Fantasmas que nos estorban

Caravaggio: Narciso

  1. Llega la noche y el control precario que mantuve durante las horas del día sobre los pensamientos menos amables que suelen acosarme, se distiende, la oscuridad invade el territorio que hasta ese momento consideraba mío, ni siquiera tienen que amenazarme para lograr sus objetivos, porque dan la impresión de que esta vez yo me entregaré sin lucha.
  2. Debo pedir ayuda, no importa a quién, con tal de obtener la compañía que hace retroceder a los fantasmas. Cuando era niño, me enseñaron a rezarle al ángel de la guarda. Intentarlo de nuevo no sería mala idea, si antes recuperara la fe que perdí al crecer.
  3. Esta noche debería ser tan solo esta noche, de ningún modo la definitiva, esa que de acuerdo a mis fantasmas no será borrada por ninguna otra noche que la suceda. No le otorgues mayor significado del que razonablemente pueda esperarse, porque de la decisión irreversible que hoy aceptes, habrás de arrepentirte mañana.
  4. En lo posible, si vas a irte, hazlo sin demasiada ceremonia. No te despidas de cada uno, para evitar ofenderlos y demorar la decisión. No digas las grandes palabras que sientes la tentación de pronunciar, con el objeto de dejar una impresión perdurable en aquellos que no puedan menos que oírte.
  5. Si algo se cierra en tu vida, permite que se cierre discretamente, sin discursos ensayados, ni gestos que demoren el tránsito. Si una posibilidad efectiva se abre para que avances, no te distraigas hablando. Permite que todo suceda con la mayor simplicidad, tal vez en silencio. ¿Por qué no?
  6. Nadie puede causarte un dolor más persistente que aquellos a quienes amas. Tampoco nadie resiste mejor que ellos cuando se trata de disponer de un punto de apoyo, que te impida hundirte en fantasías tan oscuras como las actuales.
  7. Mis fantasmas pueden ser terribles, no solo estúpidos, como tiendo a considerarlos cada vez que recupero la serenidad y me burlo de los poderes desmesurados que pude atribuirles. Si consiguiera ponerlos bajo mi control (no digo domarlos para siempre) con tan solo pronunciar una frase, debería considerarme a salvo de sus dentelladas, pero las cosas no son nunca tan simples como uno las planea.
  8. Mírate en los fantasmas que te acosan, como en un espejo capaz de informarte una verdad todavía oscura, que te costará desentrañar. A pesar de lo anterior, no te mires en esos fantasmas durante mucho tiempo, porque lo más probable es que te engullan.
  9. Si Narciso hubiera visto el mundo que lo rodeaba, en el reflejo que le devolvía el estanque donde se miró por primera y última vez, no hubiera muerto ahogado en el vértigo de su propia belleza, sino en el de la variedad del mundo que en él se duplicaba.
  10. A veces no es mala idea convocar a los fantasmas del pasado, porque el tiempo suele haberlos desgastado con la misma eficacia con que desgastó a los vivos y uno se siente reconfortado con la evidencia de que algún día ellos también habrán muerto del todo.
  11. Alguna vez tuvo planes generosos que fue liquidando sin mayor pena. Alguna vez decidió confiar plenamente en sus promesas, por desubicadas que fueran, con el objeto de convencer a otros que lo siguieran. Ha sobrevivido a esa inocencia condenada a disiparse, pero de todos modos está muerto.
  12. Puede moverse como un ser vivo, reclama un sitio entre nosotros, que lo sabemos muerto y no queremos causarle más pena recordándole su condición, pero ya no aporta nada a la reunión de quienes nos sabemos con vida, fuera del hedor inocultable de su corrupción.
  13. ¡Detente! Sé que estás muerto. Si no te denuncio, ni te obligo a desaparecer, es porque supongo que no tardarás en tomar la iniciativa de retirarte. Si te demoras, no cuentes con mi buena voluntad para continuar molestando.
  14. ¿Acaso proyectas sombra? ¿Los muros te detienen? ¡Convéncete de que estás muerto! Cuando lo digo, comprendo que será lo último que estás dispuesto a reconocer.
  15. Si aceptaras que ya no se te puede contar entre los vivos, tal vez te reconciliaras con los indicios de tu muerte y dejarías de estorbar el mundo de los vivos.
  16. Deberías quedarte en la tumba, pudiéndote con dignidad (si eso es posible) pero te empeñas en moverte como si estuvieras vivo. ¿Por qué te extrañas que causes horror?
  17. Lo malo no es que hoy esté muerto (¡porque tarde o temprano a todo el mundo le pasa!) sino que no se resigna a su nuevo estado, que es irreversible y pretende entrometerse en los asuntos de este mundo, como si todavía fuera el suyo.
  18. ¿Acaso yo estoy vivo? No todo el tiempo sospecho. Ni todo lo que creo ser, compruebo a cada rato. Si me distraigo un día de estos, puedo haberme muerto del todo, sin darme cuenta. ¡Amigos, en tal caso no dejen de advertírmelo!

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