Zapping

Fenakitiscopio

Los tiempos no se han vuelto más violentos. Se han vuelto más televisados. (Marilyn Manson)

  1. Era el alma de las fiestas. Cuando no participaba en alguna, se convertía en la sombra de lo que sus amigos conocían. Fuera del ruido de las celebraciones, el duelo se apoderaba de su ánimo. Tenía que sumarse a la euforia de otros para olvidarlo por un rato.
  2. Le encanta repartir los restos de sus banquetes entre aquellos que no habrá de invitar nunca, a) para que envidien ese privilegio inalcanzable; b) para que se consuelen con lo poco que reciben a cambio de su admiración; c) para que se vean a sí mismos como favorecidos, en lugar de discriminados; d) para que aplaudan su bondan desinteresada.
  3. Buscaba un amor imposible y nada le costaba menos que hallarlo, una certeza a partir de la cual no tardaba en comprobar que la mayor dificultad de su vida era mantener a ese amor a prudente distancia, para que no se convirtiera en su perdición.
  4. Era una mujer dependiente. Había logrado con poco esfuerzo de su parte, que un hombre la controlara en todos los aspectos de su vida, que la castigara por faltas reales o imaginarias, que se arrepintiera a continuación de sus desbordes, le pidiera perdón y le prometiera enmendarse. Desde su rol de víctima, se sentía enormemente poderosa, con ese único responsable de su desdicha puesto a su entera disposición.
  5. Había perdido toda esperanza de ser feliz. No creía que fuera posible, ni tampoco necesario ser feliz. Se conformaba con no arruinar antes de la cuenta su vida, pero tarde o temprano estaba convencido de que la arruinaría. No era cosa de esquivar el dolor que por algún designio ineluctable le correspondía.
  6. A lo largo de su vida, la familiaridad con sus fantasmas creció a tal punto que llegó a sentirse más seguro en su compañía, que en la vecindad de imprevisibles seres provenientes del mundo real. Pasara lo que pasara, sus invenciones no lo abandonarían. Podía racionalizar que el prolongado conocimiento de aquello que lo atormentaba, también le permitía controlarlo, pero la adicción al diálogo era más fuerte. Necesitaba oírlos (oírse), mirarlos (mirarse) como quien enfrenta un espejo infiel.
  7. Hay quien aguarda al estafador que habrá de perjudicarlo con la esperanza de quien espera al Mesías. Gracias a la seducción que despliega momentáneamente su verdugo, la víctima se siente por un rato acompañada, el centro de de todas las atenciones que habitualmente no le son prestadas por nadie más. Si paga por esa vecindad, lo hace con el gusto (y la resignación) de quien paga por disfrutar los servicios de una prostituta.

