Clientelismo y otras sinecuras

George Grosz: Autómatas republicanos

  1. Si mis subordinados me aplauden por cortesía, me homenajean por temor, me halagan con la única intención de obtener favores, ¿por qué no habré de rendirme ante esas naderías y sumarme a la inmejorable impresión que ellos tienen de mí?
  2. Desde que me encaramé en una institución tan poco digna de crédito, que fue incapaz de detectar mis intenciones y rechazar mi ascenso, me convertí en el más atento de los vigilantes del orden establecido, que cobra peajes, realiza todo tipo de zancadillas y negocia pequeños favores con los desubicados que pretenden repetir mi hazaña.
  3. Lo más probable es que ofrezca a mi clientela menos de lo que ellos demandan. Pase lo que pase, no será lo que ellos hubieran podido obtener de mí, porque no figura en mis planes convertirme en mártir de ninguna causa ajena, pero tampoco les daré nada que no me hayan solicitado, para evitar que adviertan su error y me traten como a su enemigo. Mi destino es defraudarlos, eso lo tengo bien sabido, haré lo necesario para impedirles recordar su demanda el mayor tiempo posible.
  4. Tú me proteges, yo te protejo. Como mi poder es tanto mayor que el tuyo, tú pagas por adelantando mi protección, mientras yo solo prometo brindarte la mía.
  5. Mis compadres lo son todo para mí. Yo les tapo sus fallos y ellos tapan los míos. Nuestra amistad ha sido puesta a prueba tantas veces, que si alguien es mal pensado podrá decir que vivimos para meter la pata y no pagar las consecuencias.
  6. Cuando alguien se descuida, comete un error y descubre que es tarda para corregirlo, o cree que nadie lo descubrirá y sin embargo sucede lo contrario… es el momento de los amigos con quienes vale la pena contar. Ellos disimulan, ellos proveen coartadas, ellos distraen a los que pretenden hallar responsable de lo sucedido al compadre, al compañero, al camarada, en una maniobra coordinada que tal vez nunca se hubiera destinado a fines superiores que la impunidad del grupo.
  7. Es inevitable que simule hacer una tarea sacrificada y trascendente, porque ni estoy capacitado para intentarla, ni es algo que cambiaría la faz del mundo si desapareciera, ni yo soy el héroe que haría falta para fuera algo más efectivo que un puro simulacro.
  8. La gente quiere oír promesas de los funcionarios menos confiables, cuanto más improbables mejor. Las promesas alucinan de tal modo al necesitado, generan tal producción de serotonina, que los embaucadores deberían gozar de un reconocimiento que después del desencanto se les niega.
  9. Necesito los halagos desmedidos, los homenajes obscenos, los aplausos inaceptables, que al menos por un rato, me permitan olvidar la pésima opinión que tengo de mi persona.

    George Grosz: Brillantenschieber in Cafe Kaiserhof

  10. Gracias a la estupidez de quienes enfrentan a cualquier funcionario, imaginándolo dotado de poderes superiores a los suyos, ante quien es mejor subordinarse para evitar represalias inimaginables, he logrado establecer un ritual de respeto, que me permite abusar de quienes me homenajean, para dejarlos satisfechos.
  11. No les molesta ser maltratados, porque lo interpretan como la evidencia de que alguien superior a ellos los ha tomado en cuenta y (¿quién dice que no?) tal vez la próxima vez cambie de humor y los ayude, porque ahora lo evidente es que no deben esperar nada.
  12. Si yo estuviera preparado para ejercer las funciones que tanto me costó alcanzar, ya estaría pensando en obtener algo mejor. Pueden verme defendiendo con uñas y dientes un territorio tan menguado, porque a pesar de todo el esfuerzo que le dedico, no me siento seguro de nada.
  13. Si mis superiores fueron tan imbéciles que me permitieron instalarme aquí, donde me encuentro instalado y confío permanecer por los siglos de los siglos, ahora convendría que miraran para otro lado. Se ahorrarán dolores de cabeza.
  14. ¿Por qué siempre hay un hambriento como Esaú, dispuesto a vender sus derechos inalienables a cambio de un plato de lentejas? Dios sabe que no me quejo de su impaciencia que termina alimentándome a mí, antes que a ellos.
  15. Desde lo alto se ven sin dificultad los esfuerzos infructuosos de aquellos que pretenden ascender hasta donde estoy yo, por ahora solo y decidido a impedir el acceso de quienes no van a salirse con la suya, ni siquiera cuando vengan ofreciendo pagarme peaje. ¿Qué esperan? ¿Llegar antes que yo, adonde todavía no he conseguido llegar?
  16. Desde lo alto se ve muy bien a quienes observan cada uno de mis actos, esperando descubrir mis errores, y quienes hacen la vista gorda. Solo cuento con los últimos para secundarme, a pesar de que en el fondo no confío en nadie.
  17. Desde el poder, solo hay memoria para la ofensa recibida y el disimulo de sus propias motivaciones.
  18. En la soledad que reclama el poder, solo hay encuentros para la complicidad y la traición.

    Georg Grosz: Pintura

  19. Desde abajo, la pirámide jerárquica puede resultar intimidante para todos aquellos que confían escalarla por sus propios méritos. ¡Son tantos los obstáculos, tan empinado el ascenso y tantas las dudas que invaden a los más capacitados para intentarlo! Ese no fue ni será nunca mi punto de vista, porque me concentré en los obstáculos que había decidido ponerle a mis competidores, confiado en el desaliento que suele invadir a quienes más se apasionan por algo, contando con las dudas ajenas, que ni me preocupo de analizar.
  20. Cuando alguien habla de los méritos personales y la igualdad de oportunidades, recuerdo a Josef Goebbels y apronto una pistola. La imagen puede resultar chocante a más de uno, pero ¿acaso no es legítimo matar en defensa propia?
  21. La mezquindad es lo más parecido a una virtud, ejercida con inmenso celo por quien detenta el poder; una contención que se impone a los demás, con la misma decisión que se niega a sí mismo.
  22. ¿Acaso el tráfico de favores no es un progreso evidente respecto de la guerra sin cuartel que predomina en otros lugares? Dejen de fruncir el ceño y acepten que mi propuesta puede no ser la ideal, pero hasta la fecha a nadie se le ha ocurrido ningún sistema menos sangriento.
  23. Reconozco pronto los méritos ajenos, solo para dedicarme a negarlos con todas mis energías, antes de que corroan por simple vecindad mi efímera base de sustentación.
  24. Algunos subordinados defienden a sus superiores, convencidos de que no hay otra manera de asegurar su futuro. Gran parte de mi poder deriva de ese mito que nace de la desesperación de los que están abajo, más que de la experiencia de un trato favorable. El resto, solo espera la oportunidad de suplantarme. Todos ellos pueden ser sacrificados en cualquier momento..
  25. Para conservar el poder, no es cosa de tener demasiados escrúpulos. Tal vez inicialmente ningún funcionario sea demasiado feroz y puede haber más de uno que parece haber nacido para víctima, pero a medida que se prolonga la lucha por sobrevivir, los menos atados a códigos de ningún tipo son los que se imponen.
  26. Para los funcionarios como yo, los seres humanos se dividen entre: a) clientes que pueden ser seducidos y explotados en mi beneficio, puesto que soy quien mueve todos los resortes, y b) innecesarios estorbos a la manipulación, que deben ser eliminados cuanto antes.
  27. Hay una máquina perversa, que primero selecciona y luego instala a los funcionarios más adecuados para mantener su funcionamiento, utilizando a la gente no calificada para dedicarse a tareas más creativas.

    Georg Gtrosz: Pintura

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