Bric-á-Brac (universo de la nadería)

 

Willem van Haercht: Gabinete de curiosidades

Agrega un poco y tendrás mucho. (Ovidio)

La tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene sus límites. La tontería no. (Claude Chabrol)

  1. Vive atrincherado en un territorio que sin duda es insuficiente para satisfacer sus más elementales necesidades, angustiado por las amenazas del futuro, dispuesto a perder la vida o matar para defenderse, antes que a compartirlo. Está condenado a perderlo todo, pero se resiste a lo inevitable.
  2. Coleccionar es la superstición que promete darle algún sentido a las vidas de aquellos que se creen incapaces de sobrellevarlas sin su estorbo.
  3. Hay una infinidad de pequeños objetos inútiles y caros, mientras hay también torpes imitaciones de lo anterior, solo que a precio ínfimo. Las dos clases valen lo mismo para quienes los coleccionan. Sin ellos para estorbarles el paso, lo más probable es que se sentirían perdidos.
  4. Pequeños objetos acumulados en series inacabables, que justifican su existencia por el esfuerzo que exigió reunirlos, por el capital y el tiempo considerables que se invirtieron en una tarea a todas luces inútil, por la instalación minuciosa en un lugar privilegiado, que exige vigilancia y limpieza periódicas, desembocando en una sucesión de ceremonias desprovistas de sentido, que intentan colmar el vacío de la vida de aquel que aceptó encadenarse a ellos.

    Gabinete de curiosidades

  5. Una vez que has comenzado a reunir una colección de pequeños objetos, necesitas hallar el lugar para exhibirlos, aunque nadie más que tú los vea, y pronto surge la necesidad de subrayar el milagro de su existencia, poniéndolos sobre carpetas o encerrándolos en nichos y otros exhibidores que prometen que ya nadie se atreverá a moverlos nunca de donde fueron instalados. Puede ser una esperanza idiota, pero ese ritual te calma, te permite imaginar que por fin tienes el caos del mundo bajo control.
  6. La rutina puede estrangular el flujo de nuevas ideas, sin perturbar el orden que ha establecido. No hay lugar para nada más que lo previsible. Con lo que hay, basta. Por eso el quiebre de la rutina suele no ser visto como una liberación. A pesar de las quejas que de vez en cuando surgían contra ella, había logrado convertirse en la base de tu vida.
  7. Cuando no se tiene demasiado que valga la pena conservar, de todos modos se le brindan los mismos cuidados a cualquier cosa que uno considere suya. El valor del objeto no entra en consideración. Solo se trata de depositar afecto en algo que bajo ninguna circunstancia será abandonado.
  8. Cada objeto le recuerda (a veces, con esfuerzo) algún suceso notable del pasado, como si permanecieran allí, juntando polvo y no pocas veces estorbando el paso, con la misión de impedir que olvide.
  9. Hay parejas que ostentan su felicidad ante los amigos y vecinos, como los ricos sus joyas ante los pobres. Cuando no se los envidia como ellos planearon, es porque se sospecha (con toda razón) que están fingiendo.
  10. El placer inmediato es todo lo que figura en sus planes; una felicidad que no le permita pensar en nada más, lo antes posible, como si fuera urgente ponerle final al enojoso trámite de la vida.
  11. Epifanía: ilusión de haber apresado el sentido último de la existencia (con toda probabilidad, un segundo antes de extraviarlo definitivamente u olvidarlo). No preocuparse demasiado, porque todo se repite en la vida, hasta los momentos que consideramos únicos.
  12. Epifanía: estado de suprema beatitud que algunos tratan de inducir consumiendo no importa qué, en dosis crecientes, con altas probabilidades de aterrizar en cada vez más lamentables resacas o la estéril paz de la muerte.
  13. Ruinas de un esplendor imposible de restituir. La imaginación tropieza con los restos y no puede evitar el deseo de completarlos en su grandeza.
  14. Después de todo, uno se dice al contemplar los errores ajenos, es su vida y hace con ella lo que quiere. Si decidió arruinarla, aunque diga lo contrario ¿quién habrá de oponerse?
  15. Después de incurrir en una tontería, se vuelve difícil dejarla de lado y volver a comportarse de manera inteligente, como después de adquirir una baratija, su dueño no puede botarla, y entonces decide instalarla sobre una carpeta que subraya su existencia, posada en la superficie cuidadosamente lustrada de un mueble que todos se verán obligados a contemplar, como si la conjunción de arbitrariedades terminara por adquirir una respetabilidad inadmisible para cada una de ellas por separado.
  16. Con frecuencia, el gran arte incomoda o al menos requiere una admiración que no todos se encuentran dispuestos a concederle, mientras que la baratija se acomoda sin mayores dificultades a una atención superficial, a una tolerancia de lo trivial que termina convirtiéndose en adicción.
  17. El consuelo que brinda lo pequeño, lo efímero, lo condenado a desaparecer pronto sin dejar mayores huellas, incluso lo tóxico y lo deleznable, que nadie en su sano juicio se atrevería de justificar en público, difícilmente sea igualado por lo eterno.
  18. Los grandes proyectos apasionan, a pesar de que con cierta frecuencia también desengañan. Las pequeñeces, en cambio, consuelan o empantanan. Puedes librarte de los primeros con esfuerzo, pero no de las segundas.
  19. Más de uno se siente cómodo ante una nadería, mientras le da la impresión de ser insultado por lo verdaderamente grande.
  20. ¿Por qué resultan seductoras las tonterías, a pesar de la mala opinión que acompaña en todas partes su manifestación? Porque basta el menor descuido para que se impongan en la rutina de cualquiera, a diferencia de lo que pasa con las grandes ideas, y luego cuesta demasiado esfuerzo quitárselas de encima, a diferencia de lo que también pasa con las grandes ideas.
  21. Aquello que de acuerdo a la opinión generalizada no tiene el menor justificativo para existir, hay que reconocerlo, existe por sí solo, gracias a una contradicción que tal vez no entendamos, pero ahí está. Mejor es no cerrar los ojos ante la evidencia.
  22. ¡Ah el dolor insidioso causado por la felicidad inmensa, que en algún momento pareció estar al alcance de la mano y no obstante abortó, gracias al elemental sentido común de quien la hubiera podido conservar!
  23. Duele más no ser tomado en cuenta, que un insulto delante de testigos. ¿Cómo responder al desdén que se manifiesta sin palabras?
  24. Preferiría no depender de las pasiones mezquinas que en distintas oportunidades me dominaron, ni de los recuerdos humillantes que todavía me duelen, ni de las recaídas injustificables en los mismos errores que logré identificar y me prometí desterrar de una vez por todas, pero probablemente eso que rechazo con tal vehemencia, no pase de ser lo más auténtico de mí, sin duda no lo mejor, sino aquello que no estoy en condiciones de apartar de mí.

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