Marcha triunfal de los zombis

We are the hollow men / We are the stuffed men / Leaning together / Headpiece filled with straw. Alas! / Our dried voices, when / We whisper together / Are quiet and meaningless / As wind in dry grass. (T.S. Eliot: The Hollow Men)

  1. Se mueven torpemente, reciben homenajes con sonrisas vacías, cobran jugosos cheques por no hacer nada, toman las decisiones que afectan al resto del mundo… pero conviene recordar que están muertos desde hace bastante tiempo, hieden como muertos y solo se preocupan de continuar ocupando el sitio que les corresponde en el territorio que dejó de pertenecer a quienes permanecen con vida.
  2. Aceptaron privilegios del todo injustos, inmunidad ante cualquier crítica, sobornos, aplausos… y entonces les llegó la muerte por el atracón, como era de suponer. Ellos aspiraban a continuar disfrutando más de lo mismo y no estaban dispuestos a desandar el camino que habían errado.
  3. Fuera de toda duda, ellos están muertos. Caminan desintegrándose. A pesar de su estado, el apetito feroz no los abandona.
  4. Se adueñaron del mundo, sin darse la oportunidad de disfrutarlo siquiera. Los zombis son ciegos a lo que destruyen y el apetito que los mueve no se cansa de buscar nuevas víctimas.  Cooperar con ellos es entregarse a algo peor que la muerte: es convertirse en uno más de su clase y propagar la plaga.
  5. Desde hace tiempo se encuentran muertos. Si algo aportan los zombis al mundo de los vivos, es pestilencia. Destruirlos es defenderse de una no existencia que amenaza a quienes realmente existen.
  6. No todo lo que se mueve se encuentra con vida. Los zombis son la prueba contundente. Solo subsisten para alimentarse a costa nuestra.
  7. Hieden. No hay cómo ocultarlo. Si uno confía en su nariz, los descubre desde lejos y ya no caben excusas para demorar la resistencia.
  8. Son la corrupción andante. Se reproducen sin esfuerzo, por contagiar a todo lo que muerden. Cuesta destruirlos, porque ya no existen, pero si no se lo consigue, lo que nos aguarda puede ser todavía peor.
  9. A pesar de poder de corromper todo lo que tocan, están ciegos. Avanzan sin horizonte ni luz, en busca de alimento. Destruyen a todos aquellos que por miedo o falta de iniciativa se dejan destruir. A pesar de todo lo anterior, pueden ser destruidos.
  10. No llegaron desde muy lejos. No nos invaden. Siempre estuvieron entre nosotros, haciendo lo mismo que ahora nos aterra, pero al no hallar ninguna resistencia se envalentonaron. Ellos quieren devorar a quienes intimiden y admitan ser devorados. Si nos opusiéramos, tal vez no celebraran mucho tiempo su triunfo.
  11. Con ellos no es cosa de rendirse y negociar que nos perdonen la vida, porque el apetito que los mueve no les permite razonar. Puesto que no hay acuerdos posibles, intentemos su destrucción.
  12. Hay quienes los reciben con alivio. ¡Qué fácil es sumarse a la comitiva de zombis que vaga por el mundo en busca de alimento, sin pensar en otra cosa que en saciar el apetito!
  13. Si los zombis no son detenidos pronto, llegará el día en que hayan devorado todo lo que existe, condenándose a mopir de paso.
  14. Los indignados se disfrazan de zombis para denunciar al adversario. Ellos andan no muy lejos, buscando presas de las cuales alimentarse. Hay que reconocerlos a tiempo para organizar la defensa.
  15. ¡Contra los zombis! Parece una batalla perdida de antemano, pero lo estará tan solo si nos entregamos, pensando en llegar a un acuerdo o si solo tratamos de huir, sin ofrecerle resistencia.
  16. ¡Contra los zombis! Quien deje la resistencia para mañana, puede no despertar vivo.
  17. Burócratas, gestores, asesores, capitalistas, guardianes, cobradores, turiferarios: los zombis pueden haber tenido orígenes variados, pero el vagabundeo a tientas en busca de alimento y el hedor que lo rodea, logra hermanarlos (a pesar de los enfrentamientos feroces que se entablan entre ellos, cuando se disputan alguna presa).
  18. No conviene demonizarlos, ni esperar que se rectifiquen. Solo quieren devorar todo lo que encuentran con vida y no renunciarán a ello mientras puedan moverse.
  19. De los verdaderos zombis, que fueron drogados y esclavizados en las haciendas de Haití, poco nos queda. Los zombis del cine y los comics se han apoderado del imaginario colectivo y ellos son pura metáfora de los adversarios devoradores que uno modela a su antojo.
  20. Los zombis de hoy, como los rinocerontes de Ionesco medio siglo antes y la cucaracha gigante de Kafka de hace casi un siglo: sucesivas denuncias de una realidad absurda, cada vez más difundida y no por ello aceptable.
  21. Parecen mayoría. No lo son. Aunque lo fueran ¿dejarías de resistirlos? No es que tengas la razón porque no escuchas las voces de otros y ellos estén equivocados solo por no ser tú. Ellos se han propuesto liquidar toda oposición. Por eso te opones. Ellos se dejan llevar por una tendencia que no controlan. Tú los enfrentas

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