Diario de Bitácora

 

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Yo no puedo ser más que un espejo, en el que el lector pueda ver su propio pensamiento con todas las deformidades, de modo que, así ayudado, sea capaz de enderezarlas. (Ludwig Wittgenstein)

A lo más que puede llegar un mediocre, es a descubrir los errores de quienes lo superan. (Georg Lichtenberg)

Muchos nacen, pocos viven. (José Ingenieros)

  1. Muchas vidas pueden ser vividas por cualquiera de nosotros en el curso de una sola vida. Varias muertes se intercalan también durante el mismo ciclo.
  2. Las ilusiones crecen todo el tiempo, como las uñas y el pelo. No hay que preocuparse de ellas, porque nos guste o no, llegan y fatalmente nos envuelven, nos arrullan, nos obligan a amarlas, pero conviene estar preparado para el momento en que se vuelve necesario librarse de su compañía, para evitar que nos estrangulen.
  3. Cada paso que uno da incluye la pérdida momentánea del equilibrio, en la confianza de reestablecerlo con el próximo paso. La misma confianza debería guiarnos en otras decisiones de la vida. Si no te arriesgas, no avanzas.
  4. ¡Ah, la desafiante obscenidad del poder! ¡Qué delicioso presenciarla en acción, sabiendo que un día no lejano habrá de quebrarse y caer, para mayor pena de quien la ostenta como si fuera un don eterno!
  5. Convertirse en víctima de gente deshonesta, quizás no sea una situación envidiable para nadie, pero al mismo tiempo es lo más parecido a un homenaje que puede aguardarse de ellos. Si existe algo digno de lamentar, sería convertirse en uno más del grupo de corruptos.
  6. El desprecio hiere más de lo prudente, cuando alguien se ha concedido el gusto de manifestar su inquina. Dejar una herida abierta como esa, que tal vez tarde en cicatrizar o tal vez no se cierre nunca, es demasiada responsabilidad para quien hubiera debido simplemente matar a su víctima, en lugar de azuzarla.
  7. La generosidad siembra, pero no se sabe muy bien cuándo llegarán los frutos. Quizás pronto o puede ser que nunca, Eso no altera demasiado las expectativas de que quien hace el bien. La maldad tampoco se pone plazos para que la respondan. Eso es lo peor de todo: el daño permanece latente, no hay tiempo que consiga menguarlo para el ofendido.
  8. La codicia es una pasión que parece imposible de desafiar. La crueldad se impone sin obstáculos por todas partes. La mezquindad es poco menos que una ley universal. A pesar de todo nos queda un mínimo consuelo que permite seguir viviendo: cada una de ellas, tarde o temprano se autodevora.
  9. Pensar de nuevo las humillaciones del pasado, amenaza con dejarnos inmovilizados, ciegos, sordos y mudos, pero no parece haber otra manera de escapar del pantano, que abandonarse a él primero.
  10. Hay gente que traiciona como quien respira. Confiar que recapitulen y se corrijan o compensen a sus víctimas, es como pedirles que renuncien a una función básica de su vida.
  11. cartamarina4El amor se instala en un momento, la amistad tarda una vida en consolidarse, pero la traición puede destruir a ambos de una estocada.
  12. Hay quienes nacen para destruir todo lo que tocan, como si hubieran sido enviados al mundo por unos dioses vengativos, con la misión de impedir que se torne menos inhóspito gracias a la buena voluntad humana.
  13. Los crueles son innumerables, como los tontos. Solo la cobardía les impide manifestarse en su abrumadora proliferación. Eso demuestra que dos cualidades deleznables pueden combinarse a la perfección, en un producto que termina por asemejarlos al común de la gente.
  14. Mira a quién homenajean y te diré de qué se burlan.
  15. Los estériles son dados al homenaje tardío. Confían que van a brillar por un momento (del que guardarán testimonio más durable), gracias al resplandor de alguien más, que no se encuentra en condiciones de comparecer para disputarles la escena, a pesar de la ostentosa convocatoria que ellos intentan capitalizar.
  16. Si el dolor ajeno se nos contagiara tan fácil como la risa, la solidaridad sería un gesto involuntario.
  17. Que yo sufra no impide que a otros también les ocurra. El dolor es una de las pocas cosas que parece hallarse distribuida equitativamente en este mundo.
  18. Debo considerarme afortunado. No me estorban la nostalgia, ni el rencor, ni la culpa, ni el dolor que alguna vez me sofocaron hasta convencerme de que durarían hasta el fin de los tiempos. No necesito pensarlo demasiado para convencerme de que ya no soy el que sufrió, ni tampoco el que fue feliz. Una distancia capaz de restaurar las proporciones correctas, logró imponerse entre ése que no podía respirar y éste que lo recuerda con alivio.
  19. No agradezcas a tus enemigos la oportunidad que te dieron de salir con vida y escapar de la rutina, después de que te quitaron todo. Si ellos averiguaron que aparte del daño que pretendían causar, también te suministraron nuevo impulso, adoptarían la estrategia de presentarse como tus amigos más fieles, ofreciéndote su incondicional protección hasta que lograran anularte.
  20. Resignarse a la modesta felicidad posible, llega a convertirse en una hazaña, cuando lo habitual es que nadie se conforme con algo menos que el absoluto.
  21. Para el mezquino es difícil imaginar una ofensa peor que generosidad ajena, porque desarma su prolijo sistema de complicidades y retaliaciones. ¿Cómo tolerar que alguien regale simplemente, que no contraiga deudas ni las reconozca en otros? Eso, más que una ofensa es un mal ejemplo, que debe ser desarticulado antes de que se contagie y despoje de su poder a quien lo usurpa.
  22. Aprender a callarse no vuelve más feliz a nadie, pero al menos le asegura eludir gran parte de los conflictos que debería empeñarse en resolver.
  23. Decidirse a hablar suele traer problemas, aunque solo sea en el caso de que uno tengo algo que decir. El riesgo que afrontan aquellos que hablan sin decir nada, es mínimo.
  24. Puede que me impaciente con la torpeza humana (comenzando por la que reconozco en mí), pero no acepto la mezquindad. Eso no tiene disculpas.
  25. No hay mejor bálsamo para los desdichados, que centrarse en alguna tarea, capaz de crear una isla de sentido en medio del caos.
  26. Cuando estoy cansado, todo me pesa más de lo tolerable, desde el Big Bang hasta la necesidad de cepillar cada rincón de las encías. Mi mayor consuelo es pensar que después de unas horas de descanso, todo vuelve a la normalidad (y el instante de lucidez queda archivado).
  27. No me vanaglorio de mis metidas de pata, pero tampoco me avergüenzo de apartarme antes de que otros me obliguen.

Una respuesta a Diario de Bitácora

  1. Hernán Rubin dice:

    Gracias, camarada oscar, por tu botella llegada a mi playa, llena de ti, en reflexiones e imágenes, a la par de maravillosas.
    Te envío mi abrazo de ¡Feliz Año Nuevo!, y mis deseos por tu buena salud, en paz y prosperidad.

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