Desnudas verdades

Diane Arbus: Jubilado y su esposa en un campo nudista, una mañana.

Hay un punto entre aquello que tú quieres que la gente sepa sobre ti y aquello que tú no quieres que la gente sepa. (Diane Arbus)

  1. Su desnudez insulta a la mayoría de los testigos, porque demuestra que a diferencia de todos ellos, efectivamente es quien afirma ser.
  2. En algún momento uno intenta despojarse de las convenciones que resulta más prudente obedecer. Aliviarse de cargas que otros no llegan a percibir como tales. Suprimir ataduras. Acceder a una libertad que siempre estuvo allí, disponible, que no depende de nadie más que quien la experimenta y suele ser dejada de lado. Ese despojamiento suele quedar reservado para cuando no hay testigos, como si se tratara de una debilidad que permitiría destruir a quien la confiesa.
  3. Aquí estoy. Sin segundas intenciones. Sin trucos de Fotoshop ni disculpas. Creo que también sin poses. Ahora puede verse que no es todo lo que tengo que mostrar de mí. Tampoco lo mejor, pero alguna vez debía ocurrir, para que el resto (los ocultamientos, las metáforas, los coqueteos, las promesas) recupere sus verdaderas dimensiones.
  4. Soy lo que soy (no demasiado), lo que fui, más de una vez hubiera preferido ser otro, pero con mayor frecuencia me siento cómodo con lo que he llegado a ser. Por eso me muestro con mis límites, que exigen respeto.
  5. Yo debo ser eso que veo reflejado en tus ojos, menos (o más) la respuesta a mi presencia. Debo ser ese a quien rechazas o toleras o te atrae para continuar mirando. No siempre es una evidencia halagadora, ni coincidente con aquello que estoy convencido de ser.
  6. Los conflictos fundamentales no pueden ocultarse a nadie. Hay que voltear la cara y no por casualidad, cuando se pretende no verse implicado en ellos.
  7. Al hablar sin eufemismos, su discurso escandaliza a los cómplices. Corren tiempos tan corruptos, que la verdad se ha vuelto malsonante.
  8. Prometía (demoraba también, como parte de una negociación) el espectáculo de aquello que los espectadores habían sido alentados a esperar, como si esa desnudez fuera una meta inalcanzable, que un repentino pudor le impedía conceder, antes de que adquiriera un valor excesivo.
  9. Nada más frágil que la desnudez de la pasión, cuando nos olvidamos que estamos allí, haciendo bien sabemos qué, pero olvidando el tiempo y quienes somos.
  10. Esa mujer fue tal vez tan bella como su memoria afirma. La edad la despojó de sus encantos reales o fingidos, uno tras otro. Le queda la coquetería de otras épocas, transformada en mueca. Su fragilidad se encuentra más expuesta que si estuviera sin ropas.
  11. Aquí estoy. Finalmente muerto. También libre de la vida que desdibujada mis intenciones. Aquí estoy, absorto en el diálogo con el gran vacío, del que ya nada ni nadie será capaz de apartarme. Aquí estoy, pudriéndome para demostrar que no soy un mito.
  12. Su cuerpo desnudo parecía por primera vez resignado a enfrentar la verdad. Eso era, debajo de tantos disimulos y ornamentos.
  13. Desnudez paradojal de los retratos de Diane Arbus: los personajes pueden estar vestidos, pero nunca hubieran debido posar ante una cámara que se dedica a exponerlos en su indiferencia.
  14. Desnudez engañosa de la pornografía. Todo lo que toca se convierte en goce irrestricto, inefable placer sin consecuencias, presente sin pasado ni futuro, simple fantasía donde cada lector o espectador debe sumergirse (olvidando la realidad) para obtener una migaja del disfrute que se le promete.
  15. Playa nudista o foto colectiva de Spencer Tunik: después la incomodidad inicial, ¡qué alivio! No queda sitio para el coqueteo, ni la insinuación, ni las comparaciones desfavorables, ni las exhibiciones agresivas. Todo se vuelve tan simple como la visión de un hormiguero y sus anónimos habitantes. Al cabo de un tiempo, la visión aterra.

    Giorgione: Venus dormida

  16. La Venus de Giorgione mantiene los párpados bajos, para dar a sus observadores la ilusión de que no se siente mirada. Mientras ella no los vea, ellos (no importa cuántos) podrán disfrutar sin atisbo de culpa el espectáculo excitante de su placer solitario.

    Bailarinas del Crazy Horse

  17. La danza de Salomé promete a Herodes lo nunca exhibido y por eso tan deseado. Las danzas del Crazy Horse, prometen a quien pague el derecho de admisión, una variante insospechada de lo único que se ha prometido exhibir en el escenario.
  18. Si exhibes abiertamente tu felicidad (puede ser, también, tu dolor) algunos compartirán esos sentimientos que la mayoría guarda para sí y otros te darán la espalda, molestos por un espectáculo inusual que amenaza con quebrar sus ensoñaciones.
  19. Decir directamente lo que piensas, te convierte en una figura temida y vulnerable al mismo tiempo, como sucede con los poderosos y los imbéciles. No puedes ir por el mundo proclamando tus verdaderas intenciones, sin esperar que otros se defiendan.

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