseos infundados y les contagia un optimismo sin límites. ¿Quién no quiere morir acompañado?
  21. El cauto pasa en ocasiones por ser un ave del mal agüero para todos aquellos que detestan cualquier dato de la realidad capaz de despertarlos de su ensoñación. ¿Cómo puede ser que haya negras nubes en el futuro o que las dificultades lleguen a ser tan complejas que haga falta encararlas con obstinación y método, para superarlas? Antes de complicarse la vida, es mejor matar al mensajero.

La ínsula es una zona del cerebro que le informa del estado de los distintos órganos del cuerpo, en lo que se llama conciencia interoceptiva. Pero, al mismo tiempo, interviene en el cálculo de riesgos, en las intuiciones, en lo que se suele definir como reacciones viscerales. Su menor activación entre los mayores sería un indicador neuronal de la debilidad de la señales de alerta que sí están presentes en los más jóvenes. (Miguel Ángel Criado: “El cerebro de los ancianos les hacer ser más incautos”)

 

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