La suerte está echada

Cayo Julio César

Cayo Julio César

Alea jacta est. (Julio César)

Hay un punto después del cual no hay retorno. Ese punto puede ser alcanzado. (Franz Kafka)

  1. Te encaminas a una situación difícil y temida, que razonablemente  no puedes evitar y quizás logres superar, como si tuvieras un valor que desconoces.
  2. ¿No es un alivio pensar que la suerta está echada? Toda la basura mezaquina que acumula la rutina, puede quitarse del medio. ¡Qué simple se vuelve todo!
  3. Todos los que te ayudan, esperan de ti que no te conviertas en el principal obstáculo del bienestar que te anuncian, siempre y cuando aceptes que estás vencido.
  4. Será lo que sea, te resignaste. ¡Si al menos fueras también capaz de estar a la altura de aquellos que desconocen las dudas!
  5. Empiezas por no expresar tu miedo. Luego, tu fingida valentía se afianza al ser exhibida, como si siempre hubiera existido el desafío.
  6. No sabes muy bien qué hacer. Elaboras un plan tras otro, sin decidirte por ninguno. El desconcierto en el que te debates, confirma que de algún modo, gracias a la voluntad de alguien que afortunadamente no eres tú, la suerte está echada.
  7. Te dejas llevar. Toda resistencia quedó anulada por el desconcierto. Comienzas a sentirte consolado por la imposibilidad de que nadie te obligue a tomar decisiones. Tu suerte está echada.
  8. Hay pasos que resultan decisivos y en cualquier momento se dan, sin pensarlo demasiado (también sin sufrir consecuencias mayores). Hay también  otros, al parecer triviales, con los que uno marca para siempre su vida. Nadie puede estar demasiado de seguro de cuál es cuál.
  9. Despiertas para comprender que hasta entonces habías estado moviéndote con los ojos cerrados. Todo lo que en sueños parecía real, de pronto deja de serlo. Tus pasos te han llevado adonde te encuentras y para tu sorpresa la suerte está echada.
  10. Otorgas solemnidad a situaciones que no tardan en defraudarte. Dejas pasar, en cambio, momentos decisivos. No se puede saber por adelantado qué habrá de perdurar, qué no tardará en olvidarse. Cuando lo aceptas, inesperado alivio.

    Julio César cruza el Rubicon.

    Julio César cruza el Rubicon.

  11. Cayo Julio no se detiene ante la frontera que marca el Rubicón, como han establecido el Senado Romano que lo envió y los galos que defienden su territorio. Al cruzarlo con las tropas que comanda, comienza a elaborar un futuro donde habrá de convertirse en César y luego hallará la muerte.
  12. Julio César cruzó el Rubicón para que después de la desobediencia a las órdenes del Senado no le fuera posible retroceder. Atrás quedaban la prudencia y las negociaciones que otros generales menos ambiciosos hubieran aceptado respetar. Por delante la guerra contra un enemigo que podía ser controlado si no se lo desafía. La suerte estaba echada.dados pocos
  13. Soy un apostador que espera demasiado: seguir con vida y sin demasiada mengua, cuando lo inevitable es que tarde o temprano lo pierda todo, con mayor o menor pena de mi parte.
  14. Se hizo lo que se pudo, sabe y no se atreve a confesar, porque nunca se hizo todo, mientras continúe intentándolo.
  15. El Gran Jugador lanzó los dados y desde donde me encuentro, no atino a leer el mensaje. A pesar de mi torpeza, la suerte está echada.
  16. Ha decidido no apostar más. Desde hace tiempo vive esperando el fin, que se demora más de la cuenta, como si el Gran Jugador no se diera por enterado o (más bien) como si estuviera castigándolo por su atrevimiento. ¿Quién se creído? Por ahora tiene que seguir alimentando esperanzas.
  17. Puedes hundirte en el desconsuelo o seguir adelante. Para decirlo de otro modo: puedes morir avergonzándote de tu debilidad o poniendo a prueba una fortaleza que tal vez te asista o tal vez no.
  18. Hay alternativas para tu miseria actual. ¿Vas a elegir aquello que al menos te permita confirmar que a pesar de las evidencias no eres un cobarde?
  19. Esta es la oportunidad que se nos ofrece para dialogar y si nos distraemos y la dejamos pasar, tal vez no se repita. Ahora es el momento. La suerte está echada.
  20. ¡Qué simples resultan las grandes decisiones, cuando no está permitido interponer demoras! Puedes equivocarte de cabo a rabo, y no es raro que te ocurra, pero el infierno de la duda queda fuera.
  21. Deja la solemnidad al margen. Tus últimas oportunidades de cambiar tu vida se decidieron sin demasiada ceremonia. Eso fue y ya no hay más. La suerte está echada.naipes tarot
  22. Consultas el horóscopo, pides que te lean las líneas de la mano, distribuyes repetidamente los naipes del Tarot, sin llegar a calmar tu incertidumbre respecto del futuro. Los renovados intentos de traerlo al presente, poco importan. La suerte está echada.
  23. Afortunadamente no eres capaz de ver el futuro con la odiosa nitidez que en el insomnio adquiere a veces el pasado. Lo que vendrá, te convences, ya no depende de ti, es incapaz de detenerte, porque la suerte está echada.
  24. Das la impresión de que estás a la altura de las circunstancias. ¿No estás satisfecho? Los detalles que pudieran contradecir esa imagen, por dolorosos que hayan sido, sobran.

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