Resacas

Michelangelo Buonarotti: Embriaguez de Noé

Las noches benditas, las mañanas muy malditas. (Refrán)

  1. Probablemente mañana me arrepentiré de lo que hoy me causa tanto placer. Mientras tanto, no dejaré que el cálculo empañe el disfrute que de acuerdo a las evidencias se encuentra a mi alcance.
  2. El despertar del disfrute superado puede ser horrible. Desde ya, los pensamientos más oscuros se abaten sobre uno, que solo atina a permitirles que desfilen y regresen, cuando tendrían que alejarse hasta sumirse en el olvido. Luego las perspectivas cambian. La luz cruda hiere menos que antes. Los sonidos intensos amortiguan su reverberación. Las ideas atroces permanecen reducidas a su lugar, a la espera del próximo descontrol. Uno ha regresado a la normalidad. No por mucho tiempo.
  3. Se desliza por la resaca sin esfuerzo aparente, sin quejas ni desaliento, como el surfista que espera la cresta de una ola (adecuada, inevitable, que tarda en llegar). Tal vez se hunda en un segundo más, pero trata de no pensar en eso.
  4. Haber sobrevivido al exceso no es más que una alternativa y sufrir una resaca es otra, que me parece cada vez más distante. ¿Por qué debo atarme a la prudencia, como si un Evaluador supremo estuviera decidiendo el futuro que merezco?
  5. Lo más probable es que la vida sea una prolongada resaca, interrumpida por borracheras que en comparación no pueden ser más breves.
  6. No hay epifanía sublime, sin la miseria de una resaca que la sucede y no impide recordar lo que de todos modos se perdió. Lástima grande que no pueda ocurrir lo contrario.
  7. ¿Quién se toma el tiempo de pensar en el futuro o revisar el pasado cuando es feliz? Hay que experimentar la desesperanza de la resaca, para que el tiempo nos entregue sus mensajes urgentes.
  8. Los adictos sostienen una hipótesis indemostrable (la eternidad de la embriaguez), con el objeto de embellecer su fugacidad imposible de ocultar.
  9. ¿Qué pasó cuando uno creía disfrutar (tal vez cuando efectivamente disfrutaba?). La memoria de la exaltación que uno dejó atrás, llega tan mezclada con el asco de ahora, que uno agradece no recordar más, para evitar el desengaño.
  10. Después de quitarse los anteojos y la prótesis dental, no podía evitar la meditación sobre la indudable fragilidad de la vida.
  11. Los ojos te traicionan, el oído te zumba, la espalda se te curva, el paso vacila, el sexto te abandona en los momentos menos oportunos. ¿Cómo no darse por enterado? Tu imagen narcisista ya no aguanta más remiendos y no es probable que te atrevas a elaborar otra que se corresponda mejor con tus nuevos límites.
  12. No toda resaca es aquella del alcohol. Cualquier entusiasmo genera la suya. Cualquier sueño, por elevado que parezca, termina disipándose al despertar. Las resacas no suelen bien recibidas, pero sin ellas la realidad no tendría demasiado peso.
  13. El haber sobrevivido a las dificultades en el pasado, no justifica en ningún caso que alguien se dedique a dar lecciones de vida a quienes tienen ese desafío por delante, porque muchos de los que podrían aprovecharlas no están dispuestos a que nadie les ahorre ningún tropiezo, ningún chichón, ningún dolor de cabeza que puedan experimentar en el camino.
  14. Sobrevivir a las experiencias no indica demasiado: tan solo que la Divina Providencia o el azar no tenían calculado destruirte todavía o que tus reservas no renovables de energías te permitieron llegar a un punto que tal vez no te sea dado superar, por lo que difícilmente llegues más lejos, o… (la lista de opciones puede ser tan amplia, que termina por devaluarse por sí sola).
  15. Después de haber caído de su caballo, derribado por un rayo, en el camino a Damasco, Saulo de Tarso despertó de las convicciones que lo habían alimentado hasta entonces, que le daban un empleo seguro y le permitían ser aceptado por el poder, para cambiar de nombre y convertirse en uno más de aquellos que perseguía. En esa resaca, intoxicado por sus nuevas convicciones, dedicó su vida a convencer al resto de la humanidad, si eso hubiera sido posible.
  16. Nunca es agradable despertar. En el caso de las fantasías, porque se vuelven reiterativas y dejan al descubierto sus límites. Hasta las pesadillas son más amables que la realidad, porque no continúan, a menos que uno se lo permita.
  17. Llegará el día en que no pueda evitar la premonición de la resaca, incluso en el momento en que me dispongo a embriagarme. Puede ser el signo de una madurez que todavía no alcancé, y aunque solo pueda imaginarla,  confío no experimentarla nunca.
  18. El mundo que se enfrenta al despertar en la resaca, nunca es demasiado amable. Suele ser el mismo del que se intentaba huir al embriagarse, con la desventaja de que solo un idiota puede ignorar las desventajas de quien lo enfrenta. Afortunadamente, esa lucidez incómoda no tiene por qué durar mucho, lo he comprobado tantas veces que mejor lo olvido.
  19. Hay quien pretende huir de la próxima resaca, embriagándose de nuevo (y así, sucesivamente). ¿No hay maneras más eficaces de volver a la nada?
  20. Vivir ciego y sordo, pero no mudo, ante el legado de otras generaciones que nos precedieron o todavía comparten el mundo: tal es el proyecto de vida más plausible entre aquellos que buscan apoyo en otros tan ciegos y sordos como ellos, pero no del todo mudos, un diálogo solipsista y embriagador, que dura mientras no se impone a todos la resaca.
  21. El optimista ve la resaca como un despertar que en buena se le ha concedido, aunque no sepa qué hacer con esa conciencia incómoda. El adicto, como una pesadilla de la que habrá de despertar cuando satisfaga su deseo.
  22. El disfrute sin límites de lo mejor de la vida, que aguardaba en el pasado, cuando sin duda era más imbécil de lo que hoy me está permitido ser, quedó atrás. La actualidad es una época de golpes en el pecho y repetidas promesas de no reincidir en las fallas de no hace mucho ignoraba, aunque lo más probable es que también esas buenas intenciones pierdan vigencia, cuando nuevamente se me olvide por qué estoy aquí, cuando deje de importarme quién soy.  Si he despertado y proyecto controlar mi vida, no es del todo en la realidad que pretendí abandonar.
  23. La resaca te dice: no aceptabas el mundo tal como era, pagaste un alto precio por la revuelta que intentaste y fracasó. Probablemente no tardarás en estar disponible para otro round.  Los contendientes suelen ser lo mismos. ¿Qué harás tú, para llegar a otro resultado?

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