Políticamente Incorrectos

Políticamente incorrecto: comportamiento o lenguaje indefendible, que no toma en consideración las ofensas a distintos grupos de la sociedad.

Un hombre no puede ser políticamente correcto y chovinista. (Ruth Perry)

Aborígenes: Seres de escaso mérito, que entorpecen el suelo de un país recién descubierto. Pronto dejan de entorpecer; entonces, fertilizan. (Ambrose Bierce)

  1. El egoísta dice: ¡No esperen que yo haga caridad, si no tengo que disculpar alguna falta que mis enemigos podrían utilizar en mi contra! Afortunadamente para los necesitados, soy de los que se destacan por la exhibición de sus buenas obras.
  2. El mezquino nunca tiene suficientes aplausos. Nunca se aburro de escuchar discursos de sus subordinados donde le mencionan en los mejores términos. Nunca se cansa de hacerse oír por aquellos que no se atreverían a responderle. Es lo que es. No puede, ni quiere evitarlo.
  3. Tal vez el megalómano lo calle, pero está convencido: todo lo que es bueno para él, debe ser bueno para los demás, incluso aquellos que no saben apreciarlo. Todo lo que él considera correcto debe ser lo correcto para sus vecinos, incluyendo aquellos que se atreven a pensar distinto y (mayor desafío) lo manifiestan. Él es la medida de todas las cosas. ¿Alguien discrepa?
  4. Cuando abusa de alguien, piensa el cruel, disfruta (aunque sea brevemente) una embriaguez deliciosa que lo confirma en la sensación de que eso es lo correcto. Parece que nadie en el mundo fuera capaz de detenerlo. No se siente restringido por ninguna de las reglas que la estúpida mayoría teme infringir. Eso no vale para él. No es raro que con tal de continuar disfrutando esos momentos de libertad, olvide que se expones al despertar y la resaca. Imagina que permanecerá sumido en ese disfrute irresponsable, por una excepción milagrosa que la suerte ha reservado exclusivamente para él.

    Represión policial

  5. La necesidad de abusar del más débil, es algo tan natural en el cruel como el acto de respirar. La decisión de respetar al otro, en cambio, contraría sus hábitos mejor establecidos.
  6. Lo más irritante del crimen, se dice el criminal avezado, no son los remordimientos, como suponen los inexpertos que no han cometido ninguno, sino la odiosa prolijidad que exige el borrado de las huellas capaces de incriminarlo. Esa minucia termina por arruinar cualquier diversión.
  7. Uno puede ser considerado y (pase lo que pase) respetar el territorio ajeno. ¿Para qué? Si es creyente, supone que sus buenas acciones le serán recompensadas en el más allá (demasiado tarde para disfrutarlo). Si no es creyente, confía que se reconozca su virtud en este mundo. En ambos casos, piensa el inescrupuloso, uno contraría sus apetitos para nada.
  8. Llevarse bien con gente corrupta, que no respeta ningún principio, está convencido el pragmático, suele ser más cómodo que alternar con esos raros ejemplares de gente apegada a la moral, que parecen estar siempre a punto de juzgar a los demás por faltas reales o presuntas (y condenarlos a continuación, sin mayores trámites).
  9. De acuerdo a los encargados de los trabajo sucios que incluye cualquier jerarquía, todo el mundo simpatiza de inmediato con las víctimas y ni siquiera piensan en el estrés profesional que sufren los verdugos.
  10. Uno sabe escoger a sus colaboradores entre aquellos que no se atreven a cuestionar sus órdenes, se dicen los que alcanzaron el poder. Aquellos que miran para otro lado y no se enteran de nada irregular que los comprometa, que aceptan premios y gestos de amistad sin preguntar qué se espera a cambio de ellos. Al cabo de un tiempo, dejan de verse como seres independientes de su benefactor. Ellos se alinean detrás de quien les da de comer, suspenden opiniones personales y no se plantean otro objetivo que defender a quien los protege. A pesar de lo anterior ¿por qué resulta imposible para quienes detenta el poder, confiar en ninguno de ellos durante una crisis?
  11. Cuando nos toca estar a las órdenes de alguien (a quien podríamos sustituir si las condiciones cambiaran), piensan los subordinados, le aseguramos nuestra fidelidad irrestricta, más que nuestra eficaz colaboración, porque de nosotros se espera que seamos simples figurantes en las ceremonias donde se demuestra que nuestro jefe no está solo, que forma parte de una institución respetable. Probablemente no fuimos escogidos por otro motivo.
  12. Si nuestro jefe cae, se dice el subordinado, deberíamos acompañarlo en su desgracia, pero nunca se habla de ello, porque la imagen de un eterno futuro sin tropiezos, llega a ser todo lo que tenemos en mente. Suponemos que el jefe va a permanecer para siempre y nosotros respaldándolo. Si por cualquier eventualidad él cayera, solo es cosa de dar un paso al lado y manifestar nuestra sorpresa, incluso el desencanto por una vedad que solo entonces se nos ha revelado; en ningún caso conviene analizar las circunstancias de la caída, porque tal vez se nos brinde la oportunidad de ocupar su puesto y repetir su trayectoria.
  13. Al agresivo le hubiera costado mantenerse mucho tiempo en pie por su propio esfuerzo. Atacar a otro le resultaba más fácil, porque mientras lo atacaba, lo empleaba también para afirmarse.

