Chantas y Usurpadores

Pintura de Georg Grosz

  1. Son torpes y como todo el mundo sabe, están condenados al fracaso. Mientras tanto, los chantas causan el mayor daño posible.
  2. Georg Grosz retrató a los chantas con asco, pero sin desdeñarlos: bien vestidos, gesticulantes, vociferando no importa qué, las caras convertidas en máscaras de una sola expresión, limentados por la prensa, algunos sin cerebro, la cabeza cubierta con una bacinilla a manera de sombrero. Ellos están y se hacen sentir, pero en realidad no son.
  3. Tal vez los chantas ignoren su decidida peligrosidad. Viven usurpando roles que no hubieran debido corresponderles nunca, si ellos no estuvieran firmemente convencidos de que son precisamente lo que no pueden ser, por lo que han eliminado a todos aquellos que pudieron quitarlos de su error.
  4. Los chantas viven para defender una inmejorable imagen de sí mismos que tan solo existe en sus mentes y no se corresponde demasiado con la realidad. Prefieren quedar en ridículo, antes que aceptar sus modestos límites.
  5. Los chantas necesitan agruparse, defenderse, homenajearse, porque el resto del mundo solo accedería a hacerlo cuando no pueden evitarlo y muriendo de vergüenza. En esos momentos es cuando unos a otros se delatan.
  6. Los chantas necesitan exhibirse y recibir el aplauso de los adeptos y desaprensivos, a quienes da lo mismo quién se encuentre al mando, con tal de que no los molesten. Solo en esas condiciones de abierta complicidad, los chantas pueden estar seguros de recibir los halagos que tanto anhelan.
  7. Es difícil encontrar a un chanta que no esté en la búsqueda de cómplices que le permitan mantener la ficción de su legitimidad en el poder. En esos momentos se advierte que necesita corromper a medio mundo para seguir con vida.
  8. La defensa del mezquino territorio que ocupan los chantas, es su principal preocupación en este mundo. Si hay sostenedores a muerte de una guerra santa, esos son ellos cuando defienden la integridad de su ombligo.
  9. Si solo fueran torpes, los chantas hubieran quedado en evidencia hace tiempo y todo el mundo los conocería. Para compensar su debilidad, también suelen ser autoritarios, en la confianza de que su poder detendrá cualquier cuestionamiento.
  10. Si uno se equivoca y está dispuesto a corregirse, muchos de los errores cometidos se vuelven irrelevantes y son percibidos por los demás como un episodio del aprendizaje, que resulta a la larga provechoso, porque permite eludir situaciones parecidas en el futuro.
  11. La torpeza de los chantas puede ser casi encantadora cuando se combina con la autocrítica y (sobre todo) con la corrección oportuna. En tal caso, es casi inevitable perdonarla, porque no suele haber mucho que perdonar.
  12. No hay ambicioso prolijo. La impaciencia por disfrutar lo mal habido lleva al descuido, y el descuido a los accidentes que pudieron ser evitados de mantenerse la contención. Los chantas labran su propia ruina.
  13. Los chantas se creen nacidos para disfrutar los odiosos privilegios que los diferencian del resto de la gente. Si alguien se atreviera a disminuirlos o darlos por terminados, despertarían en ellos una ferocidad que nadie sospecha.
  14. Chanta no es cualquiera. Hay que tener coraje para ocupar una posición privilegiada para la cual no se está preparado y esperar que nadie descubra la usurpación.
  15. Usurpan los privilegios que no debieron disfrutar nunca, a) porque no se encuentran a la altura de las responsabilidades que asumieron, b) porque solo simulan hacer lo que hacen, c) porque exigen un respeto incondicional que no merecen.
  16. Al oír perorar a los chantas, con el exclusivo objeto de probar que están vivos, uno recuerda que el tiempo disponible para los humanos es limitado y aquel que se pierde no se recupera. ¡Si al menos se callaran, el daño que causan sería el mismo, pero no ofendería tanto!
  17. Hasta la usurpación se legitimaría, si los chantas sirvieran para hacer lo que se han comprometido a hacer, aunque no se encuentren hoy en condiciones de asumir sus responsabilidades.
  18. Los chantas causan pena por su inadecuación tan evidente. Si uno fuera menos dado a dejarse contaminar por su mal ejemplo, los exterminaría para evitar que continúen causando daño y haciéndose perdonar a continuación.
  19. Reconozcamos el mérito del chanta: se arriesga a tomar posesión de funciones que no le corresponden, mientras hay tantos con mayores merecimientos, que por comodidad o miedo no se atreven a defender sus legítimos derechos.
  20. Los chantas odian todo aquello que difiere de su mediocridad, porque los deja en evidencia y pone en riesgo su poder, cuando no están dispuestos a moverse ni un milímetro de la pose que ensayaron con esmero, ni del sitio que con tanto ingenio han usurpado.
  21. Los chantas no nacen: se hacen. El proceso de conversión no lleva mucho tiempo, ni requiere demasiado esfuerzo. Más difícil es evitar convertirse en chanta hasta por descuido, como demostró Eugéne Ionesco en Rinocerontes. Son un plaga como tantas otras y tal vez liquiden a la humanidad.
  22. Los chantas se han apoderado del planeta, después de eliminar con malas artes a quienes resistieron su ascenso. Es mejor no abrigar demasiadas esperanzas respecto del desenlace de esta situación lamentable. Caerán solo porque no se toleran entre ellos y sueñan con eliminarse unos a otros.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: