Tráfico de influencias y otras obviedades

George Grosz: Pintura

  1. Denle una comisión y les prometerá que es capaz de mover el mundo. Lo mejor de todo, es que tal vez no mienta.
  2. Debe conseguir ya lo que desea, no importa cómo. A partir de esa decisión inquebrantable, no faltarán los gestores que lo satisfagan o estafen (probablemente lo segundo).
  3. Si la mayoría creyera efectivamente en la igualdad de oportunidades, no tardaría en denunciar a los infractores. El tráfico de influencias delata que víctimas y beneficiados se coluden para sacar ventajas de la inequidad.
  4. Niéguenle una comisión y verán surgir al Catón incorruptible que está dispuesto a no dejar títere con cabeza, mientras erradica a la deshonestidad del mundo.
  5. ¡Toca sus intereses y lo conocerás tan decidido, lleno de energías y sin escrúpulos como se empeña en disimular todos los días!
  6. No se sienta a esperar que por azar lo corrompan. El hedor que lo precede indica dónde deben acudir todos aquellos que requieren sus apreciados servicios.
  7. Hay puestos que parecen diseñados ex profeso para que alguien se instale en ellos y cobre peaje a todos los que se acercan. Hay postulantes que no darían un paso hasta comprobar que alguien habrá de cobrarles muy caro el atrevimiento.
  8. Diseña sus ofertas de vías ilícitas, tomando en cuenta la demanda de favores que se le plantean. Se ve a sí mismo como un técnico, por que suele ser tan corruptible como sus corruptos clientes reclaman.
  9. Cuando paga los favores de un poderoso, no se asegura el disfrute de un futuro sin obstáculos, sino la continuidad y perfeccionamiento del mismo abuso que está sufriendo. Hay esclavos que forjan ellos mismos sus cadenas.
  10. Casi todo el mundo ser comprado. Casi todo el mundo se ofrece al mejor postor. Algunos ven la situación con desaliento, mientras otros cifran todas sus esperanzas en la continuidad de ese estado de cosas. La batalla no ha terminado.
  11. No es preciso tomar la iniciativa de corromper a nadie. Solo es cosa de dejarse llevar por la corriente y las oportunidades de corromperse no le habrán de faltar. Si de algo es responsable, es de no rechazar esas opciones y tratar de presentarse como una víctima.
  12. Si no existiera la ambición irrefrenable de la gente, que está dispuesta a todo con tal de salirse con la suya, ¿valdría la pena vivir en este mundo? Una cantidad abultada de congéneres preferiría hacerse el harakiri.
  13. Considerarse una persona honesta, cuando se permanece en un ambiente corrupto, no es una hazaña digna de aplauso, sino (lo más probable) una falacia. ¿Cómo no entrar en conflictos y ser expulsado, incluso cuando alguien ha sido o es cómplice de aquello de lo que pretende diferenciarse?
  14. No hay honores que no puedan ser comprados y no hace falta demasiada insistencia para conseguirlos. Aquellos que los conceden desde su alto magisterio, los pusieron en el mercado con ese objeto.
  15. Son como hermanos. Cada uno protege al otro de cualquier interferencia de terceros. Sin embargo, no hay que hacerse demasiadas esperanzas sobre su amistad en el futuro. Llegado el momento, uno devorará al otro, como si eso hubiera sido todo lo que estuvo esperando.
  16. ¡Bienaventurados los corruptos, porque son la verdadera (y vilipendiada) sal de la tierra! Los honestos son aquellos que no han descubierto aún la materia fácil de contaminar de la que están compuestos.
  17. Si tú me ayudas, quizás yo te ayude. Pero si tú te revelas como un estorbo para mis sagrados intereses, no esperes que me deje guiar por el sentimentalismo anacrónico y te perdone la vida. ¡Mejor, huye!
  18. Si la Ley no tuviera tantos intersticios oportunos que permiten hacer trampa, quizás no hubiera sido promulgada.
  19. Nadie tarda mucho en resignarse a las incomodidades del Poder, pero aceptar que puede perderlo es una hipótesis tan improbable, que solo puede considerarse como un absurdo.
  20. El Poder se limpia el trasero con la Ley. Sin embargo, la proclama un orden supremo, que se encuentran fuera de toda sospecha, para que los tontos se lo crean y se detengan, dejando en libertad de acción a los pragmáticos.
  21. Unos a otros se oyen. No necesitan que les digan algo para que se manifiesten dispuestos a oírse. Esa buena voluntad solo se consigue a expensas de la sordera selectiva que decretan para quienes les resultan ajenos.
  22. Unos a otros se homenajean. Necesitan fijar una imagen idealizada que distraiga a los testigos de la ceremonia, para impedirles percibir la realidad.
  23. Si la corrupción fuera tan difícil de imponer como la educación, y la educación tan seductora y perdurable como la corrupción, viviríamos en el mejor de los mundos posibles.

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