    Sati: autoinmolación de viuda hindú

  14. Tradicionalmente las viudas eran incineradas en la India, al pie de la pira que se encargaba de los restos de sus maridos, se dicen los intransigentes. Ese debería el modelo a seguir por aquellos que prometen vivir en pareja hasta que la muerte los separe.
  15. Los esclavos eran vendidos como ganado por sus propietarios, a diferencia de lo que pasa con los trabajadores libres de la actualidad, que reciben una remuneración insuficiente y pueden quedar en la calle en cualquier momento, los esclavos solían ser cuidados por sus dueños, menos por consideraciones humanitarias, que para no descapitalizarse.
  16. Dice el ambicioso: Hay gente que no nos agradece el favor de maltratarlos. Gracias a nosotros adquirieron una imagen de víctimas que representa un capital para el resto de sus vidas. También aprendieron a reconocer de dónde pueden llegar las agresiones. Probablemente ya nadie los tome por sorpresa en el futuro. Quizás nosotros, a quienes responsabilizan del daño que sufren, no hayamos ganado nada, pero ellos sí.
  17. Dice el acomodado: No es fácil conquistar un lugar en el mundo. Tal vez no me haya costado a mí personalmente, ni tampoco a mis padres, pero sí a mis abuelos y tatarabuelos, que no repararon en medios para obtenerlo. Por eso es de entender que uno esté dispuesto a conservarlo para sí, para sus hijos y nietos. Cualquier duda respecto a ese derecho, será considerada una provocación inaceptable.
  18. Los extranjeros, declara el provinciano, no suelen ser bien recibidos. ¿Por qué habrían de serlo? Puesto que la Ley y las costumbres no les brindan las mismas oportunidades que a los nativos, sería una torpeza no aprovechar la oportunidad para discriminarlos y ponerlos a nuestro servicio. Ya no van quedando muchos compatriotas dispuestos a tolerar ese rol.
  19. Declara el discriminador: ¿Hasta cuándo se le dará tanto peso a la tolerancia? Después de todo, solo beneficia a las minorías, que de acuerdo a las reglas del juego en las democracias, deberían resignarse al rol secundario que les corresponde.
  20. Otros pensamientos del discriminador: Si a uno lo obligan aquellos que tienen más poder, tal vez se vuelva tolerante por decreto y abrace a todo el mundo, incluyendo a quienes huelen mal, podrían quitarle la billetera o parecen proclives a clavarle un puñal en la espalda. Pues bien, que fotografíen la escena de confraternización y varios testigos la presencien, porque no volverán a verla nunca más.
  21. De acuerdo al astuto: ¡Sálvese quien pueda! Nada mejor que el pánico de los demás, para dejar de lado cualquier simulacro de consideración. En este momento somos tan feroces como de costumbre, solo que aparentar lo contrario.
  22. Olvidar los favores que uno recibió en los momentos de apremio, está convencido el ingrato, no deja de ser una señal de buena educación. ¿Por qué habría de continuar agradeciéndolos cuando la emergencia pasó? ¿Acaso fueron hechos con la intención oculta de obligar a rendir eterna pleitesía a los benefactores? De ser así, muchos se negarían a aceptarlos, como quien rechaza un crédito cuyos intereses son demasiado altos. Cuando la gente es desinteresada, no espera que nadie le retribuya nada. Brinda su ayuda por lo que podría denominarse el placer de ayudar, porque no puede evitarlo (como el estornudo o la tos). Si alguien da por sentada ese tipo de intenciones, aprovecha el favor y mira para otro lado.
  23. La lucha contra la desigualdad, se dice el abusador, tiene un gran obstáculo: todo el mundo necesita discriminar a alguien, para no caer en el pánico de no saber todavía quién es.
  24. Los viejos suelen ser figuras que causan espanto a los jóvenes. Ojala hubiera algún modo de disimularlo. Los jóvenes quisieran no enterarse de que los viejos existen, porque les arruinan la vida recordándoles que en el mejor de los casos llegarán a ser como ellos, y en el peor se morirán antes de tiempo.
  25. Hay quienes nacen con clase, opinan los aristócratas, y quienes en vano se fatigan por adquirirla (siempre se les nota que acaban de hacerlo y eso es peor que no tener clase). Los pobres que aceptan sus evidentes limitaciones, suelen suscitar menos rechazo que los nuevos ricos, decididos a competir con quienes detentan legítimamente el poder, desde hace tanto tiempo, que ni bajo tormento aceptarían compartirlo.
  26. El vanidoso afirma: Hay quienes reconocen por sí mismos los méritos que me adornan. No son tantos como pudieran suponerse, ni alzan demasiado la voz, para que otros se den por enterados. Por eso, no debo desesperar: la misión que el Destino me confió es invitarlos a reconocer mi supremacía. Nunca me perdonaría dejarlos en el error.
  27. Para el abusador, tal vez no todo lo que le causa placer se justifique desde el punto de vista moral… ¿pero acaso no fue entrenado para defender con argumentos capciosos cualquier circunstancia incómoda y simular ignorancia sobre el resto?
  28. De acuerdo al inescrupuloso, empeñarse en demostrar que comparte los códigos morales que la mayoría comparte y atenerse a cada uno los compromisos contraídos, equivale a dejar la puerta de una casa abierta y los objetos de valor expuestos a la codicia de cualquiera. ¿Por qué convocar a los ladrones que solo pueden causar daños?
  29. De acuerdo al hipócrita, no es mala idea afirmar que uno respeta los códigos morales de la mayoría y se atiene a los compromisos contraídos, siempre y cuando lo anterior no pase de ser una mera ficción que tiene como principal objeto detectar a los adversarios y anularlos apenas de que ellos den el primer paso.
  30. Allí donde las instituciones no pasan de ser meras concesiones al reclamo de quienes disputan el poder y a quienes solo se preocupan por su ombligo, es inevitable que los pedófilos logren convertirse en responsables de correccionales y asilos de huérfanos.
  31. No abusar en el momento oportuno de que se encuentra débil, del anciano, de las mujeres, del joven, del extranjero, de cualquier miembro de una minoría que no pueda defenderse, piensa aquel que nada ansía más en este mundo, es concederles una ventaja (una estúpida igualdad de oportunidades) que solo puede traer arrepentimiento cuando las víctimas dejen de lado el miedo y se atrevan a enfrentar a sus verdugos.
  32. Si las minorías no existieran para que sus derechos fueran ignorados sistemáticamente por la mayoría, se dicen los explotadores ¿qué visión crítica y renovadora se encontrarían en disposición de aportar al resto de la sociedad?
  33. Si las mujeres y los niños no existieran para ser abusados, se dicen sus abusadores, ¿por qué puso Dios a los hombres en la plenitud de sus fuerzas, unas hormonas que deberían desoír, precisamente cuanto más claro resulta su mensaje?
  34. ¡Por las dudas, abusa del poder que hoy disfrutas! En caso de encontrar resistencia, continúa abusando en la confianza de que hasta las víctimas se aburren de protestar. Abusa mientras no te veas obligado a rectificarte por la acción de algo o alguien investido con más poder que tú. Si te dejas llevar por los buenos sentimientos, no llegarás a ninguna parte.

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