Palimpsestos

aprovechamientoespacio_peqPalimpsesto: Dícese de los escritos antiguos que son borrados para utilizar de nuevo el mismo soporte (pergamino, papiro, tableta de barro), a pesar de lo cual quedan restos que permiten identificar la existencia del texto previo. 

  1. Después de ser derribado de su cabalgadura por un rayo inexplicable y perder la vista en el camino a Damasco, Saulo de Tarso borra su nombre y su misión de recaudar impuestos para el Imperio. En adelante, se llama Pablo y con el mismo celo que perseguía a los seguidores de Jesús de Nazaret, se dedica a fundar la iglesia cristiana.
  2. En el terreno de la basílica románica de san Vicente, aprovechando columnas y capiteles de un templo cristiano, los arquitectos de Abderramán I construyeron una mezquita que sus sucesores ampliaron. Quinientos años más tarde, Fernando III de Castilla conquistó Córdoba y consagró la mezquita como catedral. Cambian los cultos y el Estado, cambian las lenguas en las que se adora a un Dios único, mientras las piedras mudas permanecen.
  3. Los talibanes bombardean las grandes figuras de Buda en Bamiyán y Jehanabad. Misiles antiaéreos, tanques, dinamita, ráfagas de metralleta calculadas para una guerra contra enemigos armados, se dedican a borrar textos de quince siglos de antigüedad.
  4. La nueva fe decreta que no puede haber sabiduría válida antes de su llegada. Por eso autoriza la borradura de los textos que alguna vez fueron considerados tesoros, para reducirlos a mero soporte de no importa qué, como si hubiera que humillarlos por el vano intento de aspirar a eternizarse mediante la escritura.
  5. Me conmueve la edición Furné de las novelas y cuentos de Balzac, anotados minuciosamente por el autor hasta el momento de su muerte. Nada estaba del todo concluido para él. No había tiempo para completar las correcciones, porque más importante era publicarlos en el estado en que se encontraran, a sabiendas de que cualquiera fuera la recepción, continuarían incompletos para el autor.
  6. Me conmueve la anécdota de Pierre Bonnard, pintor octogenario y viudo, perfeccionista como nadie, complotándose con un amigo suyo para distraer a los guardias del museo donde se exhibía una de sus pinturas, con el objeto de darle la oportunidad de repintar un fragmento, que a pesar del juicio de los expertos, él consideraba incompleto.
  7. Picasso envidiaba el rigor de Matisse, que se atrevía a esperar durante semanas, aparentemente sin hacer nada, hasta encontrar la forma definitiva que le permitiera expresar una idea, mientras él, impaciente, se sentía obligado a pintar una tela tras otra mientras buscaba esa idea.
  8. Cuando me han dado a corregir una entrevista que concedí, pierdo cualquier atisbo de decoro y corrijo cada frase que pronuncié, hasta destruir el sentido original, como quien pretende descifrar las inscripciones fragmentadas de un texto arcaico. ¿Fui yo alguna vez capaz de pensar eso? ¿Fueron esas mis palabras? ¿En qué estaba pensando cuando me dejé llevar por un impulso injustificable y permití que alguien las grabara? Ahora no lo acepto, me humillan las vacilaciones, las imprecisiones, las rimas involuntarias como ésta que acabo de anotar. Definitivamente, lo mío es considerar que no hay un fin.
  9. Cortar, borrar, corregir, editar. Si no tuviera la posibilidad de retomar el discurso, para examinarlo sin atisbos del descuido o la complacencia que le dieron origen, para darle nueva forma, probablemente me callaría.
  10. Quiero que la nueva versión de lo que dije (la cuidadosa traducción de mi discurso) evite las redundancias, suprima las incoherencias, redondee las vacilaciones, capture con elegancia, todo aquello que el discurso original no atinaba a controlar. Pretendo ser el dueño (todavía) de algo que dejó de pertenecerme hace rato, cuando lo produje, fue recibido y ahora me enfrenta con la evidencia de haber sido incorporado al discurso ajeno.

