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Mall de Yakarta

Mientras consumes, te consumes. (Graffito anónimo)

El derecho al derroche, privilegio de pocos, dice ser libertad de todos. Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales. (Eduardo Galeano)

El consumo se incorpora a las prácticas amorosas, con la ayuda de los medios masivos, cuando se difunde la idea de que la “seducción” se logra y conserva mediante la compra de productos que exalten el yo. (Eva Illouz)

  1. Hubiéramos debido reunirnos con los amigos, con los parientes, con aquellos que comparten la misma fe, pero solo aceptamos la posibilidad de consumir a crédito, junto a no importa quién, mientras dure la oferta, en este territorio que es lo más próximo a lo sagrado que reconocemos.
  2. ¡Ah, la embriaguez de las luces y sonidos cambiantes, los perfumes deliciosos, las texturas que invitan a acariciarlas, esa variedad de sabores intensos, que al cabo de un rato ya no nos permiten recordar qué estamos haciendo aquí, ni cuáles eran las necesidades efectivas que pretendíamos satisfacer, pero sí que debemos movernos constantemente, para someternos a cada uno de los estímulos que nos aguardan!
  3. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Cuál es el sentido de mis actos? No hay sitio en el Mall para articular preguntas de ese tipo. Tampoco es posible postergar el apetito que me controla: debo consumir para demostrar que existo.

    Mall de Caracas

  4. Incapaces de organizar el tiempo libre, recorremos el Mall donde nos emborracha la reiteración de estímulos triviales, para quitarnos de encima incluso de la responsabilidad de disfrutar la posesión de objetos que no tardan en perecer.
  5. Las fantasías compartidas han impuesto dentro de las fronteras del Mall un universo imposible, del que cuesta apartarse, no obstante lo cual no hay promesa de felicidad lograda mediante la adquisición de mercancías, que no tarde en degradarse apenas traspasadas las puertas del Mall. La realidad acecha fuera, como la resaca después de la borrachera.
  6. Durante el fin de semana, las familias llegan al Mall, confiando que el consumo compartido les otorgue una cohesión más confiable que los genes, el afecto o la fe.
  7. Dejad que los niños frecuenten al Mall. Ellos deben entrenarse lo antes posible como consumidores, que por ahora disfrutan de crédito ilimitado (otros se responsabilizan de saldarlo).
  8. El consumidor que se expone al mercado puede sentirse por un rato el centro de tantas ofertas atractivas, dirigidas a su persona y a nadie más, que se afirma en la convicción de que si tantos lo reclaman, luego existe (aunque la duda sobre su rol en el mundo cotidiano lo acose y lo obligue a continuar consumiendo).
  9. Trampas seductoras. Todo se encuentra tan cerca de la mano, tan al alcance de cualquier bolsillo, aguardando al primero que se decida a capturarlo (y no menos accesible para el resto de los que pasen). El mercado no tolera dejar a nadie insatisfecho.
  10. Cuando tenga todo lo que deseo, conseguido en este Mall no importa cómo, yo también seré deseado. La felicidad del consumo llega teñida de improbabilidad.
  11. Consumir a crédito: disociar el disfrute inmediato de las preocupaciones futuras.
  12. Promesas de un mundo paralelo: el universo del deseo que se ambienta en el Mall, bajo seductoras luces artificiales, aromas apetitosos y una banda sonora que invita a abandonarse al ritmo y no pensar, se encuentra tan lejos del mundo real, que cualquier descuido conduce al consumo.
  13. Fiesta y cacofonía del mercado: todos los oferentes reclaman parecida atención (toda la atención) del visitante, ninguno se resigna a quedar relegado para más tarde, cuando la saciedad o el arrepentimiento se instalen.
  14. ¡Ah, la tristeza de los vendedores que día tras día permanecen a la espera de compradores, para convencerlos de que obtendrán la satisfacción que tanto ansían para sus vidas incompletas, comprando algún objeto innecesario, del que pronto se olvidarán.
  15. La oferta de la semana, las rebajas, el premio a los consumidores consecuentes: el hecho de consumir queda convertido en acceso a un cuento de hadas en el que cada consumidor se ve como protagonista.
  16. A espaldas del Mall, el Outlet, un sitio donde se deja de lado cualquier atisbo de pudor y se ofrece o busca lo fallado, lo descontinuado, lo probablemente inútil y carente de garantía… ¡con el incentivo dudoso de las formidables rebajas que acompañan a su adquisición!
  17. Outlet: la tienda es tan generosa que acepta el dinero de los clientes de segunda selección.
  18. Outlet: no se aceptan devoluciones. La falla no advertida por el consumidor, el arrepentimiento que llega con la resaca, la tardía recuperación del sentimiento de realidad, se convierten en materias postergadas para el Día del Juicio Final.

    Carteles en desuso

  19. Comprar o vender: se nos dice que no vale la pena pensar en otras alternativas de diálogo con los humanos. Aquello que por cualquier motivo no puede ser comprado en una infinidad de cuotas, ni vendido al mayor número de interesados, no existe, ni existió, ni es digno de ser imaginado.

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