Toma de decisiones

Señales de tránsito

Cada vez que se encuentre usted  del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar. (Mark Twain)

  1. ¿Té o café? Enfrentado a una opción trivial, era aplastado por la evidencia de que ni siquiera estaba demasiado seguro de sus gustos personales. Vivía huyendo de sí mismo, como quien elude al más temido de los enemigos, ese que si alguna vez se da un enfrentamiento, se sabe de antemano que habrá de derrotarlo.
  2. Seleccionaba a sus colaboradores y subordinados, como si eligiera a los portadores de su ataúd, con la misma convicción de que se ocuparían de él y sin la menor vacilación lo enterrarían.
  3. ¿Por qué no pueden ser otros quienes decidan por mí? Ellos desean hacerlo desde hace tiempo. Ellos se creen mejor capacitados que yo para intentarlo. Ellos proyectan de ese modo los fantasmas que los acosan y por un rato se sienten liberados del asedio.
  4. Nunca miraba para atrás, porque estaba convencido de que el espectáculo de sus inocultables errores lo obligaría a reconocerlos, pedir disculpas a quienes hubiera dañado y enmendarse. Entre eso y el harakiri, el harakiri le resultaba menos doloroso.
  5. Un día, los fantasmas que dejó acumular durante años, decidieron apoderarse de su mente, que necesitaba exhibirse como víctima.
  6. Solo esperaba que fuera demasiado tarde pata tomar decisiones y quedar libre de cualquier posible crítica al respecto.
  7. ¡Decide hacerlo, aunque sepas de antemano que es un error, porque en ese caso, lo más probable es que de algún modo lo corrijas antes de que no tenga remedio!
  8. Cuando uno es joven, imagina que basta una única decisión para cambiar el resto de su vida. Al crecer, si tiene suerte y no se malogra antes de tiempo, se obligado a aprender que los momentos decisivos son cosa de todos los días.
  9. Convierte las decisiones en algo parecido a un juego, que se encuentra al alcance de cualquiera, hasta le vayas perdiendo el miedo y las encares como instancias realmente serias que son.
  10. ¡Ah, la impaciencia de experimentar el final de los procesos (y sobre todo el descanso con el que uno se premia después de haber hecho algo), antes de tomarse el trabajo de encarar la tediosa resolución de los problemas!

    Laberinto vegetal

  11. Amaba el azar, que le permitía dejar de lado la responsabilidad de decidir nada capaz de preocuparlo.
  12. Odiaba el azar, por la evidencia del sinfín de decisiones superiores a la suya ajenas a la suya, a las que no podía oponerse.
  13. Imposibilidad de establecer acuerdos, excepto sobre aquellos asuntos en los que resulta más probable equivocarse.
  14. En el momento de tomar decisiones de cierto peso, entraba en pánico y olvidaba quién era, dónde estaba, qué se había propuesto hacer, y ya no importaba la responsabilidad de sus decisiones, porque debía ser de cualquiera, menos de él.
  15. Vivía para hacerse notar, aunque lo cierto era que dejaba hacer no importaba qué, con tal de que nadie lo obligara a tomar decisiones que le exigieran algún esfuerzo y lo expusieran a la crítica.
  16. A partir de hoy, se prometen los tontos, comienza el resto de sus vidas. Por una simple manifestación de voluntad, van a ponerse en control de aquello que hasta entonces dejaban ser, porque no desean que nada interfiriera.
  17. A partir de mañana, se dicen los prudentes, comienza el resto de sus vidas. Esa es la mejor manera de que ningún orden se imponga. Mañana será nunca o la decisión resultará planteada y postergada tantas veces, que el prudente se convencerá de no ser la persona más indicada para tomar ninguna decisión.
  18. Prefería lavarse las manos. Que otros asumieran la responsabilidad. Sus hábitos higiénicos podían tomarse en cuenta para averiguar la frecuencia de las opciones que dejaba pasar.
  19. Camino de Damasco, Saulo de Tarso es derribado del caballo por una luz que lo enceguece. Al recuperarse ya no es el mismo. Deja de perseguir los primitivos cristianos, para convertirse en el fundador del nuevo culto. Las grandes decisiones, las irreversibles, requieren de un factor externo a quien las toma, para gozar de suficiente validez para quien decide y aquellos a quienes afecta.
  20. Alea iacta est (La suerte está echada). Julio César convierte la decisión política de terminar con la república romana, en un gesto concreto, el de cruzar el insignificante cauce del Rubicón, y una frase dotada de suficiente despreocupación como para no ser ignorada.
  21. Lutero tuvo, como san Pablo, un rayo que lo decidió a mudar de vida. En su caso, convertirse en monje y abandonar el Derecho. En otro momento, probablemente acuclillado en el excusado, Lucero concibe las tesis que resumen su crítica al régimen de la iglesia romana a la que había pertenecido. La lección es que no importa dónde, ni cómo llegan las decisiones, con tal de que no se diluyan.
  22. Hay quienes ejercen el poder como si administraran un cementerio. Mientras ellos tomen las decisiones, solo cabe esperar que todo continúe pudriéndose (lo mismo sucedería si ellos no estuvieran).
  23. Los aforismos llegan, uno tras otro, no sé muy bien de dónde, pero yo los anoto, los corrijo, los publico con el mayor cuidado que me resulta posible. Solo he decidido estar atento, para no dejarlos pasar y hundirse en la rutina.
  24. Aquellos que toman decisiones de cierto peso, suelen ser remunerados en consecuencia. La mezquindad reinante en esos ámbitos, hace que los cargos de ese nivel se repartan entre burócratas ambiciosos, totalmente incapaces de decidir nada.
  25. Irresponsables: por algún milagro que mala hora se da, sus decisiones carecen de antecedentes y consecuencias. Si condujeran un camión de ese modo, nadie criticaría la decisión de dispararles para detenerlos.
  26. Hay decisiones que cualquiera se encuentra en condiciones de tomar. Si alguien lo hace, es por simple formalidad, dado que se siente respaldado por la opinión de la mayoría. Con gran alivio de su parte, es como si no estuviera involucrado.

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