Autoestima, berrinches y pataleo

  1. Su autoestima es tan frágil, que no soporta la confesión de debilidades ajenas. Se aparta de ellas como de un espejo acusador. Sus enemigos lo han advertido y lo dominan con efusiones de la más completa sinceridad.

    Saul Steinberg: Diálogo

    Saul Steinberg: Diálogo

  2. ¿Por qué gasta su tiempo, intentando dialogar con aquellos que no están a su altura? No ve otras alternativas. ¿Acaso resulta más sensato hablar todo el tiempo con el espejo?
  3. Cuando comienza a sentir que habla en el vacío, porque los demás no lo oyen, le convendría recordar que su problema es hacerse oír, una circunstancia que no puede dar por descontada. Si efectivamente llegar a otros le preocupa tanto, debe hallar la manera de interesarles, en lugar que quejarse.
  4. Detesta que lo contradigan. No puede evitar que secretamente lo seduzcan los puntos de vista de sus adversarios. ¿Por qué no fue capaz de descubrirlos antes y por sí mismo? Ahora es tarde y luchará hasta el fin por imponer los suyos, que sin embargo desprecia.
  5. A tal punto depende de la respuesta que obtenga durante el diálogo, que la simple y total aprobación de la otra parte lo desarma. ¿Qué puede hacer después? Nada se le ocurre.
  6. Sus interlocutores aprendieron: no hay mejor forma de controlarlo, que eliminar cualquier posibilidad de conflicto. Para eso, tampoco hace falta darle la razón todo el tiempo: solo se requiere cambiar de tema. Tarde o temprano se desorienta y pierde toda iniciativa.
  7. En el fondo, nada lo satisface más que no ser oído, porque una situación como esa (poco importa si real o imaginada) le permite sentirse víctima, en lugar de responsable de su suerte.
  8. Quejarse de no importa qué, lo deja más satisfecho que ser elogiado por virtudes que le cuesta reconocer en su persona. Quejarse le permite sentirse por encima de la mayoría, sin exponerse a que descubran sus puntos débiles.
  9. Hubiera podido ganar esa batalla sin arriesgar demasiado. Cuando más protesta, le ha tocado comprobar, mayor evidencia deja de que definitivamente la perdió.
  10. Si un perdedor del juego se resiste a perder, vuelca el tablero antes de la jugada final. De cualquier modo no gana, plantea graves dudas sobre su espíritu deportivo, pero al menos impide que el adversario se vaya con la satisfacción de haberlo humillado, obligándolo a celebrar su victoria.

    Jan Svankmajer: Etc

    Jan Svankmajer: Moznosti dialogu (Posibilidades del diálogo)

  11. Una pataleta no es un espectáculo agradable para nadie. Aquellos que se abandonan al enojo, gozan de la ventaja de que muchos de los testigos involuntarios apartan la vista, incómodos. Por lo tanto, gozan de una libertad que no disfrutan aquellos que mejor se controlan.
  12. ¡Qué bueno es gritar, cuando la mayoría solo se atreve al susurro! Al alzar la voz, da la impresión de estar diciendo algo que debe ser oído.
  13. La incapacidad de aceptar las frustraciones, es el camino más corto para quedarse con nada en el curso de cualquier negociación.
  14. Perdió esta vez y mejor no le pregunten cómo fue que le ganaron, porque le harán revivir la batalla, hasta convertirlo en mártir.
  15. Proclama que se sienta a negociar, pero está impaciente por dar cualquier diálogo que arriesgue perder, por concluido antes de que se inicie.
  16. No ha podido salirse con la suya. No lo esperaba y su impulso más auténtico es asesinar de inmediato a quien se atreve a contradecirlo. No lo hará esta vez, pero no puede asegurar que la próxima continúe reprimiéndose.

    Jan Svankmajer: Vertumnus a Mona Lisa

    Jan Svankmajer: Vertumnus a Mona Lisa

  17. Si alguien no está dispuesto a perderlo todo, en el curso de los variados tratos que diariamente se ve obligado a aceptar, tal vez gane algo. Si quiere ganar siempre, quizás se quede con nada.
  18. Hay batallas que un bando y otro enfrentados pierden. Son las más frecuentes, cuando solo se piensa en la posibilidad de derrotar al adversario y el resultado defrauda (sobre todo, al ganador).
  19. Cuando nadie toma la iniciativa de resolver un conflicto que no puede ser ignorado, no es improbable que tarde o temprano todos se acusen de las oportunidades que perdieron por culpa del otro.
  20. Los conductores tarde o temprano yerran el camino. También les pasa a los conducidos, pero al menos ellos no apuestan su cabeza.

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