Delicias y riesgos de la escritura

Manuscrito de Federico García Lorca

  1. Si no necesitas escribir con urgencia, simplemente no lo hagas. Nadie está seguro de que la escritura sea un juego sin demasiadas consecuencias, porque al escribir te expones a ser contaminado por tus invenciones, que nacen de oscuridades que no conoces, mucho antes de que ellas contaminen al mundo y te responsabilicen de sus efectos.
  2. No es improbable que al escribir traigas al mundo algo que no existía y mejor no hubiera existido nunca, pero puedes apostar que a pesar de todo el esfuerzo que le dediques, lo más probable es que traigas al mundo algo que ya existía y demasiado tarde te revela su absoluta inutilidad.
  3. Cuando te propongas escribir, solo hazlo. No esperes el instante perfecto ni el beso del hada, porque pueden no llegar nunca. Después corriges y vuelves a corregir. Tal vez falles una vez y otra, porque no se acierta definitivamente sino cuando te niegas a corregir.
  4. Impaciente cuando escribes, paciente cuando corriges. Nunca a la inversa.
  5. Intuitivo cuando escribes, sistemático cuando corriges. Dos habilidades que deben aprenderse.
  6. Invulnerable cuando escribes, paranoico cuando corriges. El prematuro equilibrio suele ser el signo de la trivialidad inexcusable.

    Manuscrito de Honoré de Balzac

  7. Cuando escribe, tiene a veces la impresión de que un desconocido le dicta sus palabras, pero al pensarlo por segunda vez reconoce que solo es él, una voz que le pertenece y a la que no presta la debida atención todos los días.
  8. Cuando corrige, tiene a veces la impresión de enfrentar el texto de un desconocido que le oculta el sentido y lo desafía a encontrarlo y dejarlo a la vista de cualquier posible lector, de quien se siente representante.
  9. También escribe por rutina. Confía que después de tender tantas veces la red, alguna pesca justifique el esfuerzo. Si no sucede, se dirá: lo intenté, no puedo acusar a nadie por no ser lo que supuse que sería.
  10. Se pone a escribir algo que no sabe muy bien adónde lo conduce. No es un mal signo, pese a la incertidumbre. La escritura ilumina por un instante sectores de la oscuridad en la que habitualmente se mueve.
  11. Escribir lo delata. Podría censurarse cuando se descubre traicionado por las palabras que anotó, pero al fin entiende que eso era precisamente lo que buscaba: exponerse a través de algo que proclama no ser él: un texto que recubre su desnudez y la vuelve aceptable.
  12. Si lo excita escribir, es porque nunca está demasiado seguro de lo que encontrará al final del proceso (en el caso de dar por concluido el texto alguna vez). En realidad, solo quiere leer eso que no ha terminado de parir, para enterarse de lo que intentaba expresar.
  13. Ponerse a escribir le da sentido a una de sus jornadas. Si nada se opone y la suerte lo acompaña, quedará marcada por el nacimiento de un texto que previamente se encontraba en el limbo del autor, inexpresado, confundido con otras ideas vagas. Si lo publica, otra aventura comenzará, no menos impredecible, en busca de un lector.
  14. ¿Estará a la altura del texto que ese momento escribe? El autor se enfrenta a sus criaturas con la preocupación del padre que no quiere frustrar la vida, que de manera irresponsable y excitante para él trajo al mundo. Ahora que están aquí, tiene que cargar con ellas.
  15. Nunca está a la altura de los desafíos que le plantea la decisión de escribir. En el esfuerzo por satisfacer los reclamos que provienen de la tarea que emprendió, crece.
  16. Al escribir explora un territorio que sin duda debe ser suyo, pero todavía le resulta extraño, con frecuencia adverso y tal vez nunca termine de reconocer.
  17. ¡Felices aquellos que se creen intermediarios de otras voces, provenientes del más allá, tan superiores a la suya que no pueden cuestionarse! Las transcriben y eso es todo lo que deben hacer. El autor, en cambio, no puede confiar demasiado en sí mismo y la evidencia del texto que acaba de escribir solo es una invitación a corregirlo.
  18. Cuando enfrenta el texto que acaba de escribir y da por concluido, suele preguntarse: ¿Quién es el autor? Al recordar que solo él puede ser el autor, su incredulidad, no pocas veces su disgusto, persisten.
  19. Cuando enfrenta a uno de sus lectores, la incertidumbre se combina con la curiosidad. ¿Qué ha visto él en ese texto que el autor publicó? No lo imagina, sabe que pueden sorprenderlo y al mismo tiempo solo espera que se confirme la hipótesis de que nadie puede ver más de lo que él vio al escribirlo.
  20. Al escribir espera atrapar el sentido que apenas comienza a identificar cuando el texto nace delante de sus ojos, como si llegara de alguien que no es del todo él.
  21. Seis personajes quieren subir al escenario en la pieza teatral de Luigi Pirandello. Son reales y todavía amorfos. Ningún autor los ha tocado para darles la consistencia que reclama una representación y sin embargo ya están vivos, chocando entre ellos, quejándose de no ser expuestos.
  22. Más de una vez los personajes de una ficción se han rebelado contra el autor que los trajo al mundo, para decir y hacer lo que se les ocurre y no lo que el autor esperaba de ellos. Momentos de desconcierto como esos, suministran el mayor disfrute al que puede aspirar un creador.

    Manuscrito de Marcel Proust

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