Amigos confiables (o no tanto)

  1. Keith Haring: pintura

    Damon y Pitias eran dos amigos de la Antigüedad, tan fieles el uno al otro, que cuando Pitias fue condenado a muerte por haber ofendido al rey de Siracusa, Damon aceptó esperar el cumplimiento de la sentencia en su lugar, mientras Pitias viajaba para despedirse de su familia. Uno no suele exigir tanto a un amigo, ni tampoco está dispuesto a arriesgar tanto.

  2. En las obras de Shakespeare, Falstaff y el príncipe Hal son amigos tan incompatibles como el agua y el aceite. Falstaff prefiere ignorar las repetidas bromas que organiza Hal, para su exclusiva diversión. Cada humillación es más lamentable que la anterior, como si el príncipe quisiera probar ese afecto incondicional que le prodigan y castigar a quien lo dispensa por su estupidez.
  3. Al despertar, se descubrió rodeado por aquellos que hasta entonces había considerado sus amigos y ahora no sabía cómo nombrar. ¿Simples conocidos? ¿Adversarios encubiertos? ¿Hubiera sido mejor seguir soñando con una realidad menos contradictoria, aunque de todos modos ficticia?
  4. Si uno espera obtener demasiado de un amigo, lo más probable es que tarde o temprano él nos defraude y cause un dolor que tardará en desaparecer; pero si uno espera muy poco o incluso nada de la otra persona, con toda seguridad no se sentirá demasiado atraído por iniciar o continuar la relación.
  5. A veces me ha ofendido que un amigo no me recuerde en un momento difícil para él. Si no contaba conmigo, ¿por qué debo suponer que en una situación parecida pueda contar con él?
  6. Alguien que fue alguna vez mi amigo, me informan, se ha convertido en un burócrata (en un estafador) (en un explotador desvergonzado). Aunque tache lo que no corresponda, el resultado continúa siendo desolador.
  7. Mi padre pasó su vida buscando en el trato con amigos que lo defraudaban, el diálogo afectuoso que no había tenido con su padre. Gracias a ello, dejó pasar la oportunidad de convertir en amigo a su único hijo. No es una queja, sino la descripción de un repetido desencuentro.
  8. Respetar los tiempos y el espacio de un amigo es una empresa difícil. ¿Cómo dejarlo en libertad de acción, sin hacerlo sentirse abandonado? ¿Cómo interferir sin ofenderlo?
  9. Buscar amigos, como buscar pareja, suele ser visto por los testigos como una actividad casi patética. Si el encuentro no se da por sí solo, ¿por qué forzarlo?
  10. No es fácil hallar a gente compatible, como lo demuestran las parejas rotas y los parientes conflictivos. ¿No es todavía más difícil la amistad, que no depende del sexo ni los genes?
  11. Para él, buscar amigos era pedirles su apoyo, en lugar de ofrecérselo. Mientras no invirtiera la perspectiva, estaba condenado a la soledad.
  12. Suprimir la reciprocidad en las relaciones de dos amigos, es la mejor manera de liquidar aquello que se creía una sana amistad. Si uno tiene que dar siempre y el otro solo atina a recibir, el parasitismo se ha instalado entre ambos.
  13. A lo largo de mi vida se me ofreció la oportunidad de perder amigos que no estaban a la altura de lo que había esperado de ellos. Ahora noto que nunca desaproveché la ocasión.
  14. El tiempo nos ha transformado. Envejecer es lo que menos duele, cuando comienzan a acumularse traiciones que pueden ser ignoradas y obligan a contemplar la amistad de la juventud como un espejismo insostenible.
  15. Perder la confianza que se depositaba en alguien, no es perder un brazo, ni un ojo, Con evidente alivio uno se libra de aquello que se ha convertido en un estorbo.
  16. Hubiera sido bueno mantener a los amigos que perdí, pero insistir en esa postura, después de haber descubierto que ellos no eran lo que imaginé, ponerse en la situación de aceptarlos cuando ese gesto exigía demasiada buena voluntad de mi parte, hubiera sido una estupidez injustificable. Si una amistad cuesta demasiado, simplemente es un abuso.
  17. Amigos, pero no cómplices. Cuando me obligas a suspender cualquier juicio sobre tus actos, comenzando por aquellos que sabes repudiables, algo no está funcionando tal como se espera de una sana amistad.
  18. Podían envejecer sin demasiada pena, pero aceptar que había dejado de ser posible confiar el uno en el otro, a pesar de continuar declarándose amigos, les causaba un dolor demasiado insidioso, que contaminaba la memoria de la época distante en la que se entendían o al menos todavía no habían descubierto que la traición estaba instalándose entre ambos.
  19. Pudieron abusar de mi buena voluntad, presentándose como mis amigos, ¿qué duda cabe? Al hacerlo, perdieron algo que no era tan fácil conseguir y ya no se encuentra disponible para ellos, porque los he borrado de mi lista de interlocutores, mientras ellos tendrán que seguir buscando nuevas víctimas para no quedarse solos.
  20. Siempre le ha gustado tener amigos poderososos, reconoce. Gente a la que suele no pedirles nada, solo para descansar la mirada en ellos, que se encuentran tan lejos de las preocupaciones de la gente común, tal como se contempla desde lejos un jardín bien cuidado, que no hace falta transitar.

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