Vida provinciana

Herbert Draper: Ulises y las sirenas

  1. Después de colaborar en la ruina de la invencible ciudad de Troya, Ulises descubre que nada le importa más que regresar a Itaca, su aldea natal, donde lo aguardan su esposa, su hijo, las tareas de todos los días. Antes de partir para Troya, Itaca no pasaba de significar el encierro de una rutina doméstica, probablemente cómoda, pero indigna del potencial de un héroe. Cuando está lejos, Ítaca se convierte en la visión del paraíso inalcanzable para un héroe, que debe luchar contra los dioses y los hombres para recuperarlo.
  2. A pesar de lo que puedan pensar otros que no están en tu lugar, no hubieras podido permanecer mucho tiempo más en el ámbito provinciano del que saliste, convencido de que para ti al menos era un encierro inaceptable. No hay nostalgia posible, ni planes de recuperar el pasado. Cuando recuerdas lo que dejaste atrás, es para celebrar que ya no tengas nada que ver con eso.
  3. En la vieja fábula de Esopo, el ratón citadino que visita al ratón campesino, le pinta a su amigo una imagen envidiable pero distorsionada de su propia existencia. Si el diálogo resulta verosímil, si nos proyectamos en esos dos personajes tan distantes de nosotros y les atribuimos nuestros sentimientos sobre el tema, es porque comenzamos por aceptar el improbable diálogo de dos ratones que usan nuestras palabras para expresar nuestros sentimientos.

    Esopo

  4. ¡Oh, descansada vida / la que huye del mundanal ruido / y sigue la escondida senda / por donde han ido / los pocos sabios / que en este mundo han sido! Intenta despojarte de los hábitos de la vida en sociedad y pronto verás cómo te mueres de tedio, antes de que ningún sabio se te cruce en el camino, para intentar convencerte de lo que has ganado, al perder aquello que realmente deseabas.
  5. Tal vez no tenga suficiente espacio para desarrollar mi potencial, ni disponga de mucho futuro en este rincón que suelo ver como un bastión contra el mundo amenazantes, pero es imposible negar que el estar aquí otorga impulso y sentido a una disconformidad con la que he terminado por identificarme. Si fuera demasiado feliz, sin finalmente nada me incomodara, ¿quién sería?
  6. Los vecinos me vigilan y (antes o después) yo soy quien vigila a mis vecinos. Tengo a veces la impresión de estar preso de un sistema laxo pero no por ello menos eficaz, donde yo suelo ser el guardián de aquellos que sin embargo me controlan. Puede parecer que me quejo, pero no encuentro una manera mejor de sentirme acompañado.
  7. Nací en un pueblo al que no he vuelto después de tantas décadas, que he terminado por reconocer el rol privilegiado que le otorga mi memoria. Es el museo de mi infancia y adolescencia (también su infierno), un territorio clausurado para mí, que debe permanecer tal como fue, donde ni yo mismo me permito entrar.
  8. Ser parte de un grupo humano suele revelarse una necesidad tan urgente como la de percibirse libre de condicionantes colectivos. Cuando uno experimenta por un tiempo una de esas situaciones, no tarda en buscar la opuesta.
  9. Vivir en la gran ciudad, rodeado (diré mejor, estorbado) por la vecindad de millones de desconocidos que no te prestan atención, parece ser la forma ideal de aislarse para todos ellos, hasta que la soledad se presenta como un ahogo intolerable, que no saben cómo remediar.
  10. Después de vivir en el anonimato habitual de las grandes ciudades, ¿te acostumbrarías a la sobreexposición del pueblo, donde todo lo que existe llegó a ser lo que es, poco a poco y sin otras incertidumbres que las fallas de memoria?
  11. Tu regreso no les hace falta a tus coterráneos y probablemente no habrían de recibirte con los brazos abiertos, porque llevas contigo la marca de la distancia, como la señal delatora del crimen que Dios puso en la frente de Caín y nadie puede quitar.
  12. El que se fue no hacía falta, proclaman los versos de la canción tropical. Suena cruel para quienes se atormentan pensando que podrían regresar, pero al menos confirma el sentimiento generalizado de aquellos que por falta de oportunidades o iniciativa se quedaron.
  13. La fama pueblerina es una de las situaciones más temibles que logro imaginar. Que llegado el momento no haga falta ningún esfuerzo adicional, porque todo consideran que te conocen bien (o al menos creen que te conocen) y todos te aprecian (o detestan) sin posibilidad de alterar el acuerdo, es lo más parecido al eterno bostezo de la muerte.
  14. Según Eduardo Galeano, si Beethoven hubiera nacido en Tacuarembó, una localidad uruguaya, en el mejor de los casos habría llegado a ser director de una banda provinciana. Por suerte para él, no es probable que en tal caso tuviera conciencia de haber podido ser Beethoven en otra parte.
  15. En un pueblo de provincia, las tres hermanas de Chejov languidecen por la distancia que las separa de la civilizada Moscú. Si estuvieran en Moscú, suspirarían por la todavía más elegante San Petersburgo. Si estuvieran en San Petersburgo, desearían estar en Paris. La felicidad es imposible para quienes se niegan a reconocer el territorio de sus verdaderos conflictos.
  16. Home, Sweet Home! La simplificación extrema de los eslogans comerciales y las canciones populares, logra instalar como verdad suprema una simplificación que de acuerdo a las evidencias, miente.
  17. Si el territorio natal fuera tan amable como uno lo imagina cuando está lejos, ¿quién hubiera aceptado dejarlo?  ¿Quién nos hubiera obligado o tan solo invitado a dejarlo?

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