Enseñar y aprender

Saul Steinberg: Diálogo

Aprender a examinarse e instruirse a sí mismo es algo muy cómodo y no tan peligroso como afeitarse solo. Cada cual debería aprenderlo a cierta edad, para no ser un día víctima de una navaja de afeitar mal gobernada. (Georg Lichtenberg)

¿No cree usted que tenemos para enseñar una enormidad de cosas en las que nosotros mismos no creemos? (Henryk Ibsen)

  1. Has tenido buenos maestros y maestros atroces. De todos aprendiste algo, porque no permitiste que los peores llegaran a ser un obstáculo en tu crecimiento. Los más hábiles, probablemente aprendieron de ti, casi tanto como tú de ellos.
  2. Cuando existe alguna voluntad de aprender en el estudiante, casi no importa quién es aquel que enseña, ni cómo lo hace, ni dónde, ni durante cuánto tiempo, porque todo eso ocurre (continúa ocurriendo) incluso cuando él se encuentra ausente.
  3. Cuando alguien estudia, apuesta que será capaz de otorgarle un sentido a su vida, se prepara para convertirse en alguien que todavía no es y tal vez tampoco llegue a ser, una convicción suficiente para orientar sus actos de hoy. Si este proyecto no se establece, la posibilidad de aprender se vuelve cada vez más remota y el azar termina conduciendo el proceso.
  4. Basta que alguien trate de aprender, para que al cabo de algunos tropiezos inevitable lo consiga, a diferencia de lo que pasa cuando alguien pretende enseñar y todo parece complotarse para que fracase, por preparado que el maestro se encuentre.
  5. El último recurso de quien enseña, es permitir que el aprendiz se dé de cabeza contra un muro que según él no existe. Una experiencia dolorosa vale más que una advertencia desoída.
  6. Aquel que enseña, debe aprender a retirarse a tiempo, aunque permanezca no muy lejos y sobre todo atento a lo que sucede, para dejar que sus estudiantes dejen de rechazar el riesgo de aprender por sí mismos.
  7. ¿Después de todo, no he sido yo el mejor maestro que tuve? Probablemente no, dirán quienes me conocen bien, pero al menos soy aquel que estuvo a cargo de mi propia educación durante el mayor tiempo, y no lo hice tan mal, cuando se piensa en mis evidentes limitaciones de aprendizaje.
  8. Amo el riesgo de buscar el conocimiento por mí cuenta, perdiendo el tiempo y las energías, lo más probable, pero también disfrutando cada minuto de esa búsqueda, incluso cuando todavía no me condice a nada concreto.
  9. De haber contado con guías más confiables que yo, probablemente hubiera ahorrado muchas búsquedas inútiles, cantidad de distracciones, invenciones reiteradas del hilo negro. Al fin y al cabo, me digo, ese soy yo. Ninguna maravilla, pero al menos alguien que no se conformó con lo primero que encontraba.
  10. Nadie me impedirá continuar siendo quien soy. Cualquier aprendizaje desvirtuará ese patrimonio que no sé cómo se estableció, ni cuán válido puede ser, pero voy a defenderlo con uñas y dientes. Cuando me expongo al riesgo improbable de que me enseñen, es para demostrar al mundo que no lo acepto y prefiero el encierro en esto que soy, poco importa qué pueda ser.
  11. Los maestros suelen reunirse gustosos en grupos que impiden a los de afuera individualizar sus responsabilidades, como si fueran culpables de crímenes horribles, y tarde o temprano cada uno de ellos tuviera que defenderse de acusaciones imposibles de superar, si estuvieran solos.
  12. Un joven docente, poco mayor que sus estudiantes, trataba de diferenciarse de ellos, evaluando a unos con un rigor que no admitía discusión, a otros con una generosidad que le aseguraba aliados. En ambos casos no controlaba sus emociones.

    Saul Steinberg: Líneas de pensamiento

  13. Un viejo docente, que podía ser abuelo de sus estudiantes, había llegado mucho tiempo atrás a la convicción de su total incapacidad para enseñar y la denodada resistencia de los estudiantes aprender. Continuaba representando un rol que muy de vez en cuando le demostraba su error. Entonces, apartaba de un manotazo a quien hubiera conseguido aprender algo de él, como quien espanta irritado a una mosca.
  14. Era un docente improvisado, no porque se hubiera dedicado a la profesión poco tiempo antes, sino por ser incapaz de acumular experiencias y reflexionar sobre ellas con el propósito de corregir el desempeño. Entregarle un grupo de estudiantes, era tan sensato como entregarle un auto a un ciego y alentarlo a ponerlo en marcha.
  15. No pongas en riesgos los dogmas de ciertos maestros, porque se defenderán como si en ello les fuera la vida.
  16. No todos los estudiantes pretenden aprender. Los hay que tratan denodadamente, como burócratas, prolongar las ventajas de situación provisoria el mayor tiempo posible y dedicándole el menor esfuerzo de su parte.
  17. Simular que me enseñan. Simular que aprendo. Nosotros no nos arriesgaremos a quebrar esta ficción compartida, por temor a los cambios que pueden alterar todo lo que aceptamos sobre nuestra relación. ¿Qué ocurriría si el maestro se arriesgara a aprender y los aprendices enseñaran, aunque solo fuera por un momento, para escapar de la rutina?
  18. Fingir que se enseña es fácil y no encuentra quien denuncie la ficción, mientras haya estudiantes dispuestos a fingir que aprender, aunque solo se dediquen a no hacer nada, financiados en su inactividad por el estupor de sus parientes.
  19. Lumpenestudiantado: hijos de una burguesía que está dispuesta a pagar lo que sea, con tal de que la libren de la responsabilidad de formar a los jóvenes. Mientras permanecen en la tierra de nadie de la universidad, ellos coquetean con la delincuencia y la militancia antisistema, por falta de interlocutores más próximos.
  20. Lumpenprofesorado: todos están de acuerdo en que ganan poco, saben poco, ni siquiera aprecian ese poco y están donde están para cubrir las apariencias de las instituciones no siempre tan sólidas que lo contratan, y la responsabilidad de los padres que confían en ellos una educación de sus hijos que dede la familia no son capaces de tutelar.
  21. ¡Ah, el heroísmo de enseñar o aprender, cuando todos parecen oponerse! Tan intenso y placentero como el de sobrevivir a pesar del caos.
  22. ¿Estamos los docentes a la altura de las expectativas de nuestros estudiantes, que nos comprometimos a formar? A veces no es cosa de darles tan solo eso, porque los acostumbraron a recibir muy poco.
  23. Enseñar es arriesgarse a más de una decepción. Hoy pueden rechazar tu aporte, como inoportuno, y debes juntar paciencia. Ciertos aprendizajes se siembran ahora y tardan en dar fruto.
  24. El aprendizaje que vale la pena, suele ser aquel que transforma al aprendiz. Por lo tanto, no siempre es bienvenido, y la resistencia dice mejor que nada cuánto importa.
  25. ¡Ah, el apetito que se despierta en una mente joven, cuando descubre un mundo que ignoraba hasta entonces, y de pronto se abre para que lo recorra! ¡Qué privilegio haber facilitado esa opción!

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