Sinceros agradecimientos

María Elena Walsh

Gracias doy a la desgracia / y a la mano con puñal / porque me mató tan mal / y seguí cantando. (María Elena Walsh: Como la Cigarra)

  1. Gracias por partida doble doy a los charlatanes, tramposos y estafadores que alimentaron mis esperanzas infundadas, antes de obligarme a bajar de las nubes y reconocer que me habían engañado. Primero me hicieron feliz y luego menos tonto de lo que había sido inicialmente.
  2. Gracias a todos los que de algún modo me ayudaron a ser lo que soy, incluyendo aspectos de mí que no aprecio demasiado. Lo más probable es que no se los haya dicho antes y tampoco ellos aguarden una declaración como ésta, pero eso es lo propio del agradecimiento: ni siquiera hace falta y surge como el reconocimiento que se aprecia más, cuanto más inútil resulta.
  3. Gracias a quienes vieron lo mejor de mí, porque lo convirtieron en algo que me comprometían a conseguir o mantener, cuando en mi limitación de miras hubiera podido ignorarlo.
  4. Gracias doy a nadie en particular, por los favores que todavía no entiendo por qué me fueron deparados por el azar, y sin embargo tengo el buen tino de no desaprovecharlos.
  5. Gracias a quienes reconocen el afecto que les entrego, pero no depende de su respuesta que yo se los brinde o no. ¿Por qué esperar una retribución para todo? Puedo hacerlo y también lo disfruto. No buscaré justificaciones más complejas.
  6. Gracias por recordarme con afecto. Mientras uno permanece en la memoria ajena, está seguro de burlar la muerte.
  7. Gracias por el afecto que recibí, sin haberlo solicitado ni pagado, porque me permitió aceptar que era posible abrirse al diálogo sin condiciones, incluso con aquellos de quienes no cabía esperar aceptación ni reciprocidad.
  8. Gracias por los golpes que me deparó el azar y no entiendo muy bien cómo sobreviví, porque tal vez los recuerde en el futuro, cuando vuelva a encontrarme en momentos de desesperación similares, para indicarme que fueron superados.
  9. Gracias a la enfermedad por recordarme la existencia de límites que no debo ignorar y alternativas que a pesar de todo se encuentran disponibles.
  10. Gracias al tiempo limitado que me fue concedido por mis genes, porque me obligan a privilegiar ciertos proyectos y desdeñar otros, incluso los más queridos, para que no todos queden en el limbo.
  11. Gracias a la memoria poco confiable, porque me libra de la acumulación indiscriminada de recuerdos. El olvido actualiza el sentido de la vida.
  12. Gracias por la incredulidad, por ser el esqueleto que sostiene a quien traté de ser, eludiendo la confianza desmedida en aquello que no entiendo, ni me es dado controlar.
  13. Gracias por la sistemática desconfianza ante mis reacciones, que me permite organizar mi vida con la mayor responsabilidad posible.

    Francisco de Goya: Manteo del Pelele

  14. Gracias a la muerte ajena, por enfrentarme a un espejo al que me empeño en dar la espalda.
  15. Gracias al dolor, por informarme que (lo más probable, sin quererlo) llegué a una frontera que debo evitar, sin detenerme a pensarlo siquiera. ¿Identificaría el bienestar, si no fuera por oponerme al dolor?
  16. Gracias a mis lectores por acompañarme en el esfuerzo de desentrañar estas ideas que me llegan y trato de no arruinar, como si se tratara de criaturas vivas y dignas de respeto.
  17. Gracias a todos aquellos que me enseñaron, incluso cuando era el último favor que deseaban hacerme. Quizás no pudieron evitarlo, pero de todos modos se los agradezco, para que la próxima vez se defiendan mejor de quienes identifican como sus adversarios.
  18. Gracias a mis críticos (bienintencionados o no tanto) por indicarme que el mundo no se reduce al espejo favorecedor pero engañoso, que me ofrece la soledad.
  19. Gracias a quienes me ignoraron, cuando yo intentaba llamar su atención, generalmente para solicitar su ayuda, porque me enseñaron a no depender del juicio ajeno para orientar mi vida. Peor hubiera sido que me aceptaran sin demasiada resistencia y me obligaran a confundirme con ellos, a quienes finalmente desprecio.
  20. Gracias a los corruptos y los despiadados, a los indiferentes y los cómplices, por definir comportamientos ante los cuales, incluso en los momentos de mayor confusión, hemos decidido oponernos.
  21. Gracias a quienes quisieron desalentarme, para quitarme de su camino, porque me obligaron a vencer una prueba no prevista y eludir cualquier intento de conciliación.
  22. Gracias a mi mujer por haberme aceptado, cuando no podía tener una idea demasiado clara de los riesgos que estaba incorporando a su vida. La confianza que demostró, me ha comprometido desde entonces.
  23. Gracias por la oportuna falta de prejuicios, que me permitió reconocer a mi pareja en alguien que poco se parecía a lo que yo había decidido que era mi ideal de mujer. Llevado de mis ideas, no hubiera llegado muy lejos.
  24. Gracias a mi madre por haberme demostrado que era posible y necesario entender las razones de aquellos que en nada se parecen a uno.
  25. Gracias a mi madre por haberme confiaado in extremis la magnitud del dolor que la había acompañado la mayor parte de su vida, cuando juzgó que era su última oportunidad para hacerlo. Eso me reveló su amor y su grandeza, porque ayuda no buscaba.
  26. Gracias a mi padre por la insatisfacción generalizada, imposible de focalizar, por el mundo que lo rodeaba, que a él no le sirvió de mucho para crecer, y en cambio fue uno de los pilares de mi búsqueda intelectual. ¿Cómo pudo enseñarme lo que no sabía ni apreciaba?
  27. Gracias doy a mi perro, por una lealtad incondicional que me molestaría si se manifestara en un ser humano. La fidelidad a alguien debe tener límites. De vez en cuando necesitamos oponernos y hasta distanciarnos entre nosotros, para que nuestra relación no se convierta en simple y aburrida complicidad.
  28. Gracias doy a mi gato, por ignorarme cuando no le hago falta y por reclamar sin vacilaciones cuando necesita mi ayuda. No son actitudes que yo aprecie en un ser humano, ni siquiera cuando me veo en un espejo.
  29. Gracias a varios que no debo nombrar, por el espectáculo de sus decisiones equivocadas, que en su momento me causaron espanto y admiración por partes iguales. ¿Qué sería de uno, si no enfrentara esas alternativas que apartó de sí, para confinarse en la prudencia?

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