Amores

Es preferible contarse entre los perseguidos, que entre los perseguidores. (Talmud) 

En el amor vence quien huye. (Ludovico Ariosto) 

Amor es el más poderoso hechizo para ser amado. (Baltasar Gracián)

Foto de una boda siglo XX

  1. Cuando te aman, te descubres en condiciones de provocar la felicidad más completa y el mayor de los tormentos en quien tomó la iniciativa de bajar todas las defensas para encontrarse contigo. Sin demasiado esfuerzo y hasta por descuido, puedes pasar de una situación a la otra.
  2. El amor es reconocer que necesitas la felicidad de alguien más, cuando hubieras podido utilizar a esa persona para satisfacerte por un rato, despreocupándote de quién es y qué siente por ti.
  3. No confíes demasiado en mí. Si te descuidas, te cambiaré hasta que coincidas con lo que yo había soñado antes de encontrarte, y si me descuido, tú cambiarás incluso lo que yo esperaba de ti antes de conocerte.
  4. Aceptarte tal como eres, no me resulta del todo imposible, pero si ambos nos descuidamos, tú te habrás modificado de tal modo durante el proceso, que ya no estaré muy seguro de saber qué estoy aceptando: si a ti o al eco amplificado de mis deseos más difíciles de reconocer.
  5. Se sabe que amar, en el mejor de los casos, no pasa de ser una apuesta contra el olvido y la traición que temprano o tarde suelen imponerse. ¿Qué importa perder la apuesta alguna vez o incluso perderla todo el tiempo, si entre tanto uno conoció la excitación de imaginar que obtendría la máxima recompensa?
  6. Cuando el amor se da (nunca se entiende muy bien por qué, ni entre quiénes o hasta cuándo habrá de durar) nace la esperanza de permanecer juntos entre aquellos que hasta ese momento se sabían condenados a la soledad.
  7. Se habían amado. Luego la pasión se desgastó. Quedaban los rencores de mutuas afrentas. Era imposible apostar a qué terminaría prevaleciendo.
  8. Hacían el amor con mal disimulado enojo. Cada uno hubiera deseado estar en otra parte, con otra persona, en lugar de consolarse por la ausencia de quienes realmente amaban.
  9. Le deslumbraba el asombro y la fiebre que era capaz de despertar en su pareja. Nunca se detenía a pensar si esa reacción era real o fingida. Gracias a la desinformación eran moderadamente felices.
  10. A pesar de los enamorados que reducen todo al presente de las hormonas, en el amor hay compromisos que se adquieren y deudas que finalmente se saldan.
  11. Enamorarse de las apariencias de alguien es inevitable, pero no hay base menos confiable para quien pretende prolongar en el tiempo una relación capaz de hacerlo feliz.
  12. Enamorarse es un condimento de la vida que no cuesta demasiado obtener, porque las hormonas se encargan de suministrarlo en dosis adecuadas a casi todo el mundo. Compartir la vida con alguien, en cambio, es una situación difícil de controlar. No obstante, la ficción romántica y la conversación cotidiana se han encargado de invertir las jerarquías, para convertir al enamoramiento en un ideal supremo y a la vida en pareja en algo sobre lo cual no vale la pena detenerse a pensar.