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    Palimpsesto

  11. Nadie dijo esto antes de que yo lo dijera. Me gustaría pensar eso alguna vez y no ser pronto desmentido por nadie, incluyéndome a mí. Soy un recién llegado al mundo de las ideas, un intruso y conquisto un terreno inexplorado; entre mis facultades se encuentra la de borrar aquello que existió antes de mí sin el menor remordimiento, por simple higiene. Puedo, sin embargo, dejar alguna huella de lo que existió y afirmar que tanto lo nuevo y lo viejo, todo puede ser considerado mío. Si esos fueran mis poderes ¿acaso tendría que confesarlo?
  12. La profesora de kindergarten me contó cómo lograba que sus niños pintaran las obras maestras que colgaban de las paredes. Les daba papeles, colores, pinceles, y no se apartaba demasiado de ellos, para retirarles lo que estaban haciendo, antes de que los autores incapaces de detenerse, continuaran pintando en el mismo espacio y todo se emborronara. ¿De quién era la autoría? ¿De aquellos que ejecutaban las obras o de quien las evaluaba en el momento preciso e impedía que las arruinaran?
  13. Vivo corrigiéndome con alegría. En buena hora sigo en este mundo, para depurar las huellas que va dejando mi paso.
  14. Aprender a detenerse. Nunca sé si vale la pena intentarlo o si es mejor explorar el camino contrario, superar los límites habituales, decir precisamente aquello que no sabe del todo, lo que tal vez nadie necesita oír, lo que nadie por prudencia se atrevió a decir antes, aunque más tarde llegue el arrepentimiento que intenta normalizar ese instante de libertad.
  15. Dicen que aprender a callar es el secreto de una comunicación más profunda que la habitual. Me gustaría difundir ese mensaje, pero en mi estado actual, tal vez me encuentre incapacitado para demostrar los beneficios del silencio.
  16. ¿Dije esto antes? No es imposible. Desisto de la tortura de releerme frase por frase, para comprobar si eso que me parece haber dicho lo fue, o si es el fruto de una torpeza que no debo ignorar. ¿Alguien lo dijo antes que yo? Eso lo doy por sentado. ¿Alguien se privará del placer de inventarlo de nuevo? Puedo hallar consuelo imaginándome como uno más de una serie de malabaristas que practican con distinta habilidad los mismos trucos.
  17. ¡Ah, la tentación persistente del anonimato! No ser más, borrarme por completo, no dejar en este mundo ninguna huella de mi paso, hasta que no sea posible devolverme, intentando corregir los detalles de la partida.
  18. ¡Ah, la tentación de la autoría! Todo puede ser marcado por mí, tanto lo propio como lo ajeno, hasta por simple descuido, deliberadamente o por error, de manera tal que cuando yo no esté, la memoria de mi paso por el mundo no desaparezca de la conciencia de aquellos que enfrenten mis obras y me las atribuyan, aunque solo sea para burlarse de la estupidez de mis pretensiones.
  19. Después de un tiempo de acumular experiencias fallidas, ya no tienes la misma urgencia de antes por meterte en problemas. Aprendiste a callar y no hacer nada. Visto el proceso en retrospectiva, sufres menos pero también dejaste de soñar.
  20. Las ideas se buscan o encuentran, pero con mayor frecuencia se pierden, se olvidan, por no tomarse el trabajo de anotarlas; o permanecen inútiles, a la espera de que alguien (no importa quién) las pula y emplee. Pase lo que pase, no pertenecen a nadie.
  21. Los proyectos nacen y con excesiva frecuencia mueren sin haber dado los frutos deslumbrantes que prometían. Mientras se desarrollan, vives en ascuas, sin pensar en otra cosa, nutriéndolos con todo lo que tienes. Aunque solo fuera por participar en esa etapa, que llena de sentido a tu vida, deberías despreocuparte de la frustración que siempre ronda cerca.
  22. Acerca de la obsesión de dejar una huella imborrable en el mundo: con que te recuerden a veces, aquellos que te amaron un poco, ya tienes bastante.
  23. Cuando pienso en mi juventud, me maravilla la convicción de que tuviera tanto que decir, sin advertir que lo más probable era que repitiera sin demasiadas alteraciones, lo mismo que otros me habían dicho poco antes.
  24. Ser el eco de un eco de otro eco distante, en un proceso que viene desde donde no logro divisar el origen, que con toda certeza no está en mí, ni en el mejor de los casos tampoco habrá de terminar en mí. En la actualidad no lo veo como una mortal ofensa contra la imagen del creador autónomo que pretendí asumir en mi juventud, sino como la alternativa más plausible de un circuito de fallidos mortales, que atisbamos la eternidad pero no llegamos a retenerla.
  25. Este blog se reescribe constantemente. Agrego, quito, cambio, cito, aludo, resumo, porque espero tu respuesta.
  26. Hace tiempo, te viste obligado a aceptar que todo lo que lograras crear en este mundo, no podrías considerarlo tuyo por mucho tiempo; que tarde o temprano alguien se encargará de borrarlo, para dejar a continuación su propia huella. ¿Acaso no hiciste lo mismo cuando fue tu turno de demostrar que existías? En el mejor de los casos, te reescriben. En el peor, quedas olvidado.
  27. Nunca hay suficientes ideas nuevas. Por eso aquellos que se han comprometido a suministrarlas y tropiezan con la evidencia de su fracaso, destruyen la reserva de ideas antiguas, en la confianza de que nadie reconocerá lo que ellos reciclen de memoria (probablemente, de mala memoria).
  28. Borraba incesantemente un texto que todavía no estaba escrito, que comenzaba a tomar forma en su mente y no llegaba a ser trazado, incapaz de aceptar los errores que no había cometido aún y los aciertos en los que nunca habría de incurrir, dado el miedo que lo paralizaba.
  29. Una vez que producía su obra, era incapaz de cambiarle nada y se comprometía en una defensa generalizada que reclamaba todas sus capacidades. Temía que el proceso de las inevitables correcciones a las que hubiera conducido cualquier análisis dotado de un mínimo de objetiva, fuera capaz de privarlo de algo intolerable: una visión contundente de su vocación por la torpeza.

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