Después de todo, yo

  1. Cuando era joven, confiaba disfrutar en el futuro la gloria de ser yo. Ahora que envejecí viendo mis límites, me resigno con esfuerzo a la miseria de ser yo.

    René Magritte: El Falso Espejo

  2. El duelo de ser yo se ha prolongado tantos años, que se ha vuelto una costumbre, como el caminar o lavarse los dientes. Definitivamente, nunca seré otro, a pesar de mis esfuerzos, y en buena hora no me ilusiono acerca de la posibilidad de ser otro.
  3. Yo seré algún día nadie, pero lo más probable es que no me encuentre disponible para disfrutarlo. Me queda el consuelo de imaginar ese alivio.
  4. Yo fui. En el pasado, eso que podía denominar yo resultaba más evidente, como si ciertas luces destacaran lo que pasaba desapercibido bajo ciertas otras. Hay quienes me recuerdan ejecutando actos que no aparecen en mi memoria, diciendo palabras que no me constan. ¿Yo soy alguno de esos en los que me cuesta reconocerme? Al menos, me consuela pensar que un día no distante, el yo de los otros y el que yo sostengo, habremos desaparecido y con nosotros el inútil desacuerdo.
  5. En el pasado estuve más una vez absolutamente seguro de lo que hacía. En la actualidad debo ser menos tonto, porque nado en la mayor incertidumbre, sin esperar nada mejor.
  6. Al establecer una pareja dejé de utilizar el yo por un buen tiempo. Con los años, el nosotros se atenuó, porque a pesar de continuar junto, cada uno tiene proyectos propios. El yo no se restauró nunca del todo.
  7. No me imites con el objeto de obtener mi aprobación automática, incluso cuando sea involuntaria, terminará por causarme horror, ante la evidencia de defectos que siempre tuve, pero que hasta el momento en que tú los reflejaste conseguían pasar inadvertidos.
  8. ¡Ah, la voluntad de ser yo, contra la opinión del mundo entero, como si se tratara de una empresa heroica, donde se pone en juego el destino del universo! Mi estupidez pudo haber sido tan grande, que confundí mi completa irrelevancia con protagonismo en disputa.
  9. Yo no necesito armar una imagen demasiado favorable de mí para seguir viviendo. No soy tan atractivo, pero de cualquier modo puedo hallar en mí la materia de mis obras. Soy un conjunto inestable de temores, ignorancias, incapacidades, prejuicios, duelos, que de algún modo funciona, sin atascarse en las torpezas y contradicciones que no puedo evitar. Me tolero, generalmente, y muy de vez en cuando me celebro.
  10. Me ha costado entender de dónde vengo, cuál es mi voz y qué me es dado exponer. Con frecuencia me domina la sospecha de no saber hacia dónde voy, ni cuando sería mejor para mí callarme.
  11. Yo debí conquistar para mí un lugar en el mundo. Cualquier organismo vivo lo intenta, para asegurar su permanencia. Al envejecer, advierto que periódicamente abandoné ese territorio, porque se había contaminado o estaba demasiado expuesto a las agresiones. Sé que uno puede vivir sin echar raíces y también que arrancarse de cuajo abre heridas que no terminan de cerrar.
  12. Después de tantos cálculos errados, yo espero aprender algo del fracaso, aunque más no sea tolerar mis límites, en lugar de justificarlos.
  13. Debo haber amado más de lo necesario a este yo, para permitirle que repetidamente me defraude, me lleve por delante, se burle de mí, sin pretender saltar fuera de él, para poner entre ambos una distancia suficiente para concluir con sus abusos.
  14. Fui mi compañero de viaje más fiel. Desde los cuatro o cinco años me observé ocupado en la tarea de vivir. Me vi cometiendo errores de los estaba arrepentido cuando todavía estaba a tiempo de no incurrir en ellos. Me embriagué para olvidar por un rato que volverías a encontrarnos durante la resaca. Me felicité por el placer que compartíamos. Con menor frecuencia me aburrí de mi constante compañía. Yo y mi conciencia de ser yo estamos condenados a la misma suerte.
  15. Esta construcción inestable que denomino yo, me ha permitido seguir adelante, con más errores de cálculo y decisiones apresuradas que aciertos, con más esperanzas condenadas y arrepentimientos que certezas. Aunque solo sea por eso, debo estarle agradecido (o resignado) a su capacidad (o incapacidad) para salir adelante con recursos tan escasos.
  16. Puedo negociar con la realidad, no sin antes haberla combatido tenazmente. Lucho no pocas veces contra molinos de viento que me derrotan. Luego acomodo mis anteojos y trato de entender que puede hacerse con ellos, puesto que no vale la pena negarlos.
  17. En el futuro se podrá decir que yo estuve aquí alguna vez y con toda seguridad no dejé ninguna huella que me recuerde. Mi paso no alteró demasiado el equilibrio del universo. (agregar la firma de quienquiera lea lo anterior)

    Salvador Dalí: Cisnes reflejando elefantes

  18. Después de Heisenberg, ¿quién soy yo? Hubiera sido mejor no enterarme de que no existe una respuesta, pero al menos me consuela saber que ni siquiera no sé quién soy.
  19. Yo puedo ser sacrificado en nombre de la comunidad a la que pertenezco (también en mi beneficio, de acuerdo al dictamen de otros). Existe una tradición milenaria al respecto, que me invita a entregarme sin ofrecer resistencia, como si no hubiera mayor mérito que hacer exactamente lo opuesto a mi voluntad de imponerme sobre el mundo, pase lo que pase y digan lo que digan.
  20. A esta altura de mi vida, yo no espero demasiado de mí. No obstante lo anterior, sigo exigiéndome bastante más de lo que estoy en condiciones de entregar. De otro modo, no sé cómo sería convivir conmigo, escuchando los reproches de alguien a quien no puedo dar la espalda.
  21. Yo nazco del diálogo con otros, de las miradas ajenas que definen desde perspectivas contradicotiras, que se vuelve difícil ignorar. Yo soy también ese que para mi sorpresa me devuelven los espejos y las reflexiones sobre mis experiencias, en un proceso inacabable que reúne lo que puede coordinarse y trata de llegar a un acuerdo razonable con los evidentes desajustes.
  22. Un día estos, yo habré de desaparecer, por más esfuerzos que realice por impedirlo. Yo no soy eterno. Mis esperanzas de burlas esta condena, son tan modestas que me conformo con que algunos de los que conocí (especialmente los jóvenes) me recuerden sin disgusto por lo que intenté darles, no por mis limitaciones tan evidentes, pero aún esa expectativa se encuentra contaminada. ¿No será el olvido la mayor victoria, para quien se vio obligado a recordar?
  23. ¡Ah, no haber sido! ¿Pueden las experiencias felices la todavía más rara sensatez) desplazar de la conciencia este dolor que reconozco absurdo? Basta un mínimo descuido, para que reaparezca como si nunca se lo hubiera superado.
  24. ¡Ah, yo pude haber sido! ¡Qué pegajosa es la nostalgia de un momento que me es dado recordar, porque no existió, y sin embargo insiste en plantear las alternativas de otros caminos que nunca reocrrí, ni en ningún caso habrán de conducir a lo único que fue!
  25. ¡Ah, dejar de ser! Descansar del esfuerzo que exige continuar viviendo, a pesar de las expectativas fallidas y la necesidad de resignarse a lo existente.

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