    Praxinoscopio

  8. Tú y yo nos parecemos tanto, que prefiero no continuar el diálogo que acaba de iniciarse. ¿Acaso alguien puede vivir todo el tiempo delante de un espejo, sin desear quebrarlo?
  9. Tú y yo diferimos tanto, que no puedo apartar la vista de tus gestos, por triviales que parezcan a otros. ¿Cómo puede ser que estemos tan relacionados?
  10. Era un hombre aburrido, que buscaba en las mujeres una alegría que no era capaz de encontrar en sí mismo. Pasada la excitación y la incertidumbre de los primeros encuentros, el desencanto lo dominaba, porque ninguna era capaz de reflejar otra imagen que la suya.
  11. Repetidamente anunciaba a través de sus actos y palabras, que el fin tan temido era inevitable, como si paladeara por anticipado el dolor que habrían de sufrir por su decisión, todos aquellos que intentaran detener el desenlace.
  12. Algunos tiemblan y se cuestionan, cuando todavía no han cometido el primer crimen. Luego, la mano se les afirma con el segundo, con el tercero, y el resto ya es tan fácil que deben ser detenidos por alguna fuerza externa, porque a ellos se les vuelve cada vez más cómodo repetirlo: se les ha convertido en un estilo de vida.
  13. Era un grupo humano de cuya coherencia no podía dudarse. Nada los unía más que la lucha contra el enemigo común, especialmente alguno que no estuviera en condiciones de defenderse.
  14. Un influyente transa favores con desamparados que necesitan con urgencia ser auxiliados. La falta de principios de unos y otros no es un espectáculo edificante para nadie.
  15. La consideración por los demás le resultaba tan ajena, que parecía exigir de todos ellos el pronto favor de la eutanasia.
  16. La causa fundamental de su soledad no era la inadecuación para vivir en pareja, cosa que no había probado tanto tiempo como para convencerse de que fuera algo más que un presentimiento, sino la incapacidad de arriesgarse al fracaso de una relación. Quien tanto teme perder, no es probable que alguna vez gane. Quien no teme demasiado, puede ser que pierda hoy, pero de todos modos lo intentará de nuevo, las veces que resulte necesario, hasta sentirse satisfecho.
  17. Era un pobre tipo acostumbrado a las peores humillaciones, necesitado del apoyo que solo podría conseguir de alguien todavía más resentida, una mujer dispuesta a destruir el mundo y a sí misma por intermedio de Macbeth.
  18. El círculo de lesbianas optó por imitar lo más lamentable de los hombres: su capacidad para colaborar en torno a la lucha por el poder, cuando se enfrentan enemigos superiores a sus fuerzas.
  19. Se sentía tan desdichado desde hacía tanto tiempo, que la posibilidad de morir pronto se le aparecía más como una novedad, que como el fin de sus padecimientos.
  20. Después del paso del caballo de Atila, no volvía a crecer la hierba, se cuenta con más envidia que condena, porque no es demasiado probable dejar una huella indeleble cuando alguien se limita a sembrar.
  21. Si la historia del Conde de Montecristo enseña que es mejor no acorralar a un hombre indefenso, porque se lo convierte en un vengador implacable, otra lectura indica que a pesar de la simpatía que despiertan las víctimas, mejor sería que aprovecharan sus capacidades para organizar otra vida, con otros objetivos, probablemente en otra parte, en lugar de limitarse a cobrar las afrentas del pasado.
  22. Tiende a contraer compromisos que luego respeta, incluso a costas del sacrificio personal. Se trata de una característica tan deseable para él como la cojera o la sordera. Es un personaje que incomoda, porque testimonia su punto de vista sobre los demás, incluso cuando calla sobre el tema de la falta de compromiso que predomina.
  23. Amaba a las putas (a su manera): por el solo hecho de pagarles por sus servicios, despreocupándose de la repulsión que pudieran alimentar ellas respecto de su persona. De todos modos, también pagaba con halagos verbales y muestras de respeto al resto de las mujeres que conocía, incluyendo a las que continuarían siendo inalcanzables, de quienes nada esperaba, pero al menos con las putas no tenía por qué temer que revelaran sus verdaderos sentimientos.
  24. Era una mujer dependiente. Si evitaba que abusaran de ella los miembros de su familia, le aterrorizaba la posibilidad de enfrentar el mundo hostil, que de acuerdo a sus previsiones la esperaba fuera del encierro. Más de lo mismo se le presentaba casi como un alivio, comparado con el pánico de responsabilizarse de su vida.
  25. Era un hombre cruel, como hay otros sordos o demasiado miopes: solo reconocía los ecos de sí mismo en el dolor que conseguía despertar en otros.
  26. Disociaba el dolor que alguna vez había causado a otras personas, reconociéndolo como un suceso del pasado, que tan solo como una hipótesis realmente absurda podía involucrarlo en la actualidad.
  27. Era una mujer perseguida por la desgracia. Cada vez que conocía a un hombre, le daba a entender todo lo que esperaba de él, y por lo general conseguía su propósito: que la defraudaran, que abusaran de su confianza y la obligaran a buscar otro colaborador en la tarea de volverse irresponsable de su suerte.
  28. Podía perder amigos, aún cuando él estuviera dispuesto a sacrificar su orgullo para conservarlos. Se había resignado a presenciar el agotamiento y la muerte de sus proyectos más amados, a pesar de los esfuerzos para resucitarlos. Sus fantasmas, en cambio, no lo abandonaban. Solían dar la impresión de que ellos estaban en el sitio que les correspondía, siempre nuevos y llenos de energía, desde mucho antes de que naciera el ser humano a quien atormentaban.
  29. Las mujeres fatales siempre encuentran el hombre que las inventa para justificar su ruina.
  30. Era un hombre que no podía ser más débil. Había convertido su indefensión en un arma infalible, que terminaba destruyendo la moral de sus enemigos.
  31. Exhibía sus desgracias de todo tipo, con un detalle y detención que revelaba un placer sospechoso. Tarde o temprano, uno se veía obligado a compadecerse, y en ese momento quedaba en sus manos.
  32. Vivía despidiéndose de todo aquello que amaba. Gracias a los ensayos tantas veces repetidos, confiaba convertir los duelos efectivos en cómodas ceremonias de higiene emocional.
  33. Era una mujer extremadamente cruel: bajo ninguna circunstancia estaba dispuesta a sufrir sola.
  34. El travesti era capaz de identificar lo más prescindible de las mujeres: su peinado, maquillaje y vestuario, aquello que lograra seducir a quienes suelen no buscar demasiado, con tal de obtener un rato de compañía.
  35. La complicidad en el crimen genera una solidaridad paradojal. No es que unos protejan a otros y al reunirse refuercen la impunidad, sino que todos confían librarse del castigo que merecerían, gracias a la oportunidad que les brinda la Justicia de delatarse unos a otros.
  36. Era un grupo de gente indigna, que tomados uno por uno hubieran podido ser rescatados para dedicarlos a fines más constructivos. Se juntaron tal como las partículas de hierro son convocadas por el imán. La reunión era su fuerza. También su infierno.
  37. ¿Cómo detenerlo? Había comenzado a destruirse desde muy temprano y lo hacía con tal dedicación, incapaz de hallar otro tema que despertara en él la misma pasión, tomándose su tiempo para que la ceremonia durara lo más posible, disfrutando en los breves intervalos durante los cuales no sufría, un alivio que hubiera podido confundirse con la verdadera felicidad.

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