Autogoles y otras derrotas no buscadas

  1. Había llegado la hora de asaltar el cielo, pregonaba a cada rato, como si fuera una decisión no más difícil de concretar que cepillarse los dientes. Gracias al triunfalismo del diagnóstico, no tardaba en defraudar a los inocentes que en mala hora se habían dejado seducir por una propuesta inalcanzable como esa, mientras que hubieran rechazado cualquier otra más aterrizada.
  2. Reúne en su persona las condiciones del dirigente y el delirante. De él podría afirmarse que nunca se sabe cuál de los dos se encuentra al mando, nunca por mucho tiempo.
  3. Tenía una habilidad envidiable para organizar proyectos destinados al fracaso, reconocía en los momentos de amargura, que no eran pocos. Se había visto a sí mismo como un triunfador imbatible, como si fracaso no tuviera la menor posibilidad de tocarlo. Eso lo condenaba a sufrir miles de contratiempos habituales, como si cada uno de ellos fuera el Apocalipsis.
  4. No tolera que lo contraríen. Por eso se siente agredido a cada rato por un coro de amenazas que le impiden disfrutar la vida, porque debe defenderse todo el tiempo, aunque está convencido de que antes o después van a derrotarlo.
  5. Da la impresión de que solo es capaz de patear autogoles, han terminado por aceptar aquellos que tienen la desgracia de ser sus compañeros y preferirían verlo jugar para el adversario. Tratándose de él, solo existe otra alternativa: cabecear autogoles.
  6. A veces los amigos le dan cuerda (probablemente, para que se ahorque solo). En cuanto a los inevitables enemigos, ellos toman grandes precauciones para no considerarlo como uno de los suyos.
  7. Puede tolerar cualquier distracción que se le presente, con tal de que no ponga en riesgo sus principios (nunca termina de aclarar cuáles).
  8. Detesta la mediocridad, que reconoce con asco evidente allí donde la encuentra, siempre y cuando no se interponga ningún espejo.
  9. Nadie más que él se encuentra autorizado para cambiar su rumbo. Si alguien piensa lo contrario, se encontrará con una resistencia que no repara en medios para salirse con la suya. Definitivamente, hay asuntos en los que no transa, porque si acepta la menor opinión ajena, terminaría aceptando todas.
  10. Quiere desaparecer del mundo de los vivos, como resulta evidente. La responsabilidad de continuar siendo quien ha llegado a ser, lo abruma al punto que prefiere inmolase pronto, para que nadie pueda juzgarlo ni condenarlo.
  11. Es lo que a través de un prolongado esfuerzo ha llegado a ser. No necesita advertir a nadie que intentar modificarlo sería una tarea imposible, incluso para alguien que se reconoce tan razonable como él.
  12. De acuerdo a su decisión, nada le hace mella. No es precisamente lo que uno espera de un ser pensante. Si no reacciona pronto, estará perdido, porque el desgaste que sufra por el solo hecho de vivir, no será reparado.
  13. No dará su brazo a torcer, promete, como si ser inflexible fuera la prueba de una resistencia a toda prueba y no la de su irremediable estupidez.
  14. Si permitiera que alguien alterara sus proyectos de vida, aunque solo fuera para mejorarlos, perdería la escasa confianza que hoy tiene en su trabajo. Por eso va a defender su desempeño a muerte, comenzando por atacar a quienes pudieron ser sus benefactores.
  15. Quiere someter a la gente, cuando hubiera podido colaborar con ellos. No se resigna a ser uno más, porque tiene de sí mismo una imagen que se infló demasiado y no tardará en estallar, si no se desinfla sola, para mayor humillación.
  16. Capitán de derrotas, no permitirá que nadie le quite la oportunidad de lucirse como el maestro de ceremonias que sus seguidores eligieron para inmolarse por nada memorable.
  17. Le encanta ser visto como un fracasado, para ocultar que solo es un cobarde.
  18. A pesas de sus quejas, ama el fracaso, porque ha decidido que es incapaz de la constancia y el esfuerzo que reclaman los grandes proyectos
  19. Ama el fracaso contundente, sin posibilidades de retroceso, porque el martirio le parece un refugio más seguro que la variedad de desafíos que todos los días afronta la gente común, a la que cualquiera se cree autorizado a interpelar y cuestionar.
  20. Todo lo que las circunstancias le deparan le cae bien, ha demostrado una vez y otra, por lo que ha terminado por resultar evidente que no es alguien amplio de criterios, como le gusta afirmar, sino carente de criterio.
  21. Todo lo que oye le cae mal, por lo que uno decide (en el mejor de los casos) aguardar que mejore de humor, antes de prestar la menor atención a sus palabras.
  22. Se precia de ser incorruptible, como esas mujeres feas que alardean de una virtud que nunca tuvieron la oportunidad de ver puesta a prueba.
  23. Desconfía de todo el mundo, como si no fuera posible encontrar a nadie que pudiera ser evaluado como justo (comenzando por él).
  24. Sabe que está perdido, pero quiere dejar este mundo una marca, la imagen de un triunfador, confirmada por el sacrificio de unos cuantos kamikazes, que lo imitan, pero con él o sin él hubieran sido incapaces de sobrevivir.
  25. ¡Ah, qué bien se siente cuando lo derrotan en compañía de aquellos a quienes pudo conducir en otras direcciones, que fueran menos funestas. Perder cuando los demás pierden, fracasar entre fracasados, puede ser visto como la confirmación equívoca de su mezquino liderazgo.
  26. Quien espera menos, también pierde menos. Al reducir sus expectativas sin mayores fundamentos, descubre que no lo ha perdido tanto. No estar a la altura de sus sueños, solo puede ser una buena noticia: ya no está tan equivocado como antes.

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