    Anselm Feuerbach: Paolo y Francesca

  13. Enamorarse de alguien no cuesta demasiado. Sucede muy pronto en la historia de cada uno, cuando ni siquiera se tiene suficiente conciencia de los sentimientos. Desenamorarse no cuesta mucho más, pero no suele plantearse de ese modo. Se habla de sufrir desengaños, como si en retrospectiva el enamoramiento no fuera más que una ilusión, un engaño del que se escapa antes de que se transforme en compromiso.
  14. No hay pasión que pueda evitar la erosión de la costumbre, ni amor que se construya sobre la inconstancia.
  15. La rutina acumulaba desencuentros capaces de hacerles olvidar que también se habían amado. ¿Cómo restaurar la confianza, puesto que ya no la sorpresa?
  16. La completa sinceridad en una pareja, es más el signo de inexperiencia y mala educación, que el ideal de un comportamiento adulto. No es posible no ocultar algo, sea porque no se tiene idea de lo que se oculta, sea porque la contención es una virtud sin la cual no hay convivencia duradera.
  17. Para los testigos, los gestos públicos del amor de una pareja suelen resultar incómodos y lo más probable es que se los censure como una falta de educación, porque o bien ellos hacen el ridículo o (lo que todavía es peor) dejan en evidencia la envidia de los observadores.
  18. Romeo y Julieta se enamoran, pasan una estupenda noche juntos y mueren por su incapacidad para controlar la vida en común. Julieta no se ve nunca en la obligación de preparar un buen almuerzo para Romeo, ni él tiene que salir de la cama para ganarse la vida y mantenerla a ella. Incluso en estas circunstancias nada complejas, los personajes de la ficción se revelan como modelos inadecuados para los seres humanos de carne y huesos.
  19. En muchas culturas, la unión de una pareja tiene como objetivo asegurar la reproducción de la especie y el mutuo apoyo de quienes establecen esa relación. El amor constituye apenas un sedimento que se afirma con el tiempo de convivencia, un lazo más, que no debe ser el primero, ni siquiera el fundamental. .
  20. Hay un momento en que la posibilidad de enamorarse de nuevo tras un desengaño, puede parecer tan distante como la experiencia de haberse enamorado por primera vez.
  21. Los enamorados tapan la visión del futuro desamor que los amenaza con un dedo. No es que ignoren su existencia. Solo dejan de considerarlo para no arruinar el entusiasmo del presente.
  22. Los enamorados elaboran un mito tras otro, cada uno más falso que el anterior, con tal de justificar la urgencia de sus hormonas.
  23. Doma los instintos, porque no por satisfechos habrán de conducirte más lejos.
  24. Abandónate libremente a los instintos, no te preguntes por qué, pero toma en cuenta cómo, dónde, cuándo y con quién.
  25. Para vivir en compañía, aprende a tolerar las consecuencias de tus errores de juicio.
  26. Para vivir en compañía, considera que a pesar de las amenazas, conseguirás sobrevivir a los problemas que la convivencia plantea. Puede ser una convicción errónea, pero la verdad no siempre ayuda.
  27. Para vivir en soledad, aprende a no hacer trampas en el juego. Si no aceptas las reglas que tú mismo te has impuesto, lo más probable es que de todos modos termines perdiendo.
  28. Toda mujer fatal necesita al menos un hombre que la estuvo buscando tenazmente para someterse a sus caprichos. Si ella no existiera, él la inventaría. De un modo u otro, es improbable que ambos no coincidan.
  29. Toda mujer víctima necesita al menos un hombre que la estuvo buscando para someterla en forma duradera a sus caprichos. Si ella no existiera, él la inventará (y en los tiempos actuales, tal vez se sienta defraudado por la independencia que demuestra su invención, y antes que renunciar del todo al proyecto, decida destruirla).
  30. No ser amado es una ofensa que tarda en olvidarse. Uno prefiere dilatar la pena, revivir la humillación, como si en las reiteradas evocaciones de lo ya ocurrido pudieran cambiar las circunstancias, para convertir el abandono vivido en una aceptación futura.
  31. Dejar de amar produce un alivio instantáneo. Todo lo que se recuerda, en el caso de que algo se recuerde de un proceso tal vez complejo, que sin embargo se da como concluido para siempre, parece conducir a ese único final.
  32. No ser amado es una posibilidad que afronta todo aquel que está dispuesto a amar. Si no quiere sufrir el riesgo del desamor, le basta con resignarse a la soledad. Cada uno sabe cuál de los tormentos le resulta menos tolerable.
  33. Dejados a solas, carecían del interés mutuo que les permitiera continuar unidos. Por separado, cada uno resultaba escasamente atractivo para cualquiera. Necesitaban de una tercera persona para continuar siendo una pareja.
  34. En medio de la noche, su respiración me confirma que pesar de los presentimientos, nos tenemos el uno al otro.

E de tal modo haviam se disposto as coisas que o amor doloroso lhe pareceu felicidade. (Clarice Lispector)

 

 

Una respuesta a Amores

  1. Irene Dueñas dice:

    De acuerdo con el aforismo 27. Me pregunto por qué damos a la gente la oportunidad de abusar. Si uno demarca el terreno, sufre menos, aunque corra el riesgo de quedarse solo.

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