Desajustes, negociaciones y acuerdos

  1. ¿Hay alguien que no se crea en condiciones de ser aceptado por casi todo el mundo y rechazado solo por unos cuantos imbéciles?

    Oskar Schlemmer: Pintura

  2. Pax Romana: el cese perentorio de los conflictos que no pueden ser ignorados, porque todos fueron ahogados por aquellos que ejercen el Poder, aunque de cualquier modo permanezcan sin resolver, ni siquiera analizados o negociados entre las partes.
  3. Hay coros en los que todos cantan lo mismo. Impresionan a quien los oye, pero al cabo de un rato nos aburre ese completo acuerdo. Lo atractivo para un oído mejor entrenado, es un coro en el que distintas voces se complementan en las combinaciones más variadas.
  4. ¡Puede ser tan bueno entenderse después de haber discutido! No obstante, ahora mismo, uno tiene la impresión de que mejor fuera volver a enfrentarse, para exponer sin subterfugios los distintos puntos de vista, antes que llegar a cualquier acuerdo que se imponga por decreto y resulte destinado a que nadie lo cumpla.
  5. No hay nada peor que la disidencia para el discurso hegemónico. Simplemente le repugna la existencia de otras voces, por aisladas que se encuentren entre ellas. Con solo existir cuestionan su visión del mundo, en la que nada ni nadie analiza la legitimidad (sin tiempo de vencimiento) de su Poder.
  6. Sumarse a la mayoría. Incorporarse al coro, sin necesidad de estudiar la parte que le corresponde, porque basta que se deje estar, para que sea llevado por el impulso que viene de no importa dónde y no le permitirá equivocarse. Todo es cosa de abandonar todo temor sobre su capacidad para decidir su destino, comprende. Al cabo de un instante, su recompensa es desaparecer en el grupo.
  7. Entregarse sin pelear, porque después de todo el desgaste de energías requerido por un enfrentamiento que se juzga irrelevante, puede quedar postergado para otra oportunidad, para otros oponentes, para otra existencia (sin uno adopta la hipótesis tan consoladora como improbable de la reencarnación).
  8. Oponerse a la mayoría llegó a convertirse en reflejo condicionado. Le traía problemas, a pesar de los intentos de refinar la estrategia, para evitar la respuesta inevitable. Sus adversarios sabían qué podían esperar de él y reaccionaban como si hubiera hablando, antes de que dijera nada.
  9. Su pesadilla era participar en una reunión donde sus colegas parecían haber conectado el piloto automático mientras hablaban sin pensar sobre no se entendía qué, tratando de ocupar cada uno de ellos el mayor tiempo posible. Oírlos sin demostrar indignación o impaciencia era el desafío. Al comprobar que superaba el asco inicial y permitía que se dieran el gusto, comenzó a sospechar lo peor: debía ser uno más de ellos y no se había dado cuenta de la horrible similitud hasta entonces.
  10. Detestar la estupidez ajena no le cuesta demasiado a nadie. El problema es haberse acostumbrado a tolerarla, poco importa el motivo de la adaptación, reprimiendo el disgusto inicial y dando la impresión de que se aceptaría más de lo mismo.
  11. Ponerse de acuerdo con los imbéciles, para evitar conflictos mayores, no requiere demasiado esfuerzo. Desgraciadamente uno sobrevive para comprobar las consecuencias.
  12. Habrá un día en el que nada de lo que suceda me importará demasiado, no tendré necesidad de planificar nada y tampoco habrá nada que me haga sufrir. No sé cuánto me falta para alcanzar ese estado de serenidad envidiable, pero estoy seguro de que yo, ese yo que lo imagina hoy, en realidad no estará presente para disfrutarlo.
  13. Si un día de estos llega el Apocalipsis, tal como algunos se han encargado de pintarlo, para meternos miedo y obligarnos a cambiar de proceder, me sentaré aliviado a contemplar su desarrollo. Puede resultar horrible un posible fin generalizado y sin embargo peor es desconocer la agenda de lo que ha planeado Dios.
  14. Si le permiten desplegar sus recursos de intimidación, conseguirá de su eventual pareja, tal vez no seducirla con su discutible encanto, sino que le respondan como si lo estuviera haciendo espontáneamente.
  15. El acuerdo posible en el amor, es la imagen de una relación buscada por todo el mundo, incluso en actividades que nadie en su sano juicio espera que obtengan tal intimidad en la aceptación.

    Oskar Schlemmer: Pintura

  16. Deja que te olvide y me olvides por un tiempo. Quizás volvamos a encontrarnos, libres de la resaca intimidante de los recuerdos que hoy nos impiden avanzar.
  17. Deja que me vaya hoy, sin dar explicaciones, y quizás regrese, no sé cuándo, como si estuviera llegando por primera vez y descubriera nuestra relación.
  18. Puedo olvidar o tal vez deje de importarme lo que ha pasado entre nosotros, tanto los buenos momentos como los otros, y entonces no hará falta que nadie le perdone nada a nadie para continuar dialogando.
  19. A ciertos grandes hombres les cuesta imaginar que el mundo continúe existiendo una vez que no estén ellos presentes. Imaginan que su ausencia pesará sobre la vida de las futuras generaciones. El caos que se impondrá después de su partida, marcará una prolongada etapa de decadencia, hasta que surjan aquellos capaces de cumplir el mismo rol de quien (muy contra su voluntad) tuvo que irse. A parecida conclusión llegan también aquellos a quienes la definición de grandes hombres no les corresponde. Unos y otros suelen equivocarse de cabo a rabo.

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