Deshonestos de variado pelaje

Charlatán

  1. Aprender a robar es, de acuerdo a la experiencia, como aprender a respirar. Aquellos que adquieren el hábito que los mantiene con vida, creen que morirían si lo dejaran de lado.
  2. Los deshonestos se escandalizan cuando quedan al descubierto. ¿Cómo puede el mundo ser tan injusto, que su campo de abusos quede restringido?
  3. Mientras andan a la caza de incautos, los deshonestos son los seres humanos más encantadores que puede imaginarse. Debería bastar ese perfil tan artificioso para desconfiar de ellos, pero muchos prefieren soñar que la gente es lo que razonablemente no puede ser.
  4. Intentar ser amigo de un deshonesto, es jugar a la ruleta rusa. En cualquier momento, uno pasa de la condición de apostador despreocupado a víctima.
  5. Lo peor de los amigos deshonestos es que uno se esfuerza por justificarlos en nombre de una relación que estaría por encima de sus actos condenables. Si ellos se enteran, uno termina incorporado a la lista de sus víctimas.
  6. Después de haber alcanzado el Poder no importa cómo, deja de lado las consideraciones habituales, que establecen límites a quienes se encuentran lejos del Poder. ¿Cómo resistir los seductores llamados de la deshonestidad?
  7. Muchas veces los deshonestos prometen a sus víctimas beneficios inverosímiles, que honestamente ellos no deberían esperar. A su manera, los han sometido a un test del que salen castigados cuando ambicionan más de la cuenta. Ser deshonesto es el privilegio de unos pocos. Ser víctima, es el castigo por haber fracasado en el intento.
  8. Necesita robar, porque está convencido de que la creatividad le fue negada. Mejor dicho, porque tiene tan mala opinión de sí mismo, que su esterilidad autodiagnosticada lo condena a robar.
  9. Debe reconocérsele al deshonesto que emplea su ingenio y sentido de la oportunidad. No puede ocultarse de sus lamentables víctimas, el momento de estupidez que las deja inermes ante quienes deciden abusar de ellas.

    Carterista siglo XIX

  10. ¡Ah, la sensación de poder ilimitado que lo invadía cada vez que estafaba a un tonto! Una embriaguez irrenunciable. Los beneficios que pudiera obtener, en ningún caso estaban a la altura de eso.
  11. Nada le satisface más que defraudar la credulidad ajena. Para él, es como una apuesta. ¿Lo conseguirá de nuevo? ¿Será infinito el número de imbéciles, como afirma el refrán?
  12. En el universo de los ladrones, algunos pocos roban todo lo quieren y la mayoría se conforma con robar lo que pueden. Aquellos que por obedecer a sus principios deciden no robar, se encuentran encerrados en el manicomio.
  13. Aquellos que en el universo de los ladrones no consiguen robar nada, por estar mal ubicados en la pirámide social, por distraídos o falta de decisión, suelen considerarse a sí mismos gente honesta.
  14. El ingenioso ladrón de guante blanco (Raffles o Arsenio Lupin) no pasa de ser una ficción literaria tan entretenida como fantasiosa. El ladrón de cuello blanco, el Gerente de transnacionales, el estafador condecorado, en cambio, es una realidad cotidiana.
  15. Robin Hood ha sido proclamado el santo de los ladrones, porque habría robado a los ricos para dárselo a los pobres. No hace falta decir que es un personaje mítico, del mismo modo que Santa Claus o Superman. Nadie en su sano juicio pretendería repetir en el mundo real sus hazañas, porque no tardarían en encerrarlo.
  16. Que la propiedad sea considerada como un robo, el primigenio, por algunos que admiran a Proudhon, no justifica sumarse a los ladrones profesionales, en nombre de una muy poco confiable crítica al sistema.
  17. El deshonesto pide que no se fijen demasiado en él (no sea que lo descubran en acción). Apariencias de humildad tan equívocas, lo convierten en la compañía más deseable de aquellos que no toleran ser opacados por nadie.
  18. Robaron demasiado y comienzan a sentir algo parecido a la nausea. Por eso hacen beneficencia, como quien toma Alka-Selzer después de un banquete.

    Carterista siglo XIX

  19. Este universo no siempre fue de los ladrones, pero la deshonestidad se contagia como la sarna, si alguien no se lava a tiempo. A su paso, la deshonestidad deja una marca de la que nadie se recupera fácilmente.
  20. Robar al Estado suele convertirse en un deporte nacional que no avergüenza demasiado a nadie y promete premios adicionales a quienes se atreven a intentarlo. Si el Estado es deficiente al administrar sus recursos, los ladrones lo ayudan a liberarse de una carga inmanejable.
  21. El honesto se destaca entre los deshonestos, como la liebre durante una cacería. Todas las armas lo apuntan y los mastines se preparan para correr a capturarlo